Una de las separaciones más dolorosas de los últimos años ha sido la de Meg y Jack White y máxime cuando todavía eran capaces de entregar auténticas obras imperecederas como “Elephant”, el disco que protagonizaba esta entrevista.

Entrevista publicada en Marzo de 2003

Meg y Jack White son un encanto. Tan jovencitos, tan tímidos, tan sonrientes… tirados en el sofá de la sala de entrevistas de Everlasting, maqueados con sus uniformes blancos y rojos (incluidos los calcetines de Meg), devorando palmeras de chocolate y pidiendo perdón por ello, parecen personajes escapados de un cómic, superhéroes por accidente que a base de una falsa actitud pardilla contrarrestan con inteligencia los clichés discursivos de las bandas de moda. The White Stripes hacen creer que se lo creen todo pero, en realidad, no creen en nada. “La gente que nos observa por encima se debe pensar que somos una art-band o algo así, pero cuanto más hacemos esto más cuenta te das de lo poco importante que es lo que lleves puesto”, explica la mitad masculina del dúo. “Como sabemos que siempre vamos a llevar estos colores ya no tenemos que preocuparnos de lo que nos vamos a poner para el concierto. Es muy cómodo para nosotros porque nos permite concentrarnos más en la música”.

No se sabe si intentando epatar o desmitificar, lo cierto es que este tipo de cosas fueron las que llevaron a NME a nombrar al señor White como “la persona más cool en el mundo del rock”. Meg pregunta con sorna “the coolest what…?” y Jack se descojona. “Ya sabes cómo son estas cosas: el mes que viene escogerán a otra persona, pero tienen gracia este tipo de distinciones en plan ´el hombre vivo más sexy´. Se lo enseñaré a mis hijos cuando sean adolescentes y me digan que no les gusta la música. Se lo enseñaré y les diré ´¿ves?´”.

De dos años a esta parte, los White Stripes han estado en boca de todos los que querían presumir de controlar lo que más mola en el mundillo de la música alternativa. Al rebufo del boom neoyorquino que capitanearon los Strokes, Meg y Jack ofrecieron desde Detroit y gracias a su tercer álbum, “White Blood Cells” (XL, 01), una vía alternativa que conjugaba un mayor sentido de la autenticidad (ciñéndose con fidelidad al garage, blues y rock en estado puro) con un espíritu posmoderno y una imagen tan rompedora como completamente distintiva. Con todo esto, ser fan de los Whites se convirtió también en credencial de ´buen gusto´. “No sé si nuestros seguidores son cool o no”, se pregunta Jack. “No se puede ver objetivamente. Es difícil decir que alguien no mole porque le gusten las bandas de nu-metal o de hip-hop o lo que sea. Es algo que depende de tu percepción, así que no sé”. Ciertamente, hay actitudes que se podrían percibir de mil maneras distintas. Por ejemplo, que las copias previas de “Elephant” que se distribuyeran entre los periodistas sólo existieran en formato vinilo. “Queríamos que sólo nos entrevistara gente que tuviese tocadiscos”, justifican ellos con un poco de cachondeo, pero sin negar que son, evidentemente, pro-vinilistas: “Oh, sí. Es seguir la idea de que si amas la música y quieres implicarte un poco es la forma de acercarte más fácilmente a los originales”. Al parecer, y siguiendo con la capacidad de sorpresa del dúo, se espera que haya seis ediciones diferentes de “Elephant”, con portadas distintas según el país en que se edite, y las expectativas apuntan a que éste podría ser el álbum más rentable de la historia por lo barato y rápido de su grabación y por la cantidad de copias que esperan vender, especialmente en el Reino Unido (“allí el público nos recibe con más intensidad”). Reconoce Jack que este cuarto trabajo no aporta nada excesivamente nuevo con respecto a los anteriores (“no hay ninguna voluntad de evolución en la banda, pero creo que expresa perfectamente la idea de lo que es ahora White Stripes dentro de la cultura popular”) y que, dejando aparte el salto a la fama que supuso “White Blood Cells”, su disco favorito sigue siendo el primero, “The White Stripes” (99). “Es el más intenso -explica el vocalista-, mientras que el segundo (“De Stijl”, 00) me gusta mucho porque demostraba que no éramos una banda de un solo registro y que no íbamos a hacer lo mismo una y otra vez. Mostró cuáles eran nuestras personalidades y la creatividad que se puede generar con sólo dos personas”.
Luego llegó el ´hype´ -dicen que de forma completamente insospechada- pero sus vidas “creativamente, no cambiaron en absoluto. Simplemente nos cambiamos de casa”, añade Meg, quien, por cierto, se ha atrevido ahora a tomar la voz cantante por primera vez, concretamente en el tema “Cold, Cold Night”. “Bueno, surgió así. Yo no canto mucho, y con la banda me había limitado a hacer algunas voces. En este álbum Jack escribió la canción para mí, y al principio estaba un poco nerviosa, pero creo que no ha salido mal”. La batería también interviene vocalmente en la más que curiosa “It´s True That We Love One Another”, un ménage a tróis completado por la voz de Holly Golightly (ex componente junto a Billy Childish de la banda de ultraculto Thee Headcoats) y en el que se parodia uno de los mitos autocreados por los Whites. Ya saben: ellos perjuran que son hermanos aunque se dice que en realidad fueron matrimonio. De hecho, la siempre sensacionalista prensa musical británica ya se encargó de descubrir el certificado de la alianza y el del divorcio. “La idea de la canción era utilizar nuestros tres nombres y crear una situación imaginaria en la que Holly y yo estuviéramos enamorados y nos pusiéramos a discutir y luego llegara Meg y trajera nuevas discusiones”. Con la Golightly entonando “es cierto que nos amamos el uno al otro/ yo amo a Jack White como si fuese mi hermano pequeño” comienza uno de las temas más divertidamente perversos del año, un nuevo ejemplo del talento de este tipo a la hora de reírse del mundo. “Creo que la parte más importante de nuestras canciones es la narración, lo demás es un truco para que se preste atención a la historia”, explica. “Creo que he aportado mi propio estilo a una serie de nociones relativas al amor o a las relaciones, a la lucha… temas tópicos en el rock pero usando ciertas metáforas que me gustan”. El “Creo que olí una rata” que aparecía en su disco anterior podría ser uno de los ejemplos más gráficos de un imaginario tan crudo como naïf, una iconografía que, al igual que la de They Might Be Giants, entronca deliberadamente con el mundo infantil. “El punto de vista de los niños es más puro, más claro que el de los adultos. Recibimos muchas ideas de ahí. De hecho, cuando una canción mía le gusta a un niño es cuando sé que es buena”. En ello interviene, de nuevo, el concepto visual de la banda, representado no sólo por su puesta en escena y los diseños de su merchandising, sino también por videoclips como el multipremiado “Fell In Love With A Girl”, en el que el gran Michel Gondry los convertía en figuras de Lego pixelizadas. “Quizás sea la parte menos importante de la banda, todo ese rollo flasheante MTV -dice Jack-, pero nos gusta implicar a gente creativa. Ahora vamos a trabajar con Jim Jarmusch, que va a dirigir el vídeo para el segundo single, ´There´s No Home For You Here´”.

No hay duda: los White Stripes ya se codean con la elite en el mundo del espectáculo. Si el autor de “Noche en la tierra” les hace vídeos, Anthony Minghella (“El paciente inglés”) también llamó a Jack White para intervenir en la banda sonora y hacer un papel -codeándose con Nicole Kidman y Jude Law- en su nueva película, el western “Cold Mountain”. “Realmente querían a alguien que fuese ungran amante de la música folk americana. Le encargaron la banda sonora a T-Bone Burnett y él me recomendó. Fue curioso, porque yo no lo conocía de antes ni tenía ni idea de que él supiese lo que yo estaba haciendo, pero resulta que le encantan los White Stripes”. Así fue. Hasta el punto de que en pleno rodaje, en Transilvania, se improvisó un concierto de la banda. “El director quería que tocáramos para los actores y el equipo. Fue bastante guay, aunque me costó hacer a Meg ir hasta allí”. A ello se unió, además, la oportunidad de telonear a los Rolling Stones en su última gira. “Alucinante. La verdad es que no sé cómo hemos llegado a esto”, afirma Jack; aunque Meg lo atenúa: “Bueno, los fans de los Stones no nos prestaron demasiada atención, les dimos igual. Eran sitios con asientos, gente un poco mayor… Ni siquiera vinieron a vernos nuestros amigos porque era demasiado caro. Pero no estuvo mal, podían habernos abucheado pero no fue así”. Y, como factor inverso, la creciente fama de White Stripes ha servido para que apadrinen a otras bandas emergentes de su Detroit natal, caso de Soledad Brothers o The Von Bondies. Jack apunta: “Sí, creo que es una buena oportunidad para ellos. Nosotros no la tuvimos cuando empezamos y muchas veces nos vimos obligados a tocar con bandas que no nos gustaban. Ahora podemos encabezar giras en las que nos rodeamos sólo de grupos que nos molan de Detroit. Quizás sea algo egoísta, porque es una forma de promocionar a nuestros amigos, pero lo cierto es que de dos años a esta parte allí están saliendo bandas realmente interesantes: creo que las mejores del mundo”. Machada casi final, pero a mí todavía me quedaba una carta en la manga, la pregunta del millón. Eeer… ¿realmente sois hermanos? Meg y Jack responden al unísono con una dulce sonrisa. “Sí”.