Tras una temprana y correcta actuación de Mobius Band, una suerte de The Notwist más The Postal Service electrificados, Editors visitaban nuestro país por tercera vez en apenas ocho meses. Ningún impedimento para que los británicos llenaran la sala grande de Razzmatazz, en una progresión de aforo y popularidad que, salvando las distancias, recuerda a la experimentada por Coldplay hará unos cuatro o cinco años, pero una progresión similar, al fin y al cabo, de la que se pueden extraer otros paralelismos más sustanciales: la épica y contundencia crecientes de ambas bandas, con rasgos cada vez más cercanos a U2; y el histrionismo/gestos de rebeldía ascendentes –aunque siempre políticamente correctos- de Chris Martin y Tom Smith. El líder de los de Birmingham empezó a los teclados en “The Weight Of The World”, correteó por el escenario guitarra al cuello en “An End Has a Start”, gesticuló, se contorneo encima del piano y hasta gritó desorbitado en la catártica “Fingers In The Factories”, uno de los pocos momentos que justificó tal actitud. Una conducta al borde de lo irritante pero que suele funcionar, como efectivamente hizo, como agitadora de audiencias. En lo estrictamente musical, Editors evidenciaron su rodaje y solvencia como banda de directo, sonando contundentes y engrasados, aunque el repertorio dejó entrever cierta reiteración en las formas. Aún así, y al margen de una anecdótica y plana versión del “Lullaby” de The Cure, la banda demostró que tiene un buen puñado de hits que, por ahora, le permiten salvar bastante bien la papeleta: desde “Munich” o el pulso marcial de “Blood” hasta “The Racing Rats” o la final “Smokers Outside The Hospital Doors”. De todas formas, y puestos a elegir unos herederos del sonido de Joy Division, uno sigue prefiriendo a los neoyorquinos Interpol.