Complicada ha sido la experiencia de Limp Bizkit con nuestros escenarios. Ayer, la cancelación de su esperado show en Festimad; hoy, un alarmante desinterés por gran parte del público que entonces hubiese dado la vida por ellos. El motivo, el descalabro que ha supuesto, en lo creativo, “Results May Vary” (del que sonaron varias piezas, desde “Gimme The Mic” hasta “Eat You Alive”), aunque podría añadirse el elevado precio de las entradas para un público que apenas alcanza la veintena o, si me apuran, la mala imagen pública de Fred Durst (¿se han enterado de la que le lió a la edición española de Rocksound?). De ahí que la afluencia de público a sus dos conciertos en nuestro país no fuese la esperada, menos aún durante la presentación del segundo y muy esperanzador disco de los catalanes Hedtrip, que ejercieron de teloneros en la medida de las posibilidades. A pesar de todo, Limp Bizkit tomaron el escenario con ganas de arrollar y dejar las cosas claras. Lo consiguieron, que duda cabe, por lo menos durante los primeros treinta minutos de actuación, con “My Generation”, “Take A Look Around”… Hasta entonces Durst y los suyos sonaron contundentes, los riffs primitivos pero efectivos del exSnot Mike Smith marcaron la pauta y el vocalista se manejó con plenas garantías en esos rapeados a los que ya pocos acuden y le sacó mucho partido a sus dos guardaespaldas samoanos (es un decir), utilizándoles como soporte en sus descargas de ira frente a las primeras filas. Pero sobrevino el declive. Llegó cuando Dj Lethal presidió el escenario como único apoyo de Durst, cuando éste juzgó oportuno convertir el “Behind Blue Eyes” de The Who en un desangelado karaoke, cuando quedó en evidencia que a Limp Bizkit se les escapaba el ritmo de la actuación, algo que una banda de sus dimensiones no puede permitirse. Cierto que recuperaron la fuerza por momentos (la primera despedida con “Nookie” y su relectura del “Faith” de George Michael, el “You Know You´re Right” de Nirvana, ese “Hot Dog” final), pero la suerte estaba echada. Si a eso le sumamos momentos tan torpes como el jugueteo con los fans, el de Durst intentando colar por guitarrista, esa innecesaria apertura de luces, entenderán ustedes los motivos por los que, posiblemente y pongo la mano en el fuego, la relación del grupo con nuestro país pueda ir aún a menos.