Finaliza el segundo tema del concierto de Joana Serrat y alguien del público eleva una queja: “No suena bien y es una lástima porque sois muy buenos”. Al sujeto en cuestión se le suman otras voces discordantes y a mi solo me resta alucinar. El sonido es impecable, quizás un poco alto para orejas sensibles más acostumbradas a lo acústico, pero impecable al fin y al cabo. Cierto estupor se adueña de la sala, pero Joana Serrat demuestra tener unas tablas envidiables y un gran sentido de la ironía para salir airosa y con humor del envite, borrando de un plumazo esa aparente aura de fragilidad que le rodea.

Analizo lo sucedido y la única explicación posible es que la sobredosis de escuchas de los discos de Wilco que parece llevar sobre sus hombros su guitarra Bernat Sánchez -antes en los tristemente desaparecidos Mine!- haya sido el resultado de semejante chaladura. Y hablo de Wilco por esa fijación que tiene Jeff Tweedy de rodearse de luminarias como Jim o’Rourke que le den cierto toque sucio, desgarrador o Kraut a sus composiciones, o al menos a las composiciones de su mejor época. Algo de eso hay en los efectos de pedalera de Bernat Sánchez, que es lo único que puede haber provocado esa queja por el sonido. Seguro que de haberse fijado en escuderos menos estridentes como Ethan Jones, los acordes de su guitarra irían más a favor de la confortabilidad que provoca la preciosa y evocadora voz de Joana Serrat. Puro bálsamo para cualquier oído delicado. Algo parecido sucede con la excelente pedal-steel de Miguel Pérez Kersley, cuya sobreexposición en todos los temas, le resta cierta capacidad de impacto. Quizás deberían limitar su participación a los temas más vaqueros como “So Clear” (hecha a faltar uno el banjo) y a los evocadores como “Summer On The Beach”, pero no participar en todos. Lo trivializa.

Pese a todo el concierto demostró una vez más el talento de la autora catalana tanto a la hora de componer como de defender en directo su propio material. No es casualidad que volara más alto cuando se enfrentó sola con la acústica a su cancionero. Solo cabe pedirle un poco más de riesgo a la hora de estirar los temas, creando un hilo conductor más unitario y mágico, que saquen todo el potencial que su último disco esconde. Eso es algo que todavía no ha logrado la catalana y para lo que posiblemente hacen falta mucho más ensayos.