Expectación para ver de cerca al cofundador de Nick Cave & The Bad Seeds. Con la sombra aún vívida del reciente paso de su jefe por Málaga, el también motor en su día de The Boys Next Door y Birthday Party presentaba su segundo disco con temas propios, “Two Of Diamonds”, con el que abrió la velada, no sin antes afinar uno por uno los instrumentos en una escena propia de un club de Nueva Orleans. Con camisa y pantalón de traje negro y perfectamente peinado, como siempre, Mick Harvey venía arropado por unos no menos elegantes Thomas Wydler a la batería y James Johnston al órgano y la guitarra, dos malas semillas a las que se unió una efectiva Rosie Westbrook al contrabajo. Juntos corroboraron el peso de todas y cada una de las piezas en el sonido de su banda madre. Así lo demostraron los profundos graves de la sinuosa “I Don’t Want You On My Mind”, a la que prosiguieron “Sad Dark Eyes”, “Louise” y algunas piezas de su magnífico debut en solitario, “One Man’s Treasure”, como “Hank Williams Said It Best” o “Come Into My Sleep”. El sonido sufrió algunos altibajos –imperfecciones, si prefieren-, desluciendo ligeramente el portentoso savoir faire de unos músicos asombrosos. A pesar de ello, la formación se mostró a la altura, con un Johnston magistral a las teclas, una sección rítmica apelando directamente a las entrañas y un Harvey inspirado al micrófono. Serio y divertido al mismo tiempo, el compositor y multiinstrumentista tuvo tiempo de pedir silencio a los fotógrafos, mezclar idiomas y bromear sobre sus dificultades para recordar las letras. Ya en el tramo final despacharon “Photograph”, “Planetarium” y esa auténtica inyección de endorfinas llamada “Come On Spring”, reservándose para los bises una de sus numerosas y acertadas versiones de Serge Gainsbourg, “Intoxicated Man”, y una contagiosa “Out Of Time Man”. Impecables.