“A la panxa del bou”, segundo álbum de La Troba Kung-Fú, confirma lo que estaba claro de antemano. Formas de rumbear hay muchas y el estilo ha estado últimamente muy manoseado, puede que demasiado, pero el sello de La Troba es tan único como inimitable y esa es su gran valía. Ni más ni menos.

Flor de Primavera
“La Troba todavía puede dar mucho más en directo. Si consiguiéramos estar encerrados diez días ensayando sin parar, preparándolo, podríamos dar más porque la banda es un trueno. No sé, es mi sensación. Yo nunca había tocado en una banda así y no veo bandas así”
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Dicen que la sinceridad, la misma que va de la mano de una actitud honesta y cierta firmeza en las convicciones propias, que no ajenas, es un bien escaso en estos tiempos que nos ha tocado vivir. Sin embargo yo prefiero pensar que no es cierto. Que nunca ha sido así. Lo que sucede es que la maldad, la actitud interesada y el egoísmo ególatra se aprovecha de la ignorancia para imponerse sobre los justos. Puede que sea una certeza simple y cargada de cierta inocencia, pero conocer a personas de la pasta con la que está hecho Joan Garriga (cantante, compositor y alma de La Troba Kung-Fú) me da la suficiente fe para seguir pensando que no ando tan errado. Joan Garriga puede parecer algo taciturno desde la distancia y el desconocimiento, pero una hora de charla me convence de que me encuentro ante una persona muy especial. Un músico que vive conforme a una de esas máximas de nuestra tradición judeo-cristiana. “Predica con el ejemplo”. “No estoy mucho por la labor de hacer canciones de contenido político, cada vez menos. Y no es que no me interese la política, más bien al contrario. Hace mucho tiempo que tengo claro que la política la hacemos cada día… Estoy en un grupo en el que hay gente que piensa diferente; en el que no hay una norma escrita; donde no hay ley; donde las cosas que son en común, se deciden a la brava. Para mí, lo que estamos haciendo es un ejercicio de anarquismo, así que no me hace falta salir al escenario y decir según qué cosas, porque además también estoy harto de ver según qué slogans… No me interesan o no me los creo. Así que, para mí, el cómo vivimos, es suficiente”. Y así ha sido durante toda su trayectoria. Primero en los añorados, por un servidor, años de Dusminguet y después con su proyecto La Troba King-Fú, con el que, gracias a un primer disco cargado de aciertos en forma de canciones, consiguió que dejáramos la melancolía asociada a nuestra juventud a un lado. Pero estamos aquí para hablar de su segunda obra. Y es que “A la panxa del bou” es un digno sucesor de su primera diana, un disco que pasa como una exhalación por tu reproductor y genera la adicción de más escuchas. Y no es que las cosas hayan cambiado demasiado. Las novedades son la búsqueda de un sonido más orgánico, desechando la planicie de lo digital, y la aportación de Luis Arcos en la guitarra eléctrica, que le ha dado una dimensión más clásica y rockera al sonido de La Troba. Por lo demás todo sigue ahí. La combinación de ritmos como la rumba, la cumbia, el dub… con unas letras que demuestran una vez más que Joan Garriga posee una  sensibilidad especial en la lírica y no dice las cosas por decir en busca de la rima fácil. “Siempre ha habido por mi parte una intención de cuidar las letras y siempre han sido delicadas, aunque maquilladas con una actitud de pasota. Más que de revolucionarios hay una actitud de pasotas. Lo que pasa es que lo que es cursi para uno o para otro, es muy relativo. Si yo las notara cursi, supongo que ya no las escribiría. Hay cosas que me parecen potentes y ya está, no me parecen cursis, como ‘La flor de primavera’”. Una rumbita delicada de tempo lento y sinuoso que, según me explica el propio Joan, habla de esa huella tan potente que te dejan las cosas intensas que suelen ser las más efímeras. Una ley vital que dice que lo intenso es corto y a la vez es para siempre.

Nueva York-México D.F.-Barcelona

Inicialmente “A la panxa del bou” iba a concebirse de forma muy diferente a como lo ha hecho. La idea era grabarlo sobre la marcha, en carretera e ir sacando diferentes maxis asociados a los lugares en los que se escribían las canciones. Primero fue una estancia de diez días en Bushwick, un barrio del Brooklyn neoyorquino, en el que se concibieron canciones como “Petit Rumbero” o “María Hernández”… “En la tienda mexicana que teníamos bajo el piso que habíamos alquilado, ponían cumbia sonidera todo el día y me flipó mucho porque es muy ‘bacalaera’, así que acabé comprándome un montón de discos. También vendían camisas, camisetas de fútbol, pero todo muy mexicano. Bushwick era durante los ochenta un barrio negro muy tocado por el crack y, de hecho, María Hernández es una mujer que quemaron por luchar contra la droga en la zona. Era un barrio impenetrable que empezó a cambiar en los noventa. Ahora los negros se han quedado con los pisos más antiguos y todo lo demás está ocupado por sudamericanos como ecuatorianos, salvadoreños puertorriqueños…”. De la Gran Manzana es también el que se me antoja como uno de lo mejores temas de La Troba, “Subway Walk”, una canción que se inicia con un rapeado en el que Joan se revindica en muchos sentidos. Defiende su forma de hacer rumba, de mezclar lo que se le antoja y de cantarla en el idioma que le rote y todo para que la canción acabe explotando en un estribillo que se queda grabado a fuego en el cerebro. “Ese tema ha sido una locura e incluso hubo momentos en que lo dejamos a un lado porque pensaba que era una mierda. Pero siempre volvía a él, y estoy contento de cómo ha quedado finalmente”. Vayamos pues de Nueva York a otra ciudad y país que Joan Garriga conoce muy bien: México. A esa etapa pertenece como es obvio la ranchera “Yo soy” y el chachachá de “Y se ríe la muerte”. Dos temas adscritos a ritmos populares muy reconocibles, pero con unas letras muy conseguidas que les otorgan una nueva dimensión y que dan buena muestra de la variedad de registros del disco. “Hay una mezcla constante de estilos que van de un lugar a otro, y me daba la impresión de que los integraba mejor que nunca, es decir, que integraba mejor los patrones rítmicos, la manera de caminar. Los tempos, por ejemplo, se han ralentizado y eso me ha hecho sentir raro todo el disco. Hubo momentos en los que pensaba que la gente no entendería nada”.

Y por último Barcelona, la provincia, pero también la ciudad que dio lugar a la ya mencionada “Flor de primavera”, “Les mil y una rumbes” y, cómo no, “Barcelona”. “Con esta canción estoy bastante contento, así que ahora a ver qué tal funciona en directo. Aunque no sé si me ha quedado evidente lo que quería decir, porque quería hacer un homenaje a la ciudad y a la vez ser crítico con Barcelona… Hay una equiparación de la ciudad con una prostituta, pero no de forma despectiva. La idea era esta, aunque no sé si se ha logrado del todo porque ha habido gente que me ha dicho que, ahora que todo el mundo habla mal de Barcelona, yo le he hecho un homenaje”. ¿Por qué no hablar bien de una de las ciudades más bonitas del mundo a pesar de esa fiebre uniformadora y restrictiva de unas autoridades que confunden la belleza con lo aséptico? Barcelona es mucha ciudad para que se la carguen esos amantes de lo inocuo y La Troba es mucha banda para que no se le reconozca su valía allá donde vaya a liarla parda. Of course.