Descubrimos los secretos del esperado tercer disco de The Shins, “Wincing The Night Away”
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Descubrimos los secretos del esperado tercer disco de The Shins, “Wincing The Night Away”

Xavi Sánchez Pons — 02-11-2006
Fotografía — Archivo

Mucho se ha hecho esperar el nuevo disco de The Shins. Casi cuatro años han tardado los de Nuevo Méjico en dar forma a su esperada tercera entrega tras dos discos, “Oh Inverted World” y “Chutes Too Narrow”, que dieron nuevas formas al pop moderno partiendo de postulados clásicos. Esos dos monumentos pop, plagados de canciones para el recuerdo, presentaban un amor casi enfermizo por los estribillos perfectos, por las armonías vocales de los Beach Boys y por el pop británico de los ochenta más visionario (el de Felt y el de los XTC del “Skylarking”). Y quizás porque ya habían llegado a la perfección, porque no podía volver sobre una fórmula que podía ser repetitiva en un tercer asalto, The Shins han decido cambiar de traje. Eso sí, no se equivoquen. No se trata de un cambio brusco, siguen entregando números pop bellísimos, cortes de envoltura epidérmica y de textos cortavenas. De las once composiciones del disco al menos cinco responden a ese esqueleto. “Australia”, “Phantom Limb” (single de adelanto de un disco que verá la luz el 23 de enero), “Turn On Me”, “Girl Sailor” y “A Comet Appears” nada tienen que envidiar a sus antepasadas. Ahora bien, las seis restantes toman caminos diferentes y más que arriesgados. Tanto que en un primer momento pueden llevar a un rechazo precipitado. Craso error. “Wincing The Night Away” es un disco difícil, que pide paciencia y requiere de varias escuchas para ser disfrutado como merece. La nueva piel de los norteamericanos son buenas noticias, la prueba definitiva de que estamos delante de un grupo inquieto. De las nuevas mudas de The Shins, tres son las que acaban triunfando. La primera es “Red Rabbits”, una canción compuesta a base de sintetizadores minimalistas que llega a unas cotas de belleza y emoción que cortan la respiración (The Magnetic Fields no están lejos). Muy grande. La segunda “Sea Legs”, una experiencia cercana a la de The Flaming Lips en “Yoshimi Battles The Pink Robots”, sorprende por huir de lo fácil al apostar por una melodía diferente de claros tintes psicodélicos. Y la tercera es el corte que abre el disco “Sleeping Lessons”, un inesperado crescendo de guitarras a la The Feelies que quita el hipo.

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