Voces y susurros
Entrevistas / Diamanda Galas

Voces y susurros

Redacción — 16-01-2004
Fotógrafo — Archivo

Más que anomalía Diamanda Galás es un personaje único. ¿Personaje? Poco apropiado. Artista, creadora e incluso persona. No conozco periodista que a priori no se haya sentido intimidado ante la Galás, y sin embargo pocos se han resistido a reflejar en sus escritos la simpatía de esta mujer intensamente humana, cuya voz parece que hubieran poseído los demonios. Ahora publica dos discos, dos discos dobles.

La voz de Diamanda Galás había permanecido en silencio durante demasiado tiempo como para que su nuevo álbum no despertara, cuanto menos, curiosidad. Así que la publicación de dos discos dobles desconcierta tras cinco años, desde "Malediction & Prayer", sin noticias suyas. “La explicación es estúpida, completamente estúpida”. Y rompe a reír. “Es un problema de la compañía. Mute sólo tiene dinero para hacer una campaña de prensa, así que prefieren publicar dos discos al mismo tiempo. No tiene nada que ver con el arte sino con comer”. Se me olvidaba: la Galás habla un simpático castellano que a lo largo de la conversación confunde con italiano, inglés y sólo Dios sabe cuántas lenguas más. Desde el otro lado del teléfono no para de reír.

“El directo paga mi alquiler mientras que la discográfica no me da dinero por los discos que le entrego.”

Comienza cuando por error, al no reconocer su voz, permanecemos en silencio durante medio minuto esperando a que la entrevista dé comienzo. Y así hasta el final, al ser interrogada por la fascinación que el horror despierta en ella y la implacable influencia que ejerce sobre su obra: “Soy una bruja morbosa”. Nuevamente su sonora risotada desde el otro lado de la línea. Claramente puedo ver cómo guiña el ojo... Muy al contrario de lo que podía imaginar, los problemas domésticos parecen haber dictado su método de trabajo en los últimos años. Invirtiendo el ciclo natural de un disco pop, Diamanda Galás realiza giras que posteriormente son convertidas en álbumes. “La explicación tiene poco de metafísica: debo pagar mis facturas. El directo paga mi alquiler mientras que la discográfica no me da dinero por los discos que le entrego. Esa es la explicación de por qué desde ´Schrei X´ todos mis discos son en directo. Mientras vivía en Londres Mute me pagaba el dinero suficiente como para grabar discos, pero desde que me he ido a Nueva York...”. Por eso toca pedirle explicaciones acerca de lo novedoso del material de "Defixiones Will And Testament" y "La Serpenta Canta". “Bien ´Serpenta´ es poco más que una colección de canciones que he cantado a lo largo de mucho tiempo. El disco está grabado en diferentes partes del mundo: Portugal, Nueva York, Italia...”. Añadir que entronca perfectamente con el espíritu del que hasta ahora era su último trabajo, "Malediction & Prayer": blues, soul, jazz, material mayormente prestado (Ornette Coleman, Hank Williams, Screamin’ Jay Hawkins,...) y tocado por la espiritualidad de que la Galás dota a todo su repertorio. "La Serpenta Canta" funciona a modo de grandes éxitos de su vena menos sacra... "Defixiones Will And Testament" es otra cosa. Planteado como obra concepto, como tiempo atrás pudieran serlo sus letanías de Satán o la trilogía de discos sobre la plaga del SIDA, el también doble álbum se convierte en recuerdo de las víctimas del genocidio en Turquía de armenios, asirios y griegos entre 1914 y 1923. “Llevo toda mi vida escuchando las historias de los griegos que iban en las marchas de la muerte. Mi padre formaba parte de uno de esos grupos, así que él me contaba esas historias que ya forman parte de mí. Hablé con los descendientes de los muertos, estudié la situación de Chipre, los conflictos de griegos y turcos...”. Los textos recurren a Henri Michaux, Paul Celan, Pier Paolo Pasolini, Gérard Nerval, Peruvian, Siamanto, Adonis, Freidoun Bet-Oraham… “...y César Vallejo. Leí su poema en una librería, por casualidad, y en cierto modo dictó el espíritu de todo el disco”. A estas alturas Diamanda Galás vive demasiado comprometida con el arte como para que su mirada desesperada a un mundo, pasado, presente y futuro, en descomposición, sirva para plantearse la utilidad de nada, el sentido detrás de cada uno de sus actos.“No sé. Nunca lo supe y nunca lo sabré. Sólo sé que la música es capaz de cambiarme a mí y que la vida es muy corta: quiero cantar sobre aquello que me preocupa”. Como en "Necrópolis", obra magna en proceso de preparación. “Un trabajo sobre la situación de la cultura griega que desaparece de Turquía”. ¿Lo grabarás? “Sí, si puedo acordarme de todo”. Y nuevamente una carcajada. ¿Quién dijo bruja?

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