Si un hermano bravucón y un enfrentamiento mediático con Damon Albarn no pudieron con él, ¿cómo iba el tiempo a ganarle la partida? El mayor de los Gallagher vuelve a la actualidad con un primer disco en solitario, “Noel Gallagher’s High Flying Birds”, que nos obliga a devolverle nuestra maltrecha confianza.

Noel Gallagher no es un asteroide fugaz en el firmamento del rock contemporáneo. En absoluto. El hombre ha conseguido que su marca favorita de té le envíe unas cajas especialmente personalizadas para él y sus músicos que, probablemente, degustarán con flema británica y unas pastitas en la gira de presentación de su nuevo y primer trabajo en solitario, “Noel Gallaghers´s High Flying Birds”. Esas cosas sólo le pasan a las estrellas del rock. A esas que disfrutan de una vida fácil –aunque no vayan a creerse que mantener un grupo es cosa sencilla- de sexo con supermodelos, mucha droga y más rock and roll; y que se permiten el lujo de dejarlo por aburrido. Las noches blancas y los días negros han terminado. Noel se ha cansado de ser un ídolo devorado por la prensa -e incluso por sus fans- y de las peleas con su hermano Liam. En los noventa formó parte de la ¿banda más grande del planeta? y pero a día de hoy prefiere quedarse en casa con su familia. Lo que no ha cambiado es su facilidad para componer canciones atemporales. Clásicos. Temazos, en menor proporción que en años anteriores, pero canciones tan grandes como su ego. Al teléfono desde las oficinas de su propia discográfica en Londres, la misma con la que ha editado el disco, no tiene problema en ofrecer el silencio por respuesta cuando una pregunta requiere una conexión neuronal mayor a un par de segundos, o cuando simplemente no le interesa. Sin problema, pero no te quedes callado, que es conferencia. Educado, pero dejando las cosas claras, asegura que nunca tuvo intención de retirarse, aunque hubiera sido una opción a tener en cuenta, tras la separación de Oasis en 2009. “Simplemente me dediqué a hacer mis cosas. Disfruto mucho de la vida doméstica. Estar de gira suele ser genial, pero a veces es un coñazo. Cuando me voy, mi familia se queda en casa. Los niños van al colegio, mi mujer ve la tele… Eso es la vida. No voy a dejar de escribir canciones sólo porque no tenga un grupo, Compongo todos los días que me apetece aunque no tengo ni idea de dónde salen las canciones y a veces necesito tomarme mi tiempo para terminarlas. Cojo la guitarra y algo sucede, suelen salir ellas solas y tener estribillos enormes. Me gusta que las cosas suenen grandes”. Que Liam se haya quedado con el resto de la banda para su nuevo grupo, Beady Eye, le molesta, pero en el fondo, le da un poco igual. Independientemente de quién toque los instrumentos, ambos ofrecen una versión bastante decente de Oasis.
Lo mismo piensa sobre lo que opine la prensa o cualquiera sobre composiciones, aunque nunca olvida dar las gracias. “A todo el mundo le gustan mis canciones. He estado en una banda enorme durante veinte años, así que por algo será. No me gusta pensar en por qué le gustan a la gente. No sé que coño piensan ni por qué creen que soy grande. Lo único que se me ocurre es darles las gracias porque realmente no sé qué decir en esos momentos. Lo mismo pasa con los periodistas. Parecen más interesados en hablar sobre mi vida privada que sobre mi música. Dicen que es porque a la gente le gusta, y debe ser así porque si no nadie se gastaría su dinero en comprar una revista. Dímelo tú, ¿por qué es así? Me importa una mierda, la verdad. Yo no analizo mis actos porque soy el que los hace, en realidad no analizo nada”. Encajo el directo lo mejor que puedo, y sigo con la conversación. Hemos venido a hablar de tu disco, pues hagámoslo. “Noel Gallagher’s High Flying Birds” se grabó entre Londres y Los Ángeles, producido por él mismo junto a Dave Sardy, con el que ya había trabajado en “Don’t Believe The Truth” (2005) y “Dig Out Your Soul”, editado en 2008. La principal diferencia es que ahora Noel se encarga de cantar, el resto (tampoco pone demasiado énfasis en negarlo) podría haber sido parte de cualquier disco de Oasis. De hecho, tanto los temas de Beady Eye como los de Noel, son mejores que casi cualquiera de los dos últimos trabajos de la banda de Manchester. ¿Es esto malo? No en si mismo. Si habláramos de fútbol, diríamos que Liam ha optado por jugar al pelotazo y Noel por algo más técnico. Como el Barça de la era Guardiola, con compás y sentimiento. Él componía gran parte de los temas en su banda anterior, así que poco cambia. Le han acusado de guardarse los mejores temas escritos en los últimos años para si mismo, pero al negarlo, parece sincero. “Si me hubieran dejado componer todas las canciones, alguno de nuestros discos hubiera sido mejor. En un grupo tienes que ser flexible, si no, tocarías solo como estoy haciendo yo ahora. Estoy cómodo cantando, sé que no soy un cantante espectacular, pero tampoco toco la guitarra de maravilla. Simplemente lo hago y no pienso en esas tonterías cuando lo estoy haciendo. He leído que la voz está un poco baja en el disco porque no me siento seguro, pero eso no es más que mierda. Si te gusta, estupendo. Yo creo que no lo está, pero me da igual lo que piensen. Para escribir canciones sólo necesito un bolígrafo. No tengo ni puta idea de cómo se hace”. Dos de las nuevas canciones ya formaban parte del repertorio más o menos apócrifo de Oasis desde aproximadamente una década, y se habían podido escuchar en pruebas de sonido que circulaban por Internet. “Stop The Clocks”, un tema que iba a aparecer en “Don’t Believe The Truth” (2006), es uno de ellos. Los tiempos cambian, pero Noel prefiera que algunas cosas sigan siendo las mismas. “No me he molestado ni en cambiar de oficina, la sigo compartiendo con mi hermano. Han estado liados con la promoción de su disco y ahora lo están con el mío. Llevo trabajando muchos años con esta gente, les quiero y yo sé que ellos me quieren a mí. La única cosa que me apetecía cambiar era tener mi propio sello. Me preguntaban que por qué, si vivíamos como reyes en una multinacional, pero siempre respondía que por qué no. De alguna manera es un sueño para cualquier músico, y la diferencia es que ahora puedo hacer cualquier cosa que se me ocurra. Yo hago mis discos para mí, no para nadie más, y teniendo en cuenta que he tenido éxito durante los pasados veinte años, he llegado al punto de que puedo permitirme hacer lo que me dé la gana”.