Oportunidad histórica la que vivimos el puñado de privilegiados asistentes al concierto, con motivo de la grabación de un programa especial de una cadena de radio y televisión. El concierto no sólo sirvió para presentar las canciones que presumiblemente irán en su esperado próximo disco, sino también los dos temas inéditos, “Bad Day” y “Anibal”, incluidos en “In Time”, disco recopilatorio de sus mejores canciones que mantendrá viva la espera de su nuevo álbum prevista para el año que viene. El show sorprendió a los más escépticos por varios motivos. En primer lugar porque no se trató del típico showcase de cincuenta minutos en los que tan solo suenan las nuevas canciones que se desean presentar en sociedad. Al contrario, el set se alargó hasta casi la hora y media de duración y entre las inéditas fueron cayendo clásicos de su extensa carrera, como “World Leader Pretend”, “Drive”, “Daysleeper”, “Man On The Moon” o “Losing My Religion” aunque tan sólo sonó “Life And How To Live It” de la etapa anterior a “Green” (1988) canción que tuvieron que retomar tras un error de Peter Buck. Por otro lado, el show sirvió para constatar la gran forma de la banda pero muy especialmente de Michel Stipe quien, con un registro vocal muy sólido y unas tablas que utilizó con maestría, se metió a todo el público en el bolsillo con sus comentarios entre tema y tema y sus bromas ante el lanzamiento de prendas intimas sobre el escenario. El cantante prometió además, la visita a nuestro país durante su próxima gira, hecho que fue largamente aplaudido por sus seguidores, conscientes de lo poco habitual de sus visitas. En cuanto al resto de la banda se les notó disfrutar sobre el escenario, intercambiándose en todo momento los instrumentos durante el show. Destacar por un lado la imprescindible labor de Mike Mills al bajo, teclado y coros y la compenetración total de Ken Stringfellow de los Posies a los teclados pero también al bajo y de un simpático Scott McCaughey (The Young Fresh Fellows, Minus 5) a la guitarra rítmica y teclados, quién ataviado con un enorme sombrero de vaquero y unas gafas de sol, le daba el toque yanqui y de color al combo. Un concierto único que nos dejó flotando y con un fantástico sabor de boca.