“Santalegria” es el título del tercer trabajo de la banda de La Garriga que se editará a mediados del mes que viene y que estarán presentando el 21 de Junio en el Circ Cric (Sant Esteve de Palau Tordera- Barcelona)

Siempre se agradece que, de vez en cuando, se rompa la monotonía asociada al trabajo en la redacción y que te inviten a hacer una escucha exclusiva de un disco en pleno proceso de gestación. Si además la excursión es al cuartel general que La Troba Kung-Fú tienen a pies de Montseny para escuchar en total exclusiva las dieciséis canciones que van a confeccionar su tercer largo, la visita se convierte en un auténtico placer además de un privilegio. Me consta que este tipo de deferencias, Joan Garriga y su equipo no la tienen con cualquiera y eso me honra, pero a la vez me reviste de cierta responsabilidad por escribir de forma fidedigna mis impresiones. Allá vamos.

Si has sido un lector atento, y espero que sí, ya te habrás dado cuenta que he hablado nada menos que de dieciséis canciones, aunque en el momento en el que escribo estas líneas no es nada seguro que todas vayan a formar parte de “Santalegria”. Un álbum que, por lo escuchado junto a su autor, tiene algo de reivindicativo. Pero no en el sentido más político del término, que también, sino en el sentido de querer reivindicar la música de baile, la verbena, la fiesta, el “agarrao”, prescindiendo de una vez por todas de esa carga peyorativa que le acostumra a acompañar como una pesada losa. ¿Se puede hacer música que ensalce la fiesta y tramada para bailar con letras inteligentes sin caer en las obviedad más pop de repetir los estribillos hasta la saciedad?. Se puede. La Troba King-Fú, y más en concreto su líder, cantante y compositor Joan Garriga, lo viene demostrando desde su primer disco. Sin embargo ahora hay ganas de difundirlo a los cuatro vientos. Por eso este disco es en cierta medida una reacción al anterior “A la panxa del Bou” su trabajo más internacional, variado y en cierta medida roquero, situándose en el extremo de volver al origen, recluirse en la “closca del cargol” y parir algo mucho más “casolà”, hecho en casa y para casa, sin la vocación internacional del otro, pero con las mismas ganas de pasarlo bien y de hacérselo pasar bien al resto. Porque sino, y como afirman en la letra de uno de los temas nuevos (“A ballar”), ¿qué coño hago aquí (sobre el escenario) si tú no bailas?.

 

Joan Garriga sale a recibirnos, viene del huerto ecológico que ha mejorado y crecido desde mi última visita hace ya un disco. Se le ve contento por ese próximo concierto que harán en el Théâtre de la Ville de París que promete ser todo un éxito de público, pero a la vez con ganas de acabar de pulir esos pequeños problemas que se le presenta a todo músico en la fase final de cualquier proceso de grabación. Problemas que tienen que ver con las fechas de entrega para la masterización, la compresión , los desajustes y demás zarandajas técnicas sobre las que dar vueltas una y otra vez para que todo encaje como es debido. De hecho aprovechamos que el técnico de la banda el inefable Toti Arimany no ha llegado todavía, para hacer una escucha de los temas y apreciar que las guitarras, aunque presentes, han pasado a un segundo plano y que lo que se ha impuesto es el tradicional acordeón diatónico del autor, las percusiones y ese aroma festivo del que hablaba al principio que se apoya en letras de corte reivindicativo en el sentido que antes comentaba (“Rumbia”, “Santalegria”, “A ballar”, “El juglar”, “Be Rebel”) otros de corte más satírico, en algunos casos incluso humorístico (“La prima de riesgo”, “Xocolata bona”, “La Moreneta”, “Mi Vecina”, “Senyora Vanitat”) y otros más íntimos y delicados (“La pregària”, “E l meu batec”). Canciones pensadas y tramadas de la misma forma en que los viejos bluesman iluminaban con esperanza la miseria que acostumbraba a rodearlos, embelleciéndola. Por eso no debe extrañarnos que el disco busque esa paradoja entre el abandono industrial y esa naturaleza salvaje que lucha por imponerse en los solares abandonados.

 

Tras la escucha llega el momento de la entrevista y repasando mis notas me doy cuenta que hay cuatro canciones que estoy seguro se van a quedar grabadas en mi particular selección de temas favoritos de La Troba. Una es “La Moreneta” una rumba caribeña con una letra que no tiene desperdicio y dedicada a los políticos catalanes que buscan instrumentalizarnos en un sentido u otro. La segunda es un medio tiempo precioso titulado “La pregària” que tiene una letra íntima y arrebatadora, la tercera se llama “Pot ser” y se desarrolla a ritmo de reggae y por último una “Santalegria” que es, en cierta medida, la que da sentido al álbum y lo reivindica.

 

La entrevista se ha desarrollado de forma fluida a lo largo de más de una hora en la que hemos repasado el álbum y hemos hablado largo y tendido del estatus de La Troba Kung-Fú en la escena catalana, pero tranquilos, la podréis disfrutar en breve en el número de Junio de la revista y en esta misma web en su versión más extensa sin editar. Ahora solo cabe despedirse y desearle lo mejor a este músico y todo su equipo, que ha demostrado con creces no solo su valía, sino que pocos hay que le puedan hacer sombra a la hora de componer canciones inmortales. Aunque de eso solo nos demos cuenta unos cuantos. Los mismos que deseamos que la disciplina del Kung–Fú llegue a mucha más gente. Al fin y al cabo solo hay que difundir esa “Santalegria” para lograrlo.