Por si queda alguna duda y alguien anda despistado, Nuevo Catecismo Católico (foto inferior y encabezado) no han perdido el mojo. Lo primero que dijo Gonzalo Ibáñez nada más salir fue que se habían vuelto más gordos y más viejos y hasta más calvos. Bastaba con echar un vistazo a los hermanos Ibáñez para comprobar que aquello no era verdad. Estaban hechos un pincel: Arturo iba vestido de impoluto cuero negro, delgado y recordando un poco a Lux Interior. Gonzalo, por su parte, apareció como lo que es, un punk-rock star, con botas altas y una americana roja. El reloj marcaba las 23:30 horas. El icónico logo de la calavera en espiral se imponía detrás de la batería. Intxaurrondo era una olla a presión, un hervidero de emoción que estaba dispuesto a arder por los cuatro costados para celebrar el 25 aniversario de la banda. Sin duda, uno de los acontecimientos rockeros del año en Donostia que formará parte de un documental. Las entradas se habían agotado con semanas de antelación.

No es para menos. Si el rock and roll es un terremoto, NCC siguen siendo el epicentro del sismo. Los que no pudimos ver al grupo bandera de Buenavista en los años 90, podremos dar fe del temblor que dejaron una fresca noche de otoño de 2017. Fueron a piñón desde el minuto uno (“Prefiero estar en el suelo”, “En llamas” e “Incontrolable” sonaron del tirón), Gonzalo no tardó en rebozarse entre el público, Arturo dio un recital sin salir de su enjambre de Marshalls y la gente -en su mayoría fans de toda la vida, otros músicos y amigos- se vino arriba durante los 70 minutos que duró el concierto. Como si fuera la última noche de sus vidas. O como si fuera la primera. Si esta es la generación perdida de la que habla la canción, queremos que se fabriquen más generaciones así.

La fiesta punk-rock fue total, el sonido demoledor. La aparición en el tramo final de su anterior vocalista, Eneko Etxeandia -ahora guitarrista de Lie Detectors- (foto superior), reseteo el show y, de paso, desafió el paso del tiempo: “Noise!!, Noise!!” emana el mismo aire fresco que cuando salió hace 10 años. “Fue un éxito en Tailandia, creo que vendimos 500 copias”, dijo Gonzalo en broma antes de ponerse a tocar el bajo. Eneko se puso al mando y parecía que habíamos retrocedido a la segunda etapa del grupo. El concierto tuvo un inevitable sabor nostálgico, sí. Pero el músculo que sacan en la actualidad Nuevo Catecismo Católico no tiene nada que ver con un pasado esplendoroso. Si triunfan no es tanto por lo que fueron, sino por lo que siguen siendo. Lo suyo es el aquí y el ahora, excavar bajo tierra y generar un subidón de adrenalina.

Para celebrar una fiesta de cumpleaños, nada mejor que rodearse de tus viejos y nuevos amigos. La actuación de Señor No fue un visto y no visto, 40 minutos al mando de una bestia parda. Quizás le faltó afinar el sonido un poco más y subir la voz, pero se abrieron paso como caballos desbocados sin jinetes. Y ya que estamos, recojo el guante que lanzaba Álex López-Allende (Kokoshca) en Facebook: igual el próximo paso de Xabi Señor No sería una reconversión a la donostiarra como la que tuvo Johnny Cash de la mano de Rick Rubin. No es mala idea.

Por último, Lie Detectors (foto inferior) dieron la sorpresa de la noche con la incorporación del compositor y músico Álvaro Turrión al teclado. Ojalá se convierta en miembro fijo: colorea los temas más abiertamente garajeros (“Cymbalta”, “Felicidad”) y tiene toda la pinta de que puede abrigar estupendamente la música del cuarteto guipuzcoano. Viéndole tocar, parecía un Detector más. Casi tres años después de su debut la maquinaria está tan engrasada que hasta los temas destinados a caras B, como la dedicada a la teniente Uhura, son potenciales hits. Ya va siendo hora de juntar temas y sacar un LP. Harían felices a mucha gente.