Último tango en Irún
Entrevistas / Fermin Muguruza

Último tango en Irún

Redacción — 21-11-2002
Fotógrafo — Archivo

Departir con Muguruza puede traer sorpresas tan insólitas como las de enfrentarse al listado de efectos personales de Henry Bengoa, el amigo desaparecido de Bernardo Atxaga. Las palabras del cantante fluyen entre el caos más absoluto. A través de múltiples quiebros intentan buscar una salida en la que los mensajes caen con la densidad de una avalancha de nieve. “In-Komunikazioa” (Metak, 2002) es el leit-motiv.

En el salón de su casa, The Clash toman el té con Smith & Mighty sin aspavientos. Cara a cara. Las puertas están abiertas para todos, tal vez ahora más que nunca. El tercer disco bajo su nombre invoca al universo íntimo y voraz de las relaciones personales: el de los fotogramas de Julio Medem o la inmortal “Casablanca”, metamorfoseada en una nebulosa ciudad vizcaína en “Beti Izango Dugu Bilbao”. También alude a los pasillos interminables del corredor de la muerte, en ese S.O.S que es “Leonard Peltier Free!”, culpado de homicidio al igual que Mumia Abu-Jabal. O a la situación de una lengua como el euskera en “Linguae Navarrorum Museum”. “Después de la gira que terminamos en octubre con Dub Manifest era muy complicada la logística y la coordinación. Los miembros de la formación estábamos repartidos entre Costa de Marfil, Francia, Italia y España.

“Intento ser antinostálgico porque la nostalgia muchas veces es conservadora”

Para mi nuevo disco quería que participaran músicos como Alfonso alias ´Papuchi´, Andrés Belmonte o Eva Reina de Hechos Contra el Decoro; Begoña Bang Matu, que es la mujer que domina y canta ska y jazz; Joseba Tapia a la trikitrixa; Eric Herrera, trombonista de Amusic Skazz Band y Doctor Calypso, Reynald Colón a la trompeta y Gorka Benítez, que es saxo tenor, dos monstruos del jazz de Barcelona que han tenido su momento este año, pues tocaban en todos los festivales de verano”. Tal aliño de caracteres ha contribuido a empastar el mosaico más ambicioso del hermano mediano de la saga Muguruza. Un trabajo que ha tenido un modus operandi inusual. “Después de leer una entrevista super interesante de Nick Cave, en la que contaba como trabajaba en su local, me encerré en mi casa con mi ordenador, mi caja de ritmos y mis trastos. Cave trabajaba por espacio de siete u ocho horas diarias y tenía la cocina lo suficientemente caliente como para preparar cualquier cosa. Me gustó muchísimo este sistema de trabajo, pero no lo pude seguir a rajatabla, porque hago muchas cosas a la vez y no podía concentrarme como él. Los primeros meses trabajé de manera individual con las ideas anotadas de la última gira. Era una cuestión obsesiva porque las veinticuatro horas del día giraban en torno al disco. Estuve así desde octubre hasta enero. En enero con la maqueta que tenía empecé a escuchar las canciones con los músicos y a partir de ahí salió el disco”. El laberinto que traza su álbum parte como siempre de su agudeza de analista que atisba en todas las direcciones. “En todos mis discos hago referencias a gente que me inspira, que hace la misma reflexión que yo en ese momento. Es el caso de Julio Medem y ´Los amantes del Círculo Polar´, que es una obra maestra. Tuve la oportunidad de conocerle cuando preparaba un reportaje sobre el País Vasco y fue un encuentro genial. Es como John Trudell, un músico indio americano con influencias de Lou Reed, que vi en la sala Suristán. El concierto, en el que estaríamos unas cuarenta personas, fue increíble, con su mezcla de rock y coros indios. Las últimas películas que más me han impactado han sido ´Amores perros´ de Alejandro González Iñarritu, ´La espalda del mundo´ de Javier Corcuera y ´Mullholland Drive´ de David Lynch. En cuanto a libros leo cosas de realismo mágico como ´Los límites de la noche´ o ´Nadie los vio salir´ del escritor mejicano Eduardo Antonio Parra o literatura euskera, como ´Odolbildua´ de Iosu Landa o ´Rebel mayo colorao´ de Paddy Rekalde. ´No Logo´ de Naomi Klein me parece imprescindible. Destacaría discos como ´Stay Human´ de Michael Franti (The Beatnigs, Disposable Heroes Of Hiphoprisy), el unplugged de Lauryn Hill, en el que parece que se le va a romper la voz, el reggae de Buju Banton, Sizzla, Anthony B o Luciano y, por supuesto, lo último de Smith & Mighty, unos maestros”. El recuerdo trae a colación los tiempos de Kortatu y Negu Gorriak. “Intento ser antinostálgico porque la nostalgia muchas veces es conservadora. En aquella época había una acción directa y una comunicación en la calle increíbles. Con los años se ha ido europeizando en el sentido peyorativo de la palabra. Por eso hay que recuperar a escritores como Carlos Marx, retomar lo que fue el dadaísmo y volver a formar cabaret voltaires en todas las ciudades”.

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