Mágica mezcla
THE SEIHOS
Los barceloneses (demoscópicos de esta publicación hace dos años) cantan en inglés, sueñan con Syd Barrett, hace más de diez años que tocan y han prosperado a base de Internet o colaboraciones con bandas y salas madrileñas.
Fecha Publicación:
sábado, 18 de febrero de 2012
Redactor:
Yeray S. Iborra
Foto:
Montse Martin
Pais:
España
A estas alturas de la película, The Seihos pueden sonarles por dos motivos: los más fieles recordarán que fueron banda demoscópica de MondoSonoro hace un par de años. Los más avispados se habrán dado cuenta que su bajista, Martí Maymó, es –¡sorpresa!- el bajista de Manel, ¿o deberíamos decir que el bajista de Manel lo es de The Seihos? “No sabríamos decir si tenemos un Manel entre nuestros miembros o los ‘Manel’ un ‘Seiho’ entre los suyos... ¡con The Seihos llevamos tocando más de 10 años ininterrumpidamente!” Sea como sea, lo mejor de todo es que a partir de ahora si oyen hablar de este cuarteto de barceloneses no será ni por proyectos paralelos ni por plataformas trampolín, sino por el discazo que tenemos entre manos. “Two”, un segundo largo que se canta en inglés y suena a algo así como… ¡demasiado complicado! Dejemos a los protagonistas que nos lo cuenten: “Vampire Weekend, The Strokes o Oasis han sonado largas horas en nuestra furgoneta, pero también ‘Graceland’ de Paul Simon, Bob Dylan, The Beach Boys, Velvet Underground o artistas más recientes como Phoenix, The Dodos”. De todos ellos guardan algo, se nota que se han ido empapando a partes iguales del brit pop, el indie rock o el afro-pop, la mágica mezcla, eso sí, la han acabado de pulir con músicos del calibre de Childo Tomás o Arnau Vallvé –vaya, otro Manel, coincidencias, ¡no seáis mal pensados!-. Estamos, sin duda, ante una banda rodada y de directo que en “Two” tiene muchos argumentos para girar y llenar, si quieren, claro está. “The Beatles decían que su mejor momento fueron los inicios en Hamburgo y cuando tocaban en The Cavern. Pues bien, nuestro Hamburgo fueron los pubs irlandeses en Barcelona. Tocábamos horas y horas delante de guiris borrachos, para los camareros cuando el local estaba vacío… Era fantástico”.
|