Tras su celebrada travesía vocal junto a aquel que no comparte los postres, Toundra, los instro-rockers más populares del circuito nacional vuelven por sus fueros con Vortex (Century Media, 2018) su quinto disco. Entrevistamos a uno de los dos guitarristas de la banda, el asturiano Esteban Girón, al hilo de la publicación del disco.


Un, dos, tres, cuá…Vortex. El 21 de septiembre de 2012, Toundra llegaron a una sala llamada Vortex Surfer Musiklub en Siegen, Alemania (en Londres hay otra sala Vortex mitiquísima, pero esa es otra historia), una pequeña ciudad que apenas sobrepasa los 100.000 habitantes. Tocaron colándose en el cartel de un concierto cuyo cartel estaba ya cerrado, después de Zodiac y Bastardo, y cobrando cien míseros pavos. “Tuvimos que esperar a que terminaran los otros para subir y empezar a tocar, sin prueba de sonido. La sala se llenó y el recibimiento de tanto el público como todos los trabajadores de la sala no pudo ser mejor. No pudimos vender más merchan. Hubo gente que nos dio 50 euros por el vinilo. Nos enamoramos por completo de ese pequeño club y de la pequeña casa anexa donde dormimos aquella noche”, recuerda Esteban, guitarrista del cuarteto madrileño. La banda no ha continuado con el orden numérico (o sí, si nos fijamos en la V” inicial), pero sí ha seguido usando el latín para nombrar su nuevo disco, una colección de ocho temas producida por Santi García en Cal Pau Recordings (Barcelona) y en Estudios Ultramarinos (Costa Brava), y masterizada por Víctor García. Se publica el viernes 27 de abril a través de InsideOut Music en formato Gatefold LP con CD insertado y CD Digipak. 

¿Cuándo empezó a gestarse el disco exactamente?
El día siguiente de terminar el Tsunami Xixón, que fue el último concierto de IV (Superball/Century Media, 2015) nos fuimos a Cartavio, que es una aldea de Asturias, a empezar a componer. Y de ahí salieron riffs y arpegios de donde surgió Tuareg. Ahí lo dejamos, en agosto, y lo terminamos en la última semana de diciembre. O sea, llevó cuatro meses. Y entre medias, la gira de Exquirla.

Hay otro Cartavio en Perú.
Debió ponérselo algún paisano mío que fue por allí. Es la aldea de seiscientos habitantes y dos mil quintas vacas, en la riviera del río Navia, donde yo me crié hasta los dieciocho años.

El título del disco no estaba claro desde el principio, porque recuerdo que dudabais si seguir o no con la numeración…
Cuando hicimos IV, que fue un disco conceptual, estábamos flipadísimos con Pink Floyd. Pero ahí ya decidimos que era el fin de ciclo de los números, incluso de la manera de grabar, y de cambiar el artwork. Buscamos un renacer, porque entendemos que una carrera tiene que aportar cosas nuevas, y aparte…. Pues que no puedes superar a Led Zeppellin (risas). Lo que pasa es que luego vamos componiendo, componiendo, y al principio las canciones tienen nombres de coña, y de repente llegó el momento de buscar nombre para el disco. No se nos ocurría nada. Alex un día dijo: “¿Y si le llamamos “Vórtex”, que tiene la “V” y le hacemos un homenaje a esta sala?”. Luego, el primer día de grabación, yo estaba con un libro de Led Zeppelin en el que explicaban que el título Houses Of The Holy (Atlantic/Warner, 1973) se refería a las salas de conciertos en las que habían empezado como grupo. Y con eso ya fue definitivo, claro.

“Quiero dejar muy claro que nuestros triunfos pueden ser pequeños o humildes, pero son los nuestros”

¿Ha cambiado en algo la forma de componer en este disco?
Sin darnos cuenta hemos completado un ciclo. II (Aloud Music, 2010) fue un disco de componer en casa, muy pausado y lento, con muchos matices, y en reacción salió III (Aloud Music, 2012), que es un disco de local y de rock’n’roll, más de directo. La reacción fue volver a estar un año componiendo IV, otro disco de mucho matiz, conceptual como II. Ahora Vortex vuelve a ser una reacción a eso, aunque el setenta por ciento haya sido de componer en casa. Con Macón he compartido mucho trabajo de estudio casero, pero luego todo se ha definido en el local, como siempre, porque la música que hacemos Toundra hace que nunca sepas si una canción funciona o no hasta que la tocas con bajo y batería.

Eso a veces obliga a dar grandes pasos atrás en la composición de un tema, imagino.
Sí, siempre ocurre. Podemos llevar siete minutos de canción y que alguno de nosotros de repente diga “esto no me está diciendo nada”, y tiramos todo a la basura para empezar de nuevo con otra cosa. Nunca tenemos demos que luego no van a ningún lado. Porque lo que no nos mola a todos ni siquiera se termina de componer, menos aún de grabar.

En Mojave metéis una caja de ritmos por primera vez.
Sí. La habíamos usado con Exquirla, pero nunca con Toundra. Aunque en realidad no es del todo programada, Álex la va tocando pulsando botones mientras tocamos. Creo que la idea surgió de Alberto, que tiene su estación espacial llena de sintes, teclados… Cada vez tiene más, al final nos va a terminar echando del local (risas). Pero un día Álex dijo “déjame trastear con tus cacharros” y Alberto le enseñó cómo funcionaba. Sacaron la canción en un momento, mientras yo sacaba un arpegio. Quedó algo a medias entre Neurosis y Radiohead. Le pusimos el título por esa onda desértica y árabe, que no está en los otros temas. Con eso funcionamos por pura intuición, por ejemplo, el single Cobra se llama así por el malo de los G.I. Joes, Kingston Falls es el pueblo de los Gremlins, porque nos recordaba a Mogwai, Roy Neary es el protagonista de Encuentros en la Tercera Fase

¿Qué os mola de ese personaje? La verdad es que es bastante fascinante.
La canción tiene un interludio que al principio se llamaba Primera paja, y de repente alguien le vio un parecido con la música de la película, la googleamos y encontramos el nombre del prota. Aunque entre nosotros tiene el nombre de “Troy Mclure”, el de Los Simpsons.

Mojave y Tuareg son las únicas canciones que veo directamente conectadas a la portada.
Sí, esa portada surgió porque nos encontramos un mail de Fran Rodríguez (del estudio LaCabezaEnLasNubes) en el buzón de spam, donde llevaba meses. Nos decía que quería trabajar con nosotros y le propusimos basarse en el surrealismo. Breton, Dalí, esas cosas… y nos dijo que nuestra música le recordaba a un desierto. La iconografía del grupo es también huir de los estándares de la cultura occidental, aunque sea una contradicción ya que hacemos rock’n’roll. Nosotros somos unos tuaregs, nuestra vida se basa en coger la furgoneta, dormir cada noche en un sitio diferente de Europa, y llevar nuestra vida en un maletero asumiendo que de vez en cuando va a haber contratiempos. Estoy muy harto de los grupos que venden su vida como una sucesión de “sold outs”m todo bonito y precioso… eso no se lo cree nadie, hombre.

La idea de desierto no deja de conectar con el nombre del grupo.
Sí, aunque en realidad el nombre de Toundra viene de copiar el de El Páramo, que es donde tocaba David, nuestro guitarra.

A nivel técnico, no soy capaz de identificar elementos que me hagan pensar que hay un salto cualitativo… Todos vuestros discos son impresionantes en ese sentido.
Tenemos la suerte de que Álex y Alberto siempre nos guían un montón, todo el rato. Si por un lado los guitarristas tenemos el desafío de sacar melodías de la nada, ellos le dan muchas vueltas para que no sea todo el rato lo mismo, y te llevan a otros estados. Ya es el tercer disco que David compone con nosotros, con lo cual estamos ya muy compenetrados. Y el cabrón ha cambiado mi rol en la banda, antes yo era el de la melodía, y ahora soy el del riff, siempre soportándole a él.

Esta vez, entre disco y disco habéis pasado por una experiencia no instrumental con Exquirla. ¿Cómo es volver a perder la voz?
Siempre decíamos que no necesitábamos cantante, hasta que te pones a girar con Exquirla y cuando hay un parón y entra la voz, todo el público canta. Eso, claro, es una sensación increíble. Me acuerdo que en Granada fue tan bestia que me giré hacia mis colegas y dije: “Rollo Reincidentes, eh”. Exquirla nos ha servido para oxigenarnos, porque volver a sacar otro disco de Toundra nos hubiera costado. Exquirla ha hecho que quisiéramos volver a casa.

La experiencia quizá os ha inspirado para hacer “cantar” a vuestras guitarras de otra manera?
El día que terminé la facultad, presentamos II en Ritmo y Compás. Salí del examen y fui a la prueba de sonido directamente. Y en un momento de Medusa, un tema del primer disco, toda la sala se puso a cantar el riff. Eso es algo que tenemos muy claro. Nosotros escuchamos mucho a Los Beatles, y sabemos que la melodía es lo más importante en un grupo. Hay tipos de música que no están tan basados en eso, pero por ejemplo, la canción más icónica de Miles Davis es muy melódica. Sus motivos, como se dice en música clásica, son muy potentes.
Exquirla nos ha dado otro tipo de cosas como intercambiar los roles en el grupo, nos ha liberado a la hora de componer, nos ha dejado jugar con otras armonías y tonalidades. Y nos ha ayudado a ver que hay realidades del negocio que no disfrutábamos o que no sufríamos hasta ese momento. Había una parte de Exquirla que no venía ni de Niño de Elche ni de Toundra, sino que venía de lo “cool” del proyecto. Mucha gente no se sumergió en las profundidades del proyecto como a nosotros nos hubiera gustado, sino que le gustó eso, lo “cool” del proyecto. Pero no tenemos por qué estar de acuerdo con todo lo que nos pasa, no todo el mundo tiene que interpretar tu música como tú quieras. Eso es muy snob, muy de artista. Así que si viene gente a los conciertos con una camiseta de A Palo Seko y disfruta, lo mejor que puedes hacer es compartir una birra con él y hablar sobre su vida como camarero en Albacete.
En realidad, lo mejor de haberme metido a tocar música con siete años es la gente que he conocido. Por eso el disco se llama Vortex. Me ha pasado en la Sala Apolo de Barcelona, o en una okupa en Oslo, donde nos detuvieron y llegamos tarde. Toda la okupa salió a ayudarnos a descargar y montar el escenario. Ahí estás tocando y piensas, “Chaval, valora lo afortunado que eres, porque la cantidad de músicos mejores que tú, que han trabajado más que tú, y que no han podido disfrutar de esto, es enorme. Disfrútalo, porque no sabes si mañana esto se va a acabar y vas a volver a estar en un grupo al que vayan a ver quince personas y no le importe a nadie”. Nosotros discutimos, nos matamos, pero somos una familia y si le pasa algo a uno de nosotros, los otros tres van a socorrerle y a levantarle. Yo tengo claro que me toca la parte más farandulera del grupo, pero ellos se preocupan por que no se me vaya la olla. Somos un grupo de amigos. Alberto era el novio de mi hermana, Álex fue la primera persona que conocí al llegar a Madrid, y con Macón comparto oficina, grupo, juergas de fin de semana y vacaciones. Quiero dejar muy claro que nuestros triunfos pueden ser pequeños o humildes, pero son los nuestros.

¿Qué roles adjudicas a cada uno de vuestros discos en la discografía de Toundra?
El primero es la fotografía de un grupo recién nacido, muy inocente, que no sabía lo que estaba haciendo. Nos metimos en el estudio cuatro meses después del primer ensayo, y pensábamos grabar unos Verbatin y regalarlos en los conciertos. Luego vinieron sellos y nos lo editaron.
El segundo nace de un período de depresión que yo tuve, y que me llevó a pesar 59 kilos, midiendo 1,84. Pasé todo un verano deprimido en mi casa, trabajando en Pias de paquetero por las mañanas y tocando la guitarra en calzoncillos en mi casa, sacando cosas. Ahí aprendí de Juan (de la banda Nothink) que componer no era algo liviano, que había que tomárselo muy en serio y mirar hasta el último detalle.
III es la confirmación de la banda, ahí fue cuando nos creíamos una banda de verdad, y cuando nos entró el hambre de hacer más cosas, de arriesgar y de tomárselo más en serio para comerse el mundo.
IV es un experimento, pero tomado más en serio que nunca. Se fraguó con presión, porque al ficharnos Century Media gracias a Paco Cuervo, amigo mío desde los dieciocho años, la cosa fue en plan: “Chicos, aquí ya no hay excusas del tipo ‘no puedo tocar porque me voy de vacaciones’, o ‘no puedo tocar porque no me apetece’. Vamos a por todas aunque esto nos invada planos personales”. Todo el grupo dijimos que sí.
Ah, y Exquirla es un proyecto que nace de un fan del Omega, que se transforma en otra cosa. Si no llegamos a hacerlo, Toundra se va a la mierda. Y Vortex vuelve a recoger ese hambre de “siempre hay algo que hacer”, ese no querer acomodarse a sacar otro disco, gira, festivales, promo, borracheras y vuelta a casa. Ahora es más un pensamiento de intentar ir a por quinientas personas cuando antes íbamos a por doscientas. O ir a por doscientas cuando antes íbamos a por cero. La ilusión nos está quitando miedos. Por ejemplo, hace poco dijimos “¿Por qué no tocamos en Hungría, aunque no vaya a vernos ni Dios? Nunca he estado en Budapest y me han dicho que está muy guapo”. Nos hemos arriesgado a organizarlo, y ya tenemos más de trescientas entradas vendidas.

“La ilusión nos está quitando miedos. Por ejemplo, hace poco dijimos: ¿por qué no tocamos en Hungría, aunque no vaya a vernos ni Dios?”

Tenemos que hablar del videoclip de Cobra. ¿Cómo surge la idea de hacer algo tan crudo y directo con el tema de los refugiados?
Este verano fui a la boda de mi primera novia en Gijón. Con la borrachera me presentaron a Manu Brabo, premio Pulitzer. Ninguno de los dos nos acordamos de nada de lo que nos dijimos (risas). Pero tiempo después, National Geographic le monta una exposición en Madrid, e invito a una amiga a ir a verla para intentar ligar con ella. Y resulta que esta chica va y me dice que conoció a Manu Bravo en un after de Gijón, y que el tío llevaba una camiseta de Toundra. Ahí dije “Espera, espera…”. Me dio el teléfono de Manu Brabo, le mandé un whatsapp y le pedí conocernos porque me encantaba su obra. Al conocernos nos caímos de la hostia, y caímos en la cuenta de que ya nos habíamos conocido en una boda el verano pasado.
Cuando llegó el momento de este videoclip le dije: “Mira Manu, estamos en las revistas, estamos en los festivales pero tenemos muy poco dinero para videoclips. ¿Cómo puedo hacer para que nos cedas material para uno?”. Y el tío me dice: “Me flipa vuestra banda, y os robé una camiseta del merchandising cuando tocasteis en el Tsunami Xixón, así que os debo algo. Lo que necesitéis, os lo regalo”. Después de ver la portada, me vino la idea de los refugiados. Se trata el tema en los medios, pero no se ve lo que está pasando de verdad. Llevamos toda la puta vida con refugiados, desde los tiempos de la puta isla de Perejil y las crisis de las pateras con Aznar, y desde mucho antes. Es como Los Miserables de Victor Hugo, da igual su pasado y condición, son los que siempre pierden.
Por otro lado, vimos que Gonzo, el del Intermedio, era fan del grupo porque nos retuiteaba muchas cosas. Le escribí y nos hicimos amigos, y nos enteramos de que éramos vecinos. Una vez estuvo a punto de entrevistar a mi padre, porque el PP le ha denunciado por una historia… Y, bueno, le dije que tenía a Jorge García, director de los videoclips de Exquirla y de IV, pero que nos faltaban imágenes de refugiados para lo que queríamos hacer. Entonces va y me regala un disco duro con ochocientos gigas de material gráfico sobre los refugiados.

O sea, que el proceso de selección habrá sido duro.
De llorar. Lo pasé llorando todo el rato. El resultado es una mezcla de las imágenes de Gonzo y las fotos de Manu Bravo, y lo va a difundir National Geographic a nivel mundial.

Eso puede daros una gran exposición.
Sí, se está hablando de una rueda de prensa importante para presentarlo, a la que nos llevarían a nosotros, a Manu y a Gonzo. Te voy a ser sincero sin ir de flipado: la peña nos sigue, todo lo que hacemos tiene repercusión, las webs nos dicen que lo que publican sobre nosotros genera mucho tráfico, y tengo la responsabilidad de hablar de ciertos temas. No soy Manu Chao ni lo quiero ser, pero tengo esto, y veo cosas que me tocan las narices. Además, de qué voy a hablar, ¿de amor? Si no tengo ni puta idea de lo que es eso, llevo toda la vida soltero. Broma aparte, es que joder, que estamos hablando de putas banderitas aquí y hay peña que está muriendo por intentar cruzar el Mediterráneo y otra que está siendo maltratada por conseguirlo, en Viena, en Grecia, en Sicilia… Aquí… mira lo que ha pasado en Lavapiés. No quiero hacer un ejercicio de estilo de post-rock, poner una portada de un bosque precioso y que todo sea súper bonito y de libre interpretación. También quiero hurgar en la llaga. Me han dicho que a lo mejor no nos ponen el videoclip en ciertos sitios. Pues mira, entonces no quiero que salga ahí.

¿Tenéis algún otro videoclip preparado?
Tenemos otro, con poco presupuesto. Nos va a hacer una animación de la portada un chico de Barcelona. Es de los que los sellos llaman “lyric video”, que claro, en nuestro caso… nos partimos la polla.

¡Jajaja! Para terminar, creo que en paralelo tenéis otros proyectos entre manos. ¿Qué puedes contarnos?
Macón tiene el disco de Adrift grabado, y verá la luz este año. Yo me lo pongo y me lo tengo que quitar de la puta envidia que me da. Yo no sé componer así. Por otro lado yo tengo unas canciones instrumentales que he compuesto solo. Tengo a mi abuela enferma de Alzheimer, y me gustaría grabarlas de alguna forma para que lo que se recaude vaya a la investigación de la enfermedad.