Pussy Riot se veían obligadas a cancelar el concierto previsto en Donostia para este sábado a causa del presunto envenenamiento de Pyotr Verzilov, uno de sus miembros.

Las alarmas saltaron el martes pasado, cuando Verzilov fue hospitalizado en estado grave tras asistir a una vista en un juzgado de Moscú. Se hablaba, y se sigue hablando, de un evenenamiento que le ha producido entre otras cosas la pérdida de la visión y del habla, y que ha hecho que pasara varios días en cuidados intensivos en la capital rusa. El viernes recuperaba la consciencia, aunque aún con alucinaciones y delirios, y ayer finalmente ha sido trasladado a Berlín para su tratamiento. El director de Cinema for Peace, un grupo que trabaja por los derechos humanos con el cine como principal herramienta, ha asegurado que su organización es la ue ha pagado el transporte y que Rusia -sin más detalles- se ha mostrado cooperativa en todo momento.

Obviamente el presunto envenenamiento de Verzilov se ha ligado a su papel como activista en Rusia, que ejerce como parte de Pussy Riot y como editor de Mediazona, una web centrada en denunciar violaciones de derechos humanos en el sistema penitenciario ruso. Varias compañeras de grupo, como Maria Alyokhina y Nadezhda Tolokonnikova, dicen estar seguras de que se trata de un intento de intimidación o de asesinato por razones políticas, y el colectivo al completo ha desplegado una pancarta en el Riot Fest en la que se puede leer “Castigaremos a quienes han envenado a Peter Verzilov”.

Pyotr Verzilov, Nadezhda Tolokonnikova y otros dos miembros de Pussy Riot fueron detenidos en julio y enviados durante quince días a la cárcel por una protesta contra la brutalidad policial en Rusia, en la que irrumpieron en el campo donde se celebraba la final del Mundial de fútbol vestidos de policías y delante de altos cargos del gobierno, Putin incluido.