La Pegatina ha hecho más en una noche en Sydney por los expatriados, que una docena de programas de “Españoles por el mundo”. Al terminar el concierto, Adrià, cantante del grupo, se preguntaba qué había pasado para que todo el mundo estuviera así de entregado. Los pogos, los bailes y los saltos fueron la constante que marcó las casi dos horas de concierto de los catalanes. No hubo tregua, ni respiro. Las camisetas empapadas se enganchaban a los cuerpos y el calor emanaba de la pista de Metro Teathre como si de una verbena en agosto se tratara. Quizá esa era la respuesta que buscaba Adrià.

La Pegatina abrieron el concierto de Sydney como parte de su world tour con “Sueños de sirena” de su debut “Al Carrer!”. Eran casi las once de la noche, algo inaudito para los timings australianos; augurio de lo que nos esperaba. Tras presentaciones en inglés y castellano, encendieron al público con sus ritmos rumberos, con un ska libertino, mezclado con versiones como “Quizás quizás quizás”, “Que te den” de Amparanoia, un más que apropiado “Thunderstruck” de AC/DC con acordeón o “What you know” de Two Door Cinema Club. Hubo algún momento de sosiego, para recuperar aliento mientras Rubén pedía al público que sacaran los móviles “como los mecheros de antes” para iluminar la sala al son de “Y se fue”, de su quinto disco “Revulsiu”. “Llovera y yo veré”, “¡Qué bonito es el amor” fusionada con la famosa “Sweat (a la la la long)” de Inner Circle o “Muérdeme” gastaron las gargantas de un público ya pasado de vueltas. Aquello parecía más bien la celebración de una final de la Champions. Y entre gritos cuasi de hooligans sedientos, llegó la esperada “Mari Carmen”.

Entre el público había de todo: estudiantes, treintañeros que en su día iban al Mundo Caníbal, boixos nois, pijos, algún que otro punki, rockeros y gente que no suele ir a conciertos. Pero para casi todos, La Pegatina encarnó buena parte de lo que se echa de menos en esta otra parte del mundo: algo de (sano) descontrol. Saltar en un pogo fight sin que te echen del local, subirte a hombros de tu amigo para alzar una bandera, dejar mensajes de voz en Whatsapp a tu grupo de amigos para decirles que les echas de menos, bailar pasada la medianoche y que no sea con un dj. Quizá por ello fans y no-fans compartieron la pista del Metro Theatre codo a codo, sudando al mismo tiempo y sintiéndose un poco más cerca de todo lo que se tiene lejos.