Difícil tarea a priori la de recrear la sinuosidad gélida de la valquiria Nico (Christa Päffgen, Colonia 1938- Ibiza 1988) musa de Warhol y su Factory, que pasaría a la historia de la música popular principalmente por el empeño de su mecenas de ponerle al frente de un grupo experimental, The Velvet Underground, que en aquel lejano 1967 trataba de poner en órbita. De la colaboración parcialmente forzosa o parcialmente gozosa, depende de la versión que escojamos, nacería la obra seminal The Velvet Underground & Nico. Y aunque a priori era su recreación lo que creíamos que presenciaríamos, la noche deparó sorpresas y una aproximación más arriesgada.

Abrió la donostiarra con canciones de su propio debut, el onírico Dreaming of Earthly things, secundada por una exquisita banda formada por el estajanovista Joseba Irazoki a las guitarras, Fernando “Lutxo” Neira al bajo que ejecutó su parte mayormente sentado y Karlos Aranzegi a la batería y percusión junto a la propia Elena Setién a la voz, teclados y violín.

Se explayó la cantante en esta primera parte explicándonos las historias que se esconden detrás de sus canciones intimistas, queriendo que más allá del preciosismo musical entendiéramos su sentido. Con voz profunda y teclados tejió atmosferas sobre las que sobrevolaban los sutiles arreglos de guitarras de Irazoki y la suave base rítmica donde destacó la labor de Aranzegi en elementos percusivos propios de una aproximación jazzística al instrumento.

Así ejecutaron “Dream and Nightmare” balada after hours con aromas del primer Waits. “I Forget About You” donde las escobillas del batería llegaron hasta las ramas decorativas, colocadas para dar calidad al escenario, golpeándolas como un elemento percusivo más. Nos sorprendieron musicalmente “Rosildo” en clave de saltarín country blues con aroma de los años 70, con Elena recreando sonidos de sierra en los estribillos. Y “Dreaming of Earthly Things” balada etérea gracias a sus arreglos de guitarra, la profundidad de la percusión ejecutada con mazas y la utilización del xilófono. Cerró con “Foreigner Like Me” con aires trotones para las reflexiones de la autora sobre inmigrantes en lugares lejanos con el elemento religioso de fondo.

Tras un breve parón llegamos a la segunda parte del concierto donde la donostiarra como decíamos prefirió arriesgar y decidió que su paso por el consolidado ciclo Izar & Star no versaría solamente sobre la magna obra de V.U. sino también sobre la obra en solitario de la alemana con paradas en Chelsea Girl y The Dessertshore.

Abrieron con “Femme Fatale” que sonó  suave y contenida con guitarra reverberada y atmosférica que inmediatamente nos evocó a los surcos gastados de nuestro viejo vinilo. Continuaron con “Wrap Your Troubles in Dreams” tema que escribió Reed para Nico en Chelsea Girl, de nuevo tema ambiental gracias a la percusion jazzy, las guitarras hipnóticas y cierto aire gélido en el recitado de la líder de los extensos textos de Lou desde su cuaderno abierto sobre el teclado.

“The Fairest of the Season“ fue ejecutada melosa, arpegiada y con aires melancólicos a la manera de su co autor Jackson Browne a quien Nico versionó profusamente.

El momento más intenso de la noche llegaría con la recreación de “Venus in Furs” del clásico álbum de la Velvet. Los desasosegantes pasajes de Reed con temática sado fueron recreados in crescendo con la líder atacando el violín hasta el extremo de su mástil. Logrando recrear la tensión de esta oscura canción al ritmo de percusión y guitarras alcanzando el climax en conjunto y consiguiendo subir la intensidad del bolo que había transitado hasta entonces minimalista y sosegado.

El siguiente tema “Janitor of Lunacy” del álbum The Desserthole fue interpretado por Setién sola al teclado con voz entregada, recreando los lamentos de Nico sobre estructuras folk en el original, transformadas aquí mediante teclados mas jazzísticos. Desestructurada y reverberada sonó la legendaria “Sunday Morning”, ambiental con el uso de efectos de voz y más veloz que el original. El cierre con otra joya, en este caso del repertorio en solitario de Reed, se haría de la mano de “Perfect Day” que captó al espíritu original con la guitarra con tremolo de Irazoki y la batería marcando los crescendos y bajadas mientras Elena atacaba los arreglos al teclado que tocaba ya de pie.

Aunque la velada se saldó con éxito por la interpretación de Setién y su banda nos faltó algo, que aunque en términos interpretativos o musicales no haga la obra de una calidad superior a otra, si le confiere de una personalidad única e irrepetible. Nos referimos a ese aura de misterio, distancia y frialdad que emanaba de la voz y la presencia física y escénica de la modelo, actriz y cantante alemana y que cautivó a no pocos iconos de su tiempo. Pero esto obviamente es algo innato al artista que no puede ser reproducido. Nos quedamos pues con el riesgo y la interpretación que nos brindaron Elena Setién y su banda en una intimista velada.