Childrain están a dos pasos de convertirse en algo realmente grande. Cualquiera puede verlo claro, a poco que observe la evolución que la banda ha mantenido durante los últimos años. Conciertos cada vez más importantes, situación  dominante en cada festi que van visitando y la clara sensación de que su techo aun está muy lejos de ser alcanzado. El de Vitoria el pasado sábado, sin embargo, resulto un importante punto de inflexión para su ascendente carrera. Una demostración de poderío en su propia casa, que necesitaban pegarse para poder tomar impulso hasta el siguiente capítulo de la historia.

No cabe duda de que “Matheria” ha resultado un trabajo vital para los de Vitoria, el redondo que les ha confirmado como una firma realidad de la escena metalera estatal, y les ha hecho sobresalir entre la marabunta de formaciones que practican Death Melodico, con mayor o menor fortuna. Su estilo perfectamente producido, con notables influencias del Punk Melódico y gancho por un tubo, congrega seguidores con aparente facilidad. Seguidores que ya están aguardando el nuevo trabajo del combo, que aparecerá este mismo año.

Por ese mismo motivo -el cambio de era que supondrá la continuación de Matheria- la fecha del sábado pasado sería importante para los vitorianos. Jugaban en casa, ante su gente y con todas las ganas posibles, para lograr sentirse como profetas en su propia tierra.  La triunfal velada la arrancarían los también locales IONT, quienes desplegarían un poderoso set de cortes alternando el euskera y el inglés, con un cantante que sobresaldría sobre el resto. Su propuesta me recordó bastante a la que podrían andar facturando hoy mismo unos Mastodon o unos Red Fang. Servirían de perfecto aperitivo para lo que estaba aún por caer.

Mucho más desconcertante resultaría en un principio la inclusión de los también locales Nukore, una formación de Rap Metal que pilló a contrapié a quienes no les conocían, pero acabo convenciendo a casi todos los que llenábamos la Jimmy Jazz. Demostraron una enorme solidez dentro de su particular estilo.

Tras el tiempo de espera de rigor, se destaparía el escenario que Childrain habían dispuesto para dejar con el culo torcido a sus conciudadanos. Leds, dos cañones escupiendo fuego en medio del escenario y todas las luces que la sala tenía alojadas. La banda no repararía en gastos, para hacer que aquella fuera la actuación, más espectacular que habían llevado a cabo hasta la fecha. Comenzarían enseñando el diente con “The Wolf” uno de sus temas favoritos para arrancar, con su monumental break central dejándonos claro hasta donde iba a llegar la intensidad aquella noche. Proseguiría la ceremonia “Confined” con la banda entera agitando melenas al unísono, siguiendo con vehemencia el infeccioso ritmo que marca toda la pieza. Nos quedaríamos a las puertas mismas de “In Defiance Of”, volviendo a recordar aquel “Fairy Tale For The Dissent” en el que la banda ya dejaba constancia de su enorme potencial, pero aun no había conseguido terminar de cristalizar toda su esencia.

Llegaría la hora de la salva de “Matheria”, iniciada con la desgarrada “Requiem”, continuada por la veloz “Blinded By Rage”-sin duda uno de los mejores temas del combo- y rematada de manera impecable, por todo el empuje percusivo de “Rebel”. Un trio de ases en el que pudimos ver a la banda emplearse de manera certera, como una autentica unidad de ataque perfectamente compenetrada. La lógica revisión de “Matheria” continuaría con “Farewell Parade” guiándonos hacia alguno de los mejores solos que Childrain han construido hasta la fecha, con Mikel sentando catedra desde su batería e Iñi en el papel de frontman absoluto. La sala entraría en éxtasis en ese momento, un éxtasis coronado por un “Matheria Act 1” a modo de guinda para lo que estábamos degustando.
Interrumpirían por un instante el glorioso ritmo que llevaban, recordando su viejo “Life Show” , sin que terminásemos por salirnos del todo de la nube en la que nos habían encaramado. Así encararíamos la espectacular recta final que tenían reservada, iniciada con “Silence As A Medicine” a modo de clásico absoluto y “Rise” explotando la parte más melódica del quinteto.

Para el final definitivo restarían dos cortes tan solo. Primero “Matheria Act 2” ejemplificando en unos pocos minutos, todas las virtudes que son capaces de dibujar estos vitorianos y después, el terrible “Awakening” para despertarnos del sueño húmedo en el que nos habían mantenido durante hora y veinte. Se les podría achacar la escasa duración del bolo, ya que hicieron que los minutos se esfumaran como por arte de magia, pero pocas pegas más podrían adjudicárseles. Esto fue un digno final para una importante era de la banda. El punto y seguido de una formación que no tardará mucho en llegar hasta el siguiente escalón, de la escalera metálica.