Sigue siendo muy recurrente relacionar el pop independiente de San Sebastián con las melancólicas bandas que afloraron en los años 90. Es verdad que la etiqueta del Donosti sound había nacido bastantes años atrás, pero no fue hasta la explosión subterránea del indie cuando se dieron a conocer bandas como Family, Le Mans o La Buena Vida. Hacer música pop en esta ciudad es lo que tiene: de una u otra manera vas a acabar asociado a la imborrable huella del Donosti sound.

Ama es quizás el último eslabón de la cadena y mantiene -con otros matices sonoros y un espíritu más alegre, eso sí- un discurso fácilmente identificable al de aquellos grupos. Además, dos de sus miembros, los hermanos Javier y Borja Sánchez, formaron parte de La Buena Vida. El punto fuerte de Ama -como el de la mayoría de las bandas del Donosti Sound, por cierto- nunca fue el directo. ¿Demasiado tímidos para enfrentarse al público? ¿Cuestión de actitud? No hay más que comparar el apañado resultado de “Verdadero o falso” en el estudio, el primer single de su último disco, “Nada dos veces”, con lo que vimos en la casa de cultura de Egia: una versión ejecutada a quemarropa, demasiado cruda para apreciar su belleza saltarina.

Se echaron de menos muchos de los elementos que han hecho de Ama una elaborada banda de pop, rica en estilos y arreglos, llena de diversidad y solvencia. Si es cierto que en sus discos huyen de repeticiones y ”no hay dos iguales”, como dice la canción, nos tuvimos que conformar con un actuación más bien uniforme, lejos de las pequeñas dosis de emoción que nos brindan en el estudio.

Havoc suele reivindicar a La Buena Vida en sus entrevistas. De nuevo, el Donosti sound. Con su segundo LP, “Lo saben los narvales”, se ha sacudido el pesado polvo de cantautor maldito y se ha pasado directamente a la primera división del indie nacional. Esperábamos un concierto tan vibrante como el disco y la cuidada escenografía del artista y chico para todo Edorta Subijana -desperdigó media docena de paraguas reflectores blancos por el escenario- sorprendió a todo el mundo. Finalmente, nos quedamos a medias, como si el avión en el que estábamos embarcados no se hubiera animado a despegar del todo.

Hubo buenos momentos, por supuesto, como la demostración de fuerza de “Hemisferios”, el estribillo de “Lo nuestro” y la hondura emocional de “Te negaré 3 veces”. No ayudó el extraño orden del repertorio -¿“El cazador de ballenas” como broche final?- y los parones entre canción y canción, incluida “Archienemigos”, que la mandaron repetir. Los teclados, por su parte, capitales en el disco, fueron sustituidos por sonidos pregrabados.

Por último, para que luego digan por ahí que no hay grupos de pop-rock en euskera, Oso Fan, uno de los proyectos del músico Giorgio Bassmatti, calentó motores en la Taberna de Egia a las 8 de la tarde. Y ya en la casa de cultura llegó el turno de Perlak, tres chicas y un chico que practican post-punk desde Zarautz y que acabaron su aceptable actuación como lobos aullando en el bosque.