Una historia verdadera
Entrevistas / Them Crooked Vultures

Una historia verdadera

Toni Castarnado — 12-11-2009
Fotógrafo — Archivo

El rumor es casi siempre la antesala a la noticia. En el caso que nos ocupa fue el propio Dave Grohl quien, hace cosa de cuatro años, soltó esta bomba ante el asedio de la prensa: “el siguiente disco lo grabaré con Josh Homme a la guitarra y John Paul Jones al bajo”. En todo caso, el ex Nirvana no mentía. Aquí está “Them Crooked Vultures” para desvelar la verdad.

Mientras Foo Fighters publican su “Greatest Hits”, Queens Of The Stone Age se toman un respiro para oxigenarse y John Paul Jones –nuestro afable y sencillo interlocutor vía telefónica desde Los Angeles- descarta una posible reunión de Led Zeppelin, llega el momento propicio para presentar una aventura muy especial, la que Dave Grohl, Josh Homme y el bajista británico están protagonizando bajo el nombre de Them Crooked Vultures. Aunque este tipo de asociaciones no son siempre del todo fiables, en esta ocasión parece que todo ha funcionado como miel sobre hojuelas, dando como resultado una clase magistral de rock en estado puro con el sello de sus autores. “Las sensaciones son fantásticas. Estoy muy satisfecho con el resultado del álbum. Lo grabamos prácticamente todo en el estudio tocando juntos y al mismo tiempo. Teníamos allí toda la maquinaria necesario, así que podía mezclar todo al instante. Era una sensación muy especial. Tocamos en el estudio como si estuviésemos en un local de ensayo o en el sótano de una de nuestras casas y enseguida veíamos los resultados, las pruebas instantáneas de lo que habíamos hecho. Además, como este proyecto era un secreto que teníamos guardado desde hacía mucho tiempo, teníamos la percepción de que estábamos haciendo algo presuntamente ilegal, ocultando una información que podía ser muy valiosa para mucha gente. Fue divertido sentirse como un chico travieso”.

En Them Crooked Vultures, cada músico ocupa su posición, cada uno tiene un papel asignado. Los egos, las manías y los caprichos de los tres artistas han quedado totalmente al margen. “Fue un proceso muy orgánico. Ellos son dos grandes músicos, Dave disfruta mucho tocando la batería, para él era como volver inusitadamente a sus orígenes, y Josh es un guitarrista muy fino, uno de mis favoritos, además de buen cantante y gran letrista también. En un principio nos lo tomamos como una jam. Nos parecía el proceso natural para encontrar el camino de las canciones. Los tres tenemos mucha experiencia, sabemos tocar y escuchar lo que hacen los demás, no hace falta explicar a tus compañeros qué es lo que deben hacer. Si algo no funciona, nos damos cuenta todos al instante. Eso es lo que muestra si hay o no hay química entre los músicos. Trabajar juntos fue muy sencillo, muy natural. Nos divertimos y nos reímos un montón. La verdad es que fue una experiencia enriquecedora”. John Paul Jones ya había colaborado con Foo Fighters en “In Your Honor” (2005), y participó junto a Jimmy Page en la segunda de las dos noches históricas que los estadounidenses protagonizaron en el estadio de Wembley, como constata el DVD que se publicó del evento. Dave Grohl, por su parte, había tocado la batería en Queens Of The Stone Age. El círculo se iba estrechando, pero faltaba comprobar cómo iba a funcionar la conexión entre el experimentado y legendario bajista y el fornido ex Kyuss. En todo caso, y vistos los resultados, parece que muy bien. Una sana respuesta al siempre esperado regreso de Led Zeppelin. “Para mí, esto no es un retorno porque nunca me he sentido como si estuviese fuera de este juego. Hacía poco que había llevado a cabo la reunión efímera de Led Zeppelin para la fiesta de Atlantic y después estuve durante un tiempo probando con Jimmy Page y Jasón Bonham, pero eso es todo. Desde un buen principio Robert Plant dijo que no estaba interesado, que para él Led Zeppelin era un ciclo que había terminado, mientras que Jimmy Page tenía entre ceja y ceja activar de nuevo el grupo, costase lo que costase, pero con la condición de que si no estaba Robert debería ser un proyecto con un nombre y un sonido distintos, una banda totalmente diferente. Probamos o pensamos en otros cantantes, pero la idea no nos satisfizo, hasta que al final nos percatamos por nosotros mismos de que ese no era el camino correcto. Entonces apareció Dave, que me preguntó si estaba interesado en empezar una nueva banda con él. Pensé que me estaba haciendo un favor, porque así dejaría de pensar en ese proyecto fallido. Mi cerebro tomó aire y me sentí liberado. De nuevo empecé a tocar muy bien, con otro ímpetu. Me ilusionaba empezar con una nueva banda. Por eso precisamente no tengo la sensación de estar de vuelta. En cambió, sí puedo afirmar que Them Crooked Vultures me ha devuelto la ilusión”. Como en el reciente ejemplo de Johnny Marr con The Cribs, era interesante comprobar cómo iban a congeniar músicos de generaciones distintas. “En realidad, mantengo la misma pasión por la música que Dave y Josh, con la diferencia de que ellos vienen con la inercia de Foo Fighters y Queens Of The Stone Age. Por mi parte, yo aporto mucha sensibilidad, alma. El problema es que, para gente como yo, que está metida en el rock’n’roll desde hace tanto, aquella primera generación del rock nos queda ya muy lejos y te da la sensación de que, aunque hayas tenido períodos de inactividad, nunca has dejado de dedicarte a esto y que por mucho que quieras no puedes dejar de ser músico. El tiempo pasa y tú sigues ahí como si nada hubiese sucedido. Pregúntaselo a Mick Jagger o a Keith Richards, seguro que están de acuerdo conmigo. Con contar las giras que llevan acumuladas sería suficiente. Cada día que pasa te sientes mejor músico y no quieres dejar de explorar. Quieres ser más complejo, experimentar. Lo peligroso es mirar demasiado al pasado. Si lo haces, artísticamente vas a cavar tu propia tumba. Por eso no he perdido ni la energía, ni la pasión, con lo que puedo compartir experiencias con chicos como estos y disfrutar tocando en una banda”.

Una de las leyendas acerca de la creación de Them Crooked Vultures es la que cuenta que, aprovechando la fiesta de su cuarenta cumpleaños, Dave Grohl sentó a los implicados en una misma mesa para comprobar si había o no química entre ellos. “No fue exactamente en la fiesta de cumpleaños de Dave cuando llegamos a ese trato. Fue al día siguiente. Hicimos una jam y nos dimos cuenta de que aquello fluía, que había una excelente interacción entre nosotros. Hasta el mes de enero no intercambie información con Josh. Yo venía de un período oscuro, tras pasar unos días entre sombras. La casa se me caía encima y las noches eran interminables. Empezar con todo esto, conocer en profundidad a Josh y conocer a alguien tan positivo y vital como Dave me ayudó a superar ese bache. De inmediato nos pusimos a tocar, y sobre todo Josh supo como sacar provecho de nuestras virtudes. Sabe aunar a la gente, aconsejando, arriesgando, sabe dirigir y conducir una jornada de trabajo. Es un técnico excelente, sobre todo cuando se trata de guitarras. Me impresionó su forma de trabajar y la capacidad de esfuerzo de Dave. Para él ha sido muy refrescante tocar la batería con la energía de los tiempos de Nirvana. Al principio parecía algo oxidado (risas), pero rápidamente se puso en forma. Es puro nervio. De Josh también me impresionó su visión de los conciertos. Es un improvisador nato, muy aventurero. Puedes hacer quince o veinte conciertos con él y todos serán distintos”.

Hablando de conciertos, el trío se subió por primera vez a un escenario el pasado 9 de agosto, en la sala Metro de Chicago. “Hacía mucho calor, el sitio era pequeño. Lo sorprendente era que entre el público nadie se sabía ninguna de las canciones, ni tan siquiera ‘No One Loves Me & Neither Do I’ o ‘Elephant’. Estaban plenamente concentrados como si se las hubiesen aprendido, con el sólo propósito de escucharlas, disfrutarlas e incluso analizar lo que estábamos haciendo. Era curioso observar desde arriba esa extraña conexión. Fue una experiencia muy diferente para los tres, acostumbrados a que todo el mundo se sepa las letras y las notas de todas tus canciones. La atmósfera era eléctrica, muy pura, había que trabajar duro, en una sala llena hasta los topes, con poco espacio para maniobrar. Me gustó experimentar un concierto desde esa vertiente, con otros objetivos en mente, otras pautas”. De lo que no cabe duda, acepten ellos o no esa responsabilidad, es que estamos ante uno de los acontecimientos musicales de este año que está a punto de acabar. “Desde dentro no vemos el proyecto como algo muy grande, más bien lo sentimos como algo más casual, más familiar. No estamos hablando de Led Zeppelin, aquello era otra cosa. No hemos notado la presión en absoluto. Al final los que decidimos somos nosotros, y yo recuerdo que en Led Zeppelin las decisiones, en ocasiones, las tomaban otros. Them Crooked Vultures empezamos de cero, y eso ahora mismo es una ventaja. Sé que hay expectación, es lógico, pero nuestra visión es más tranquila, más serena. Mi única presión es la de enfrentarme de nuevo con la prensa (risas). En cuanto a la longevidad del grupo, hay ideas que no han entrado en este primer disco. Hay material pendiente para hacer más canciones, más música que queremos desarrollar, pero, cuando el año que viene vuelvan a la actividad Foo Fighters y Queens Of The Stone Age, estos tíos me devolverán al paro (risas).

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