Consolidación. Sin duda, ese era el objetivo del festival para esta segunda edición y creo que pocos podrán poner en duda que lo ha conseguido. Para quien esto suscribe, al menos, Mugako es desde ya un referente de la música electrónica en el estado. Evidentemente no puede llegar al nivel de amplitud de oferta y de medios de un Sónar, pero poco tiene que envidiarle en cuanto a organización y calidad de la selección de artistas. De hecho, su aforo limitado y holgadamente adaptado al tamaño del Museo Artium, le permiten ofrecer una cercanía a los artistas y un ambiente de relajado disfrute que para sí quisiera el mastodonte barcelonés.

El techno es el hilo vertebrador del festival. En muchas variantes y con un tono tirando a oscuro y minimalista, es el denominador común de buena parte de las actuaciones. Pero al mismo tiempo, aquellas propuestas que con mayor fidelidad se ciñen a los esquemas básicos del género, pese al agradable impacto inicial y a provocar una respuesta más inmediata y caliente del público, son las que terminan dejando un menor poso en nuestra memoria. Y sin embargo, aquellas que nos hicieron sentirnos ligeramente incómodos y confundidos por momentos, son las que, pasadas algunas horas, recordamos con mayor intensidad y excitan nuestra curiosidad por indagar en la obra de sus autores. Esa es la esencia de Mugako, la de crear una atmosfera familiar y acogedora en la que pillarnos desprevenidos y predispuestos a abrir las orejas y los sentidos a nuevos, extraños y excitantes sonidos. Y es ahí, donde, sinceramente, considero que triunfa y se eleva por encima de la papilla insípida que ofrece la “vistosa” mayoría.

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El grueso de la programación se concentró en el Sábado 22, pero el Viernes 21 no faltaron argumentos para apoyar este punto de vista, a pesar de la estampida de última hora de Alexey Volkov (se habló de un posible ataque de pánico de última hora, pero no están claras las razones). Los sets de Zenker Brothers en Artium y Jonas Kopp (última foto inferior) en Kubik fueron quizá los más ortodoxos y los que menos sorpresas ofrecieron, aunque es innegable que resultaron plenamente disfrutables. La miga estuvo sin duda en Pedr Mannerfelt (foto encabezado), de quien ya se esperaba mucho a decir verdad, y la agradable sorpresa de Arkanoid (foto inferior). El primero, ataviado con una imposible peluca de “¿noodles de plástico?” que le daban un aire entre la performance dada y la broma pesadita, nos mareó con un collage conceptual de ritmos quebrados y melodías en zigzag y un acompañamiento visual ultra coloreado y deslumbrante y nos dejó agotados, sin acertar a dar con la tecla que pudiera definir lo que acabábamos de vivir. Al igual que sus discos, Pedr exige tiempo y dedicación para extraerle el jugo, y hoy, 48 horas después, su set sigue creciendo en mi mente a medida que lo descifro y voy adaptando mi visión, para terminar convirtiéndose en uno de los momentos álgidos del Festival. Arkanoid, por su parte, reivindicó con fuerza su carácter pionero y su inmensa sabiduría para dejarnos boquiabiertos con una lección de electro celestial, nivel maestro. A descubrir, absolutamente.

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Como decía, el Sábado 22 fue el día grande y una verdadera fiesta para cualquier amante de la electrónica sin fronteras y sin concesiones. Una maratoniana celebración que se inició a mediodía en el patio de Artium y se alargó hasta prácticamente la mañana siguiente con la sesión final de Versions en la sala Kubik. Casi 20 horas de actividad musical incesante y de tal intensidad, que convertía el patio exterior de Artium en concurrida y necesaria parada donde poder tomar el aire y relajar mente y oídos de vez en cuando. Ratos que uno aprovechaba para ordenar y asimilar ideas y sensaciones y al mismo tiempo, preparar el cuerpo para una nueva inmersión sonora.

De cualquier modo, no todo fue brutalidad rítmica y profundidad de bajos en las actuaciones. Esto es Mugako y aquí siempre hay espacio para la sorpresa y el desvío paralelo e inesperado. Ahí es donde se ubica la deliciosa actuación con la que nos obsequiaron Sound Tales, con una estimulante exploración de las fricciones entre las texturas electrónicas de DJ Kubo y la tímbrica y tacto de los timbales que tuvo momentos de auténtica magia sonora. Del mismo modo, la presencia de Suso Saiz y la charla que protagonizó en torno a su inmensa obra, coronada por una pequeña improvisación de tono ambient, resultó realmente reveladora y muy entretenida para los escasos pero interesadísimos presentes. El pionero músico dejó historias, ideas y detalles en el aire que alteran nuestra percepción del sonido y, por extensión, de la vida, y resonarán en nosotros durante mucho tiempo. El extraordinario set de alquimista de Josechu Soldier, con un uso de cassettes perfectamente integrado (y alejado de poses estúpidas) en su discurso rugoso y casi esotérico, cabe también en esta categoría de benditas anomalías.

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Pero, sí, lo cierto es que la vía principal estuvo inundada de decibelios y graves de alto octanaje, una verdadera bacanal que disfrutamos plenamente, para qué negarlo. Ahí estuvieron las sesiones de J.C., Convextion y especialmente, Efdemin, para corroborarlo y dibujar un crescendo que, si bien no aportó excesivas sorpresas o descubrimientos, resultó realmente infeccioso con su irresistible pulsión de techno elegante y diáfano. No tardó en llegar el tremendo sopapo que nos devolvería al suelo de la sala. Broken English Club (foto superior) dio el primer aviso con su set previo a Efdemin, y Kerridge confirmó inmediatamente después que tocaba ya aguantar la tormenta y acabar restregándose en el barro de puro placer. Sin atisbo de duda, los considero los mejores momentos del Festival y en el caso de Samuel Kerridge (foto inferior), una de las actuaciones más impactantes que he visto en mucho tiempo sobre un escenario, sobre cualquier escenario. Empezando por Broken English Club –aka Oliver Ho-, los primeros veinte minutos de su actuación me parecieron antológicos. Micrófono en mano y apoyado en una base rítmica áspera y lacerante, que me remitía a unos Factory Floor, a Chris&Cosey e incluso a parámetros no exclusivamente electrónicos como unos PIL, tejió un denso y oscuro tapiz que nos cubrió de extraña y sórdida nostalgia, locura, vicio, obsesión y lujuriosa fascinación. Tras ese arrebatador inicio, hubo un remanso de tregua más sosegada y quizá menos excitante, y aunque acabo remontando con otra explosión de puro veneno, la verdad es que casi resultó innecesario, el mal ya estaba hecho, y llevábamos un buen rato absolutamente rendidos.

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Lo de Kerridge ya no tuvo un segundo de tregua. Tiró también de micro para empujarnos al paroxismo con sus arengas ultra distorsionadas y se atrevió incluso a añadir el feedback de una guitarra eléctrica que zarandeó, y desafinó a conciencia sin tocar en ningún momento las cuerdas de manera “ortodoxa”. Todo ello en pos de crear ante nuestros atónitos ojos y oídos un todo, una auténtica bestia sonora, primitiva, tribal, hipnótica y fascinante. Diluyendo las finísimas fronteras entre electrónica ruidosa, trash metal o hardcore punk, y acompañado por un juego de luces/sombras de un blanco/negro espartano y terriblemente efectivo, sin coartadas industriales ni manidas imágenes supuestamente provocadoras, la visceralidad de su discurso se basta y se sobra para dejar claro el mensaje. Esta música se vive, se come, se respira y se siente con todo el cuerpo. Ese es el espíritu, y cuando un artista alcanza esta voz propia y la domina de esta manera, sobran las palabras, los juicios y los análisis “sesudos”.

Ancient Methods remató la jornada en Artium con dos horas de impecable grima techno, que tras el shock de Kerridge, solo podía funcionar ya como un más que digno epílogo a un día para enmarcar. La fiesta siguió en Kubik durante la madrugada, pero debo admitir que a mí ya no me daba el cuerpo para tanto meneo. Así debe ser también un festival, cada uno lo vive y disfruta a su manera.

Esperamos que Mugako siga creciendo en próximas ediciones pero sin que sus responsables se obsesionen por los números –Artium ofrece un espacio único y difícilmente mejorable pero tiene sus limitaciones físicas-, de forma que siga ampliando su oferta, dejando la puerta abierta a nuevas sorpresas que desafíen a la ortodoxia techno al mismo tiempo que no pierde esa esencia de baile y de club. Todo un reto, para el que han demostrado ya estar sobradamente preparados.

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