Els Surfing Sirles son como si Ramon Llull liderara a MC5, tocan rock’n’roll frenético con el espíritu de un hatajo de perturbados terroristas ye-yé’s.

Si dibujases una línea roja en el suelo, a los Surfing Sirles les faltaría tiempo por meter la puntita del pie al otro lado y en ningún momento dejarían de mirarte a la cara con media sonrisa bribona. Hablamos de ese tipo de gente. “No es que lo hagamos adrede. Es que somos así”, aclara Martí Sales. Sales es también escritor (e hijo y nieto de escritor, a su vez) y su bagaje literario sumado a unas incontenibles ganas de pasarlo bien es lo que diferencia a los Sirles del resto de los humanos. “Las letras sobre chicas del rock’n’roll me aburren, otra cosa es la música”, comenta. Y puede que canten un par de estrofas del medieval Cant de la Sibil·la, citen a Verdaguer y Rodoreda en entrevistas y sus temas contengan imágenes más propias de un poemario que de un disco de rock’n’roll, pero lo mejor de todo es que consiguen que todo ello suene carente de toda pretensión. “Me alegra que lo veas así, porque no tenemos ninguna. Lo único que queremos es hacer canciones chulas y conciertos potentes”. “No hay premeditación”, aclara Sales. “Nos gustan algunas canciones de Julio Iglesias, Wagner, el flamenco, la psicodelia… A los cuatro nos gusta mucho la música y todo pasa por el turmix, pero no le damos demasiadas vueltas. Escuchamos lo que escuchamos y hacemos lo que nos sale. Y eso también vale para la letras”. En resumen: música con cerebro pero escrita desde la parte baja del estómago. Como ya sucedía en su debut, “LP” (Bankrobber, 10), Sales, Xavi García y los hermanos Guillem y Uri Caballero ofrecen en su segundo largo un explosivo cóctel de canallismo ilustrado, irreverencia indiscriminada y desproporcionadas y (probablemente) poco saludables dosis de diversión.