UNA FLOR EN EL DESIERTO
Entrevistas / Natacha Atlas

UNA FLOR EN EL DESIERTO

Redacción — 04-07-2001
Fotógrafo — Archivo

NATACHA ATLAS CAMINA POR UNA CUERDA FLOJA QUE PARECE UNA AUTOPISTA. ¿O SERÁ AL REVÉS? PARA EL MUNDO, COMIENZA COMO LA PERSONIFICACIÓN DE LA SENSUALIDAD AL LADO DE TRANSGLOBAL UNDERGROUND, BAILANDO CUANDO ÉSTOS TIENEN EL ÉXITO DE LOS PRINCIPIANTES, CANTANDO CUANDO SE LES EMPIEZAN A CRITICAR SUS REPETICIONES, Y APUNTALANDO SU PROPIA IDENTIDAD CUANDO EL GRUPO DECIDE QUE NO TODO EL EXOTISMO SE ENCIERRA EN ORIENTE MEDIO, Y HAY QUE ABRIRSE AL FUNK, Y AL FOLK SUBSAHARIANO.

Y es autopista porque hay quien se ha molestado en ver los pliegues de su voz a una de las experimentadoras más ricas del Mediterráneo, y porque en Francia la adoran e incluso ya tiene que incluir en sus discos canciones en francés por encargo (“Ne me quite pas” esta vez), como aquellas grandes estrellas innombrables. Pero como aquellas grandes estrellas, también camina sobre la cuerda floja, porque su mestizaje, lejos de ser un capricho de la moda o el último sabor del mes, es la consecución de toda una vida de lucha por la música. Aunque esa mayoría que le dio la espalda a Transglobal Underground hace cinco años, ni se ha parado a pensarlo. Sin embargo, tras sus progresivos devaneos con los beats británicos, Natacha Atlas ha conseguido con “Ayeshteni” (Mantra/Everlasting, 01) un balance envidiable entre su pasado egipcio (el disco ha sido producido en El Cairo por Transglobal Underground) y su futuro (las canciones vuelven al sonido del shaabi al mismo tiempo que media Europa reclama sus maneras de soñadora romántica de la aldea global). Aunque eso no quite que se siga quejando de lo mucho que le sigue costando que la tomen en serio a uno y otro lado del Mediterráneo. “Mi música es una moda para muchos occidentales, porque están perdiendo su tradición a marchas forzadas, igual de fácilmente que olvidan las modas”.

“Mi música es una moda para muchos occidentales, porque están perdiendo su tradición a marchas forzadas”

Mientras que en Egipto: “Mi música no es natural para ellos, porque están saturados por un ritmo distinto, que no ha evolucionado nada en treinta años”. Entonces, ¿quién es Natacha Atlas? “Pues una angloegipcia que trata de hacer un acercamiento moderno a la música árabe en el mundo árabe, y aunque sea muy difícil introducir factores musicales nuevos en Oriente Medio, creo que estoy en el camino correcto”. Justo, “Ayeshteni” fluye como no lo había hecho ninguno de sus discos. “Definitivamente fluye, porque he completado el ciclo de unificar las dos fuerzas culturales que me dividen, y eso me hace ahora pensar que tengo que intentar algo más, aunque no signifique que vaya a cambiar mucho por ello, porque en el mundo árabe nada puede cambiar muy deprisa”. Tal vez sea por eso que en su último concierto en Barcelona hubo quien se marchó de la sala antes de tiempo echando pestes con el mestizaje que se desarrollaba en el escenario. “Eso suele ocurrir con la gente que no sabe quien soy, y no se enterarán aunque me tengan delante de las narices, pero mi música es pop y es árabe, porque es una mezcla de mis raíces, aunque… (mira al suelo) tal vez para entenderme, haya que tener un concepto amplio del mundo”. Tal vez. Pero Natacha es mujer y es árabe, y es cantante de pop, y tal vez se nos olvide muy a menudo que aún quedan espacios y tiempos (presentes) en los que el pop sigue siendo una lucha. Y Natacha hace poesía con eso. Nada más.

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