RYAN ADAMS NOS MANDA A LA MIERDA
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RYAN ADAMS NOS MANDA A LA MIERDA

Redacción — 02-10-2002
Fotografía — Archivo

HABLAMOS CON ÉL DE SU NUEVO DISCO

Lo cortés no quita lo valiente, y por eso a Ryan Adams le reconocemos su papel fundamental en el auge de lo que ha dado en llamarse Americana. Harina de otro costal es su conducta personal, tanto dentro como fuera de los escenarios. Ahí uno no puede evitar lamentar que al ex-Whiskeytown le falte a menudo la clase necesaria para interpretar el papel de megaestrella que pretende ser. En cualquier caso, como lo que de verdad cuenta es la música que tan prolíficamente sabe crear, será mejor que ante todo nos refiramos a “Demolition”, su nueva entrega discográfica. En la misma encontramos trece temas escritos en distintos momentos de su carrera y que, por un motivo u otro, no tuvieron cabida en sus trabajos anteriores. Es, sin duda, un buen disco en la línea de lo que nos tiene acostumbrados el norteamericano, con algunos pasajes realmente destacados a pesar de tratarse de teóricos descartes. Si a esto añadimos que Adams ya está metido en el estudio para grabar la que será la auténtica continuación del aclamado “Gold”, estaba más que justificado establecer comunicación telefónica con él para conocer de primera mano todo lo referente a su incesante actividad. Así lo hicimos, empezando por preguntarle acerca del disco que está grabando. Entre largas pausas y con una desgana evidente, nuestro interlocutor se limitó a emitir respuestas breves: “es romántico y triste”, “creo que en este disco soy más yo mismo”. Y así siguió, mostrándose parco en palabras para desmentir nuestra información previa sobre quién produce el disco, “lo estoy produciendo yo mismo”, y provocando después una pausa imprevisible, “espera un momento, tengo que lavarme los dientes”. Aprovechamos esta surrealista interrupción para decidir cambiar de tercio y buscar una reacción. Para ello, nada mejor que recordar el polémico concierto que ofreció en Barcelona el pasado mes de febrero. Desde luego que la reacción la logramos, ¡y de que manera! “Yo sólo trataba de romper, de joder con vosotros, pero todos estabais allí parados mirándome, como diciendo este tío está loco, no está bien... Fue un gran show, ¿tenéis muchos grandes shows de rock por ahí...?”. La pregunta deja entrever el carácter de tercermundista a nivel de conciertos que el norteamericano le otorga a nuestro país, por lo que uno se vio obligado a tratar de explicarle que tan mal no está la cosa por aquí. De nada sirvió el esfuerzo, ni el hecho de que le comentara que un servidor está entre los que sí disfrutaron con su actuación barcelonesa, ya que al enterarse de que recibió algunas malas críticas por ella, fue imposible aplacar su ira. “¿Malas críticas? ¡Me importan una mierda! Yo no tengo que volver a vuestro país a tocar jodida música. Yo haré lo que me dé la gana si vuelvo. ¡A tomar por culo! ¡¿Jodidas malas críticas?!”. Y en este punto colgó el teléfono. Que haga lo que quiera y como quiera, por supuesto, pero ¿a qué viene esa pataleta de niño mimado si no le importan las malas críticas?.

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