Once años han pasado desde que el cuarteto londinense, el supergrupo integrado por Damon Albarn (Blur, Gorillaz), Paul Simonon (The Clash, Havana 3 AM), Tony Allen (Fela Kuti) y Simon Tong (The Verve), entregase aquel álbum homónimo que emergió como una de las más fascinantes aventuras paralelas comandadas por el frontman de Blur.

Ahora el contexto es muy diferente, y si aquel era un álbum esencialmente londinense, este fascinante “Merrie Land” (Warner, 2018) amplía el foco para proyectar una mirada agridulce a la Inglaterra del Brexit, mediante un sonido tan brumoso como seductor, en el que las sombras del vodevil, del music hall, del pop esquivo y ciertos elementos teatrales se dan de nuevo la mano, bajo producción del histórico Tony Visconti (David Bowie). Paul Simonon nos atiende al teléfono desde Londres, para charlar sobre el disco y algunas otras cosas más.

¿Qué ha cambiado para The Good, The Bad and The Queen en estos once años transcurridos desde vuestro último disco, y cómo se refleja eso en este álbum?
El principal cambio es haber podido contar con Tony Visconti. Y fue muy positivo, porque hizo que pudiéramos trazar un plan para empezar a trabajar de nuevo juntos. Si no hubiera aparecido, nos hubiéramos tirado diez años más perfilando ideas y sin concretarlas en un disco. Él nos hizo sentarnos, hablar, meternos en un estudio de grabación y salir de él con este resultado. Él fue quien hizo la criba para seleccionar de entre todas las canciones que teníamos ya escritas.

“Hay que aprender de los errores del pasado, y también de las cosas positivas, para hacer que las todo pueda progresar”.

¿Es cierto que fue idea tuya la de contar con él?
Así es. Y hay una razón: cuando empecé a escuchar las nuevas canciones de Damon (Albarn), me recordaron mucho, por su forma de cantar, a Anthony Newley. Puede que no lo conozcas, pero él fue una de las grandes influencias de David Bowie en los inicios de su carrera. Así que tanto por la conexión obvia de Visconti con Bowie como por esa idea sobre Newley que yo tenía en mente, me parecía una gran combinación. Son todos de Londres, como Damon, y tienen un background similar y una forma parecida de expresar las cosas. La forma de cantar de Damon está en la misma órbita.

¿Y qué os movió a (precisamente) salir de Londres y grabar en Blackpool?
Hicimos las primeras demos en Londres. Pero, comparada con Blackpool, o Birmingham o muchas otras ciudades inglesas, Londres es una ciudad muy rica, a pesar de que haya gente pobre en sus calles. Fuera de ella, las cosas son más duras. En Blackpool, por ejemplo, también hay ricos y pobres, obviamente, pero en general no reciben la suficiente inversión económica por parte del gobierno. Todo está un poco desgastado, viejo. Londres es como vivir en una burbuja.

¿Es por eso que definís este como un disco más inglés, en un sentido amplio, que londinense, al contrario de lo que ocurría con ‘The Good The Bad and The Queen‘ (2007)?
Se podría decir que sí, aunque en mi opinión el disco trata de celebrar la diversidad cultural de nuestro país, y cómo de especial y mágica puede ser esa combinación de gentes llegadas de cualquier lugar del mundo cuando crecen aquí.

He leído que parte de la inspiración le vino a Damon (Albarn) a través de viajes desde el norte de Inglaterra hasta Londres, de norte a sur. ¿Es así?
Sí, ha sido así, porque te da otra visión del país. Sales de la burbuja de Londres y te das cuenta de ello. Blackpool, por ejemplo, es una ciudad junto al mar, con playa, y cientos de turistas que acuden a pasar el día durante el verano. Pero en invierno se queda vacía, y es realmente oscura. Casi como una ciudad fantasma. Incluso hay veces, en verano, en que prácticamente no hay sol, solo lluvia. Todo eso te cambia la perspectiva.

“Mucha gente aún tiene esa visión romántica de que antes todo era maravilloso, y no era así”.

En las letras de The Good, The Bad and The Queen hay una constante: la utilización de la historia para proyectar su sombra sobre el presente. ¿Crees que conocer el pasado de un pueblo nos ayuda a entender cómo es en la actualidad?
Totalmente. Incluso para entender el futuro. Si miramos nuestro pasado, lo entenderemos mejor. Hay que aprender de los errores del pasado, y también de las cosas positivas, para hacer que todo pueda progresar. Por explicarlo de una forma sencilla: cuando yo era un chaval, si me metía en problemas, mi padre me daba una buena tunda. Quizá era así por la experiencia que él mismo tuvo de joven, una vida bastante dura. Yo a mis hijos no les pego, claro, y tampoco soy excesivamente duro con ellos, porque di con una forma alternativa de reprenderles. Es algo que he aprendido del pasado, y no quiero repetir lo que experimenté con mi padre.

Y hablando en un sentido más amplio, ¿crees que la Inglaterra del Brexit está sabiendo cómo aprender de su pasado?
Bueno, precisamente en su pasado hay cosas buenas y malas. Mucha gente puede estar descontenta con cómo es Inglaterra a día de hoy por miedo a los inmigrantes, en lugar de celebrar esa combinación de culturas, que es como yo lo siento.

Tanto tú como Damon (Albarn), Tony (Allen) y Simon (Tong) tenéis un distinto bagaje musical, incluso procedéis de generaciones distintas. ¿Os resulta siempre fácil que todo fluya con naturalidad en la banda?
Sí, porque creo que los cuatro somos imaginativos y creativos. Tenemos la mente abierta, y todo lo que pretendemos es hacer un gran álbum juntos. No queremos hacer una continuación de nuestras carreras por separado. Y ahí no importa ya ni la edad, tan solo el interés en ser creativos. No hay barreras entre nosotros.

En cierto modo, el eclecticismo e incluso la diversidad de nutrientes sonoros de vuestra propuesta no puede estar más lejos de toda aquella gente (demográficamente mayor que el resto del país) que abogó por recluirse en las viejas esencias y cerrar la puerta a Europa, ¿no?
Porque lo que quieren es volver atrás. Sienten una nostalgia sentimental del pasado. Y el problema es que lo están idealizando. Mis padres, cuando me hablaban de los años cincuenta, me contaban que fueron horribles. Aún arrastrábamos el peso de una segunda guerra mundial, y la gente se alimentaba con cartillas de racionamiento. No había ninguna de las facilidades de las que disfrutamos hoy en día. Era hostil y deprimente. Pero mucha gente aún tiene esta visión romántica de que todo era maravilloso, y no era así.

¿Dirías que este álbum es optimista o pesimista?
Creo que ambas cosas. Es oscuro en general, pero con canciones que aligeran un poco ese tono. Supongo que lo has escuchado…

Sí, claro, y me da la impresión de que la segunda mitad del álbum emite más esperanza…
Puede ser. Eso es bueno. Al menos es mejor que si fuera optimista al principio y pesimista en su último tramo (risas).

Hablando sobre ti, en concreto: después de The Clash y Havana 3AM, has estado mucho más tiempo volcado en la pintura y en el diseño que en la música. ¿No es así?
Desde que era un crío, siempre quise ser pintor. Por muchas razones, entre ellas que me daba mucha libertad creativa, y que me daba cuenta de que aunque no era ni mucho menos de los mejores, tampoco lo hacía nada mal. Y porque hay muchos artistas que comparten nombre conmigo: Pablo, Paolo, hay muchos artistas que se llaman como yo. Hace poco me enteré de que el primer nombre de Jackson Pollock también fue Paul. Fueron todas señales de que ahí, en la pintura, estaba mi carrera (risas).

He podido ver que en 2003 expusiste una serie de cuadros taurinos, tras una visita a España. ¿Qué es lo que te atrae de ese mundo?
Siempre hay una razón para todo. Estuve en la National Gallery británica, había una réplica del Santo Entierro de Caravaggio. Es un cuadro en el que se ve a Cristo descendiendo de la cruz, recogido por sus fieles. Años más tarde fui a España con un amigo, que me invitó a los toros, y decidí aceptar e ir para formarme mi propia opinión. Uno de los toreros, Antonio Barrera, fue cogido por un toro, y su equipo corrió hacia él para llevarlo en volandas a la enfermería. Lo cogieron entre varios, recostándolo sobre el capote. No sé si ves la conexión entre uno y otro cuadro, pero si canbias el capote por un sudario, la imagen que te viene a la cabeza es la del Cristo de Caravaggio. Y eso es lo que me llevó a querer ir más allá con todo esto de los toros, aunque en Inglaterra todo el mundo piense que es algo estúpido, más que nada por desconocimiento.

No tocáis en directo desde 2011. Tenéis ya algunas fechas anunciadas para diciembre en el Reino Unido. ¿Se extenderán al resto de Europa?
Creo que sí. Seguro, las habrá.