“Nos gusta que la música suene humana e imperfecta”
Entrevistas / Sylvan Esso

“Nos gusta que la música suene humana e imperfecta”

Carlos Pérez de Ziriza — 28-09-2020
Fotógrafo — Archivo

El tándem que forman Amelia Meath y Nick Sanborn acaba de publicar un fantástico tercer álbum. “Free Love” (Loma Vista/Caroline/Music As Usual, 2020) es una colección de canciones de pop electrónico en la que la instrumentación, los sintetizadores y todos y cada uno de los detalles de producción aplicados, transpiran exactamente la misma humanidad que sus cuidados textos.

Quizá sea porque Amelia formó parte – hace años – de Mountain Man y Nick hizo lo propio en Megafaun, bandas de rock de raíces. El caso es que no es exagerado decir que es no solo su mejor trabajo. También es uno de los mejores de este complicado año. Sylvan Esso, es decir, ambos nos atienden por zoom desde su casa en Durham (Carolina del Note). Empatizar con ellos es tan fácil como hacerlo con sus canciones. Hablar con ellos es hacerlo del contacto (perdido) con el público, de su concepto de lo que debe ser la música del momento y hasta de las próximas elecciones en su país.

A finales de 2019 os embarcasteis en una breve gira, llamada WITH, con una banda de ocho músicos, todos amigos vuestros – entre ellos Jenn Wasner de Wye Oak, junto a gente de Mountain Man (la antigua banda de Amelia), Hand Habits o Mandolin Orange – con conciertos en el Beacon Theatre de Nueva York y en el Ryman Auditorium de Nashville. Y de la que se publicó el disco en directo. De hecho, hay también un video documental completo está en youtube. ¿Os influyó ese formato para haberos pasado ahora al extremo opuesto, al sonido más doméstico y minimalista en toda vuestra carrera?
Nick: Por extraño que resulte, lo que nos proporcionó la gira WITH fue el darnos cuenta de que podíamos tocar más despacio, sentirnos más relajados a como lo hacíamos habitualmente. Cuando estás en una banda que está empezando a progresar, tocando delante de un público cada vez mayor, tienes la tentación de tocar material que encaje en ese contexto. Empiezas a pensar en el Coachella o en el Primavera Sound. Pero hay algo en eso que no funciona para nosotros, porque no puedes olvidar la música que te hizo querer empezar en esto, la que te sale de forma natural. Irónicamente, la gira WITH, con una banda tan grande, nos dio la oportunidad de relajarnos bastante durante aquellos conciertos. La confianza para dejar que las cosas sucedan, que es lo que aplicamos al proceso de grabación del disco en su fase final, y no preocuparnos de hincharlo todo. Si al minuto sentimos que la canción nos lleva a donde queríamos, la dejamos como está.

¿Fue todo grabado antes del confinamiento?
Amelia: Se grabó todo antes, estábamos mezclándolo en Los Ángeles cuando se impuso el confinamiento total. Nos volvimos a Carolina del Norte, donde vivimos. El mundo ya era terrorífico antes de la pandemia, al menos en Norteamérica.
Nick: En Norteamérica especialmente. Es curioso, porque antes de la pandemia pensábamos que la temática de algunas canciones estaba yendo demasiado lejos, centrándose demasiado en nuestras propias ansiedades, y todo lo que ha ocurrido este año lo ha destilado hasta disiparse.

“¿Qué es de un país sin cultura? Yo creo que es el alma de nuestra especie”.

Es un tópico preguntar esto, los periodistas lo hacemos ya casi en cada entrevista, pero ¿creéis que alguna de las canciones cobró un significado nuevo tras el mes de abril? Ya solo desde el título, ese “Free Love”, algo que hoy en día se antoja complicado cuando ni siquiera podemos abrazar a mucha de la gente a la que queremos. O cuando vosotros tampoco sabéis cuándo vais a volver a tener un contacto directo con vuestros fans.
Amelia: Sí, totalmente. En circunstancias tan dramáticas, es fácil que el arte que florezca sea demasiado ramplón, demasiado obvio. Pero nos sentimos muy agradecidos porque, en lugar de sentir que estamos haciendo algo coyuntural, muy del momento, ocurre que como ya escribimos habitualmente sobre el miedo y el sentimiento de aislamiento en general, eso también ha permitido a la gente procesar cómo se sienten en los últimos meses.
Nick: Creo que mi relación con todas mis canciones favoritas también ha cambiado conforme me hago mayor. Con cada nuevo capítulo de mi vida, las escucho de una forma diferente. Y una de las cosas por las que le estoy agradecido a este disco es porque lo escucho de una forma distinta ahora, y también veo de una forma distinta todo lo que grabamos hace cinco o seis años.

Quizá sea esa también la clave para vuestros seguidores, a juzgar por la forma tan entusiasta que tiene de relacionarse con vuestra música. El videoclip de “Rooftop Dancing”, por ejemplo, grabado en una gran ciudad, con la gente llevando mascarillas, y con esa sensación de resistencia, bailando en las azoteas, inspira ese sentimiento de que las cosas, por fuerza, han de ir a mejor.
Nick: Tenemos suerte con la gente que ha dado con nosotros. Cuando pusimos en circulación el disco de “WITH” (2019), justo antes de la pandemia, sentimos que nuestro trabajo cambió. El hecho de hacerlo con gente a la que le importamos, hizo que cambiara. En circunstancias normales, habría sido una gira y un disco con la que hacer que nuestros fans se diviertan, y poco más, pero en este momento, después del confinamiento, muchos lo acogen como algo que teníamos que darle a la gente.
Amelia: Sí, el rol del artista cambia a veces.

Quizá el rol del artista, del profesional de la cultura, no se haya reconocido lo suficiente. Serán, o seréis, los últimos en salir de esta. Y a veces se os ve como simple entretenimiento.
Nick: ¿Qué es de un país sin cultura? Yo creo que es el alma de nuestra especie.
Amelia: Yo también creo que la forma en la que la gente piensa sobre el entretenimiento, que lo ven como una forma de escapismo, es en realidad solo el primer peldaño para procesar cómo te sientes sobre algo.
Nick: Y para conectar.
Amelia: Es como el principio de una conversación. No puedes entrar en una si alguien te dice “me siento así”. ¿Cómo respondes a eso? Es la forma en la que los políticos, o la gente en general, desacredita las artes, como simple escapismo.
Nick: Es una industria.
Amelia: Es inmersión.
Nick: Es lo mismo que hacen con el medio ambiente. Es una parte tan fundacional de nuestra especie, y del planeta en el que vivimos… pero hay una tendencia general a reducirlo todo a cosas cuantificables. Y ni la cultura ni el medio ambiente son cuantificables. Constituyen el tejido en el que vivimos.
Amelia: Y viven fuera del capitalismo.
Nick: Completamente.

¿Qué clase de sonidos os han servido de inspiración para “Free Love”? Igual es una tontería lo que voy a decir, pero a mí el sonido me recuerda mucho a la indietronica de principios de los 2000. Los discos de The Postal Service, Dntel, Lali Puna o The Notwist.
Nick: No, no, me lo tomo como un gran halago. Nunca pienso mucho en ello en ese sentido, pero es la música que me hizo meterme en la electrónica. “Bi-Pet” de Lali Puna es una canción fascinante, que aún escucho. Dntel es aún una gran influencia para nosotros. Su último disco, “Human voice” (2014), es uno de los que más escuché durante aquel año. Hay algo muy bueno sobre esa era, y es que introdujo la intimidad en la música electrónica. Eso es lo que más nos importa, hacer que la música electrónica suene profundamente humana e imperfecta.
Amelia: Yo también creo que aquella música electrónica fue la que me animó a meterme en esto. Entonces escuchábamos mucha música dance antigua. Empezamos a escuchar a Four Tet y sus DJ sets, y cosas así.
Nick: Siempre hemos escuchado música de baile de cualquier era, pero fue entonces cuando empecé también a meterme en el viejo techno de Detroit, o en los discos de Autechre de finales de los noventa, que fue una época dorada para mí, cuando estaba en el instituto, y sentía que la música podía serlo todo. Fue como mi segunda gran fase de descubrimiento musical, tras la sensación que tuve de niño cuando descubrí el jazz. Escuchar el EP 7 (1999) de Autechre fue otro momento crucial.

Creo que la combinación de intimismo de algunas canciones con momentos más expansivos, más físicos o bailables, es uno de los aciertos de Free Love (2020). La clave de su equilibrio.
Nick: Gracias. Una de las cosas que me gustan de la instrumentación electrónica es que son como un reflejo de ida y vuelta de nuestra idea de lo que es perfecto. Pero incluso si está justo en la cuadrícula, si lo aceptamos tal y como sería una forma perfecta de tocar la batería, combinar esa perfección computerizada con la imperfección humana es algo que apunta a la relación que tenemos con nuestros ideales, en un sentido que nos parece importante.

“Cuando estamos en el estudio juntos hablando sobre cómo hacer que una canción fluya, siempre buscamos su rastro emocional, y eso nos lleva a tomar decisiones extrañas”.

¿Creéis que la música electrónica se ha hecho demasiado cerebral, que deja poco espacio para el error, que también puede ser bello?
Nick: Tampoco creo que estemos haciendo algo distinto a lo que hace cualquier otra banda. pero siempre ha estado ese factor ahí. Ocurría con Mountain Man, la banda en la que estaba Amelia, que siempre estaban apuntando hacia otro lado. Un intento de externalizar una emoción y ver si alguien te escucha.
Amelia: Sí, creo que nuestra forma de escribir, cuando estamos en el estudio juntos hablando sobre cómo hacer que una canción fluya, siempre buscamos su rastro emocional, y eso nos lleva a tomar decisiones extrañas, que son muy humanas. Añadir el sonido del timbre de un ascensor en un momento de una canción. O en “Frequency”, que habla sobre el sentimiento de auténtica electricidad que sientes cuando tienes catorce años y te gusta mucho otra persona, y eliminamos el bajo excepto en el momento en el que canto sobre eso, y suena como un ruido muy extraño. Son decisiones musicales extrañas, que empatizan con la realidad emocional de la canción.

Contadnos algo sobre la escena de vuestra ciudad, Durham (Carolina del Note). Aquí siempre hemos tenido muy presente a Chapel Hill, por lo que aportó a la escena indie de los noventa. Y algo antes a Winston-Salem, por bandas de guitarras de los ochenta como Let’s Active o The DB’s. Pero apenas identificamos a Durham con una escena concreta.
Nick: Es una comunidad musical asombrosamente rica. Durham fue históricamente una ciudad negra, algo que ha cambiado en las últimas décadas, y la escena musical es muy diversa. Todo el mundo hace una cosa diferente. Y gracias a Chapel Hill, que está a menos de veinte kilómetros, y al trabajo de Merge Records, hay ese sentimiento de que existe una generación a la que admirar como músicos. Hay un conocimiento general de que los músicos de aquí tenemos suerte de eso. Y hay muchos artistas que viven de su trabajo. Al menos hasta que la pandemia llegó. Toneladas de músicos en gira. Están His Golden Messenger, The Mountain Goats – John Darnielle vive a unas manzanas de nosotros – , pero también hay una gran escena de hip hop, con gente como Little Brother, Young Bull que hacen r’n’b y son fantásticos, una escena de productores de electrónica de dormitorio y una gran escena dance queer… es uno de esos sitios en los que (obviamente, antes de que todo esto pasara) cada día de la semana podías elegir entre un montón de ofertas distintas de música.
Amelia: Pero la escena es lo suficientemente pequeña para conocer a la gente. Y cada noche puedes tener tres opciones distintas.
Nick: Todo el mundo trabaja a un gran nivel, y creo que es fantástico poder ir a un gran concierto de bluegrass y que te motive a superarte a ti mismo, aunque sea un estilo completamente distinto al tuyo. Y eso puede ocurrir cualquier día de la semana.

Por cierto, Moses Sumney os dirigió el video de “Frequency”.
Amelia: Sí, somos muy amigos. Hicimos un concierto juntos cuando aún estábamos empezando. Creo que fue en 2014.
Nick: Yo creo que antes.
Amelia: Fue estupendo trabajar con él. Lo grabamos en una comunidad artística que está a cuatro horas de aquí, en Asheville, manteniendo la distancia social con todo el mundo. Al ser un espacio abierto, fue fácil.

Por cierto, que en vuestras redes sociales estáis siendo muy activos a la hora de concienciar a vuestros seguidores de la importancia de registrarse para votar en las elecciones de noviembre. Supongo que tendréis en mente que no ocurra lo mismo que hace cuatro años, cuando mucha gente que podría haber votado por Hillary Clinton se abstuvo, quizá por desmotivación, y propició lo que propició…
Nick: El horror que tenemos ahora, así.
Amelia: Es muy sonrojante.
Nick: Es profundamente sonrojante. También creo que puede haber un sentimiento de apatía hacia la política en todos los países. Especialmente entre la gente joven. Y creo que persiste. Convencer a la gente joven para que vote, es muy difícil. También era desmotivador para mí cuando era joven.
Amelia: Siempre hablamos de la gente joven, pero es también la gente mayor.
Nick: Pero la gente mayor vota más que la joven, y esa es una de las razones por las que tenemos a este presidente. Pero no nos centremos solo en la gente que nos escucha, que es mayoritariamente joven.
Amelia: Para mucha gente mayor es fácil echar la culpa a los jóvenes. Estoy cansada de eso.
Nick: Yo también. Sí que hay una sensación, que predomina más entre los jóvenes, y yo me incluyo, de que no importa mucho a quien votar, que ambas opciones son lo mismo, pero esta presidencia nos ha demostrado que no es el caso. Esta vez, si te quedas en casa en noviembre, es imposible que no sepas perfectamente lo que estás haciendo.
Amelia: Mucha gente de izquierdas puede sentirse defraudada con la nominación de Joe Biden como candidato, y pensar que no es lo suficientemente progresista, lo que es cierto, pero aquí se trata de elegir a la persona que quieres que sea tu enemiga, aquella con la que quieres luchar durante los próximos cuatro años.
Nick: Yo también creo que por mucho que me disguste muchas de las cosas que ha hecho Biden, o mucho lo que dice a diario, es alguien a quien he visto escuchar críticas y cambiar de postura.
Amelia: Sí, en eso es diferente a otros candidatos de la izquierda. Bernie Sanders era demasiado inflexible, y esa era uno de sus puntos débiles.
Nick: Al mismo tiempo, eso le permite que el partido fluctúe por todos los espectros de la izquierda. Hay mucha esperanza, pero también mucho miedo.
Amelia: Yo he estado llamando aleatoriamente por teléfono a vecinos de Carolina del Norte para animales a votar, creo que necesitaba algo de atención, alguien con quien hablar (risas).

¿Cómo tenéis pensado llevar el disco al directo, cuando podáis?
Amelia: Sinceramente, en este momento, si pudiera tocar con seguridad ante el público, me daría igual.
Nick: Yo tocaría en un Bar Mitzvah, en un encuentro de veteranos de guerra, donde fuera (risas). Una cosa que nos enseñó la gira de WITH es que un directo puede ser cualquier cosa que queramos. Ahora nos conformaríamos con actuar solo los dos. Amelia: Es lo que hemos estado haciendo durante años y años. Y tocar delante de mil personas…

¿Os habéis sentido en algún momento desbordados por la progresión, por el hecho de pasar de tocar ante cientos de personas a hacerlo ante miles?
Amelia: En cierto modo, pero es algo para estar agradecidos porque hemos trabajado muy duro, durante mucho tiempo. Y tampoco hemos pasado de tocar para 25 personas a, de repente, tocar para 2.000. Todo ha sido muy progresivo.
Nick: Hemos tocado en salas de todos los tamaños en todos los países (risas). Ha sido una progresión de fan a fan. He visto cómo la gente venía con un par de amigos, que luego venían con otro par de amigos al siguiente concierto, todo muy poco a poco. Y no ha sido porque ninguna canción nuestra sonara en la radio, o porque la MTV hiciera esto o lo otro, simplemente ha sido la gente conectando con nosotros, y descubriendo nuestra música a sus amigos, y eso hace que sintamos que nuestra carrera es más estable de lo que hubiera sido si se hubiera popularizado de cualquier otra forma.

Por cierto, Nick, una última curiosidad: estuviste tocando el bajo con Megafaun, y recuerdo con mucho cariño vuestro concierto en Valencia, en 2012. Me imagino que no habrá una resurrección de la banda, ¿no?
Nick: Yo solo fui el bajista para las giras. Es una de mis bandas favoritas de todos los tiempos, y me encantaría que ofrecieran más conciertos, conmigo o sin mí. Les adoro. Aquella fue una de las mejores giras, estuvimos también en Portugal, tres días completos en Lisboa, que es una de mis ciudades favoritas.

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