La escena vallisoletana es una de las más inquietas y estimulantes del hip hop underground actual. En ella se encuentran buenos exploradores de territorios que escapan de encasillamientos y convencionalismos, y que apuestan por un rap lleno de letras personales, experimentación en las bases y conciencia política. El sello Galleta Records acoge en su seno a algunos de estos artistas, y fue el encargado de montar en Santander una velada con varios de los mejores exponentes de esa escena.

En primer lugar salió Miguel Grimaldo, un MC que escupe con rabia letras confesionales sobre una vida al filo del abismo, que esquiva como puede los golpes que lanza una realidad dura e ingrata. Y lo hace respaldado por las bases de Niño, creador de ambientes enigmáticos y de extraordinaria complejidad, contruidos a partir de jazz etéreo, dub y electrónica, y que resultan terriblemente precisos a la hora de remarcar la intensidad de las letras.

Miguel Grimaldo forma parte del colectivo Urano Players, en el que también participa el segundo nombre de la noche. Edu Omega se saltó el guion previsto, y no interpretó ningún tema de su reciente Evolución mecánica (2016), sino que se lanzó a presentar temas inéditos. Así, se marcó un concierto esencialmente instrumental, de un hip hop abstracto dotado de una densidad de niveles cósmicos, en el que solo ocasionalmente empuñó el micrófono para lanzar unos versos tan crípticos (y tan alucinantes) como su propia música.

Y los encargados de cerrar la velada fueron Diploide, el grupo que más popularidad ha alcanzado fuera del ámbito local pucelano. Y lo han logrado, entre muchos motivos, por tener al frente a Garbanzo, uno de los MCs más atípicos y espectaculares de la actualidad. Comenzó el concierto bromeando: “tengo un botellín de agua y otro de cerveza. Si veis que bebo más cerveza que agua es que me lo estoy pasando bien”. El caso es que empezó con agua… y es que la leve afonía que arrastraba estuvo amenazando con ponerle en aprietos.

Pero a medida que avanzaron los minutos el concierto se fue calentando. Y, sin duda, parte de la culpa la tuvo Niño, que aquí se mostró con un registro bastante más sexy que la gravedad de las bases que mostró junto a Grimaldo. En Diploide lo que busca es que el personal goce y menee el buyate a base de funk electrónico y mucho talkbox.

Y por encima las letras de Garbanzo, un MC con un flow imposible, que se encarga de destruir tópicos a base de cantar himnos a la pereza, al aburrimiento o a la filosofía de pincho y caña, lanzar soflamas contra la precariedad y la explotación laboral, o transformar el Romance del Duero del poeta Gerardo Diego en un himno funk. Imposible no dejarse arrastrar por un directo tan juguetón como el de esta pareja. Por cierto, también ellos parecían disfrutar a tope: al terminar el concierto Garbanzo ya había vuelto a la cerveza.

Galleta

Miguel Grimaldo

Galleta

Garbanzo


Galleta

Niño