La figura de Devendra Banhart irrumpió no hace demasiado en el panorama de la música independiente como un elefante en una cacharrería, sobre todo el pasado año con dos discos que nos volvieron a hacer hablar de folk lisérgico. “Cripple Crow” (XL/Everlasting), su cuarto álbum nos trae a un Banhart entregado a las melodías de raíces latinas.

Hace sólo unas horas que ha sonado el teléfono para advertirnos de que el venezolano de San Francisco se pondrá al aparato a eso de las siete de la tarde, hora española. En su ciudad es posible que el ring del teléfono le haga de despertador. Nos advierten de que esa es tal vez la única oportunidad que tendremos en bastante tiempo para conseguir cruzar unas palabras con él. Porque Devendra Banhart ya no es ese estudiante de arte en la ciudad del Golden Gate, fan confeso de Karen Dalton o Nick Drake. Tras un disco de debut y un Ep que pasaron prácticamente inadvertidos por aquí, “Rejoicing In The Hands” (2004) y “Nino Rojo” (2004), los dos trabajos que en realidad eran sólo uno, la cercanía de Cocorosie, Joanna Newsom o Vetiver y su amistad con personajes como Vashti Bunyan o Anthony, le han puesto en primera línea con todos los cañones apuntando a un “Cripple Crow” al que ya no le valen excusas como la incontinencia creativa o el lo-fi de anteriores discos. Es su hora, el ahora o nunca. la música de Atahualpa o de Caetano es tan sofisticada y elegante

“La música de Atahualpa o de Caetano es tan sofisticada y elegante…”

Estas cosas pasan por la cabeza una vez llegada la hora de la entrevista, cuando el tono del teléfono suena una y otra vez, y al otro lado del Atlántico nadie responde a la llamada. Un intento, otro, un tercero. Nada. Al último, casi treinta minutos después, una vocecilla cantarina -me lo habían advertido, no es Anthony pero casi- responde al otro lado. Hay ruido a su alrededor y no parece que acabe de sacar el pie de la cama. ¿Tal vez no ha llegado a acostarse? “Soy un periodista de España. Me han dicho que tenías un espacio libre esta mañana, pero ni siquiera han podido advertirte de ello”. “Ah”. “Perdona mi inglés, que es terrible”. Y responde en un castellano tamizado por sus raíces venezolanas “ah, no, no pasa nada, podemos hablar en español”. Hum, primer triunfo: en la primera conversación para esta revista con Xavi Sánchez Pons, no estuvo por la labor… “¿Podemos hacer la entrevista, entonces?”. “Sí, ¿por qué no…? Pero tenemos que ir rápido, porque sé que alguien me va a llamar a continuación”. Vamos pues… Dioses y tiburones

A día de hoy Devendra Banhart no es, obviamente, la rareza folk que nos llamó la atención con “Rejoicing In The Hands”. Las páginas y la catarata de palabras que le han dedicado a su música, y aún más a su persona, le convierten en una especie de Manu Chao del público alternativo, un fenómeno con gancho comercial y coartada latina, una encrucijada de músicas con atuendo hippy. Y los cambios comienzan en los aspectos más obvios.

La copia que tengo en mis manos no hace ninguna referencia a Young God, el sello en el que comenzaste a publicar tu música, aunque XL tenía la licencia en Europa para tus trabajos.
No, ya no estoy trabajando con Young God. Tan sólo con XL. Ahora ellos tienen los derechos de mis trabajos para todo el mundo.

¿El cambio de compañía tiene que ver con el éxito de los dos discos previos? ¿Te permitirá convertirte en un artista masivo?
En realidad es algo que tiene que ver con las posibilidades de Young God en términos de producción. Para mí, publicar un CD no es sólo eso, sino hacerlo con un libro para las cien primeras copias, por ejemplo, o poner en las tiendas un vinilo, que a mí personalmente me gusta mucho más que el CD. Y Young God no tenía infraestructura ni dinero para hacerlo, ¿me entiendes? Cuando publiqué “Rejoicing In The Hands” solamente en Europa salió junto al libro, que contenía las “imágenes” del disco, era su espejo, su gemelo…

Das el aspecto de artista al margen del negocio de la música, concentrado en sus creaciones…
Soy un mediocre (en realidad imagino que está intentando decir que se encuentra a medio camino de las dos cosas). Yo siempre le doy la mitad de mi esfuerzo a todo lo que hago. Mi problema está en que no comprendo el idioma de los negocios. Me manejo en el idioma de los tiburones y los delfines, de los espantapájaros que pueden nadar y no tienen pulmones. No me queda más remedio que estar en la tierra, pero, como soy un ignorante del idioma del dinero, confío en gente que me transmite buenas vibraciones.

¿Te consideras un personaje del 2005?
Digamos que soy una persona del 2006. No, no, eso es demasiado… Soy una persona del 2005 y veinte minutos.

De Liverpool a Bahía
La portada de “Oh Me Oh My” (2002) mantenía la habitual composición espartana característica de los lanzamientos del sello de Michael Gira. “Rejoicing In The Hands” y “Nino Rojo” podrían pasar por dibujos tribales sobre el amarillo polvoriento del desierto. Por eso, desde la gran familia de estrafalarios personajes que posa para la cubierta de “Cripple Crow” se ofrecen pistas de que algo ha cambiado en el interior.

¿Son casuales los parecidos con “Sgt. Pepers Lonely Hearts Club”? ¿Es casual que titules una canción “Beatles”? ¿Qué tiene que ver todo esto con el abandono del sonido folk de los discos anteriores en beneficio de canciones mucho más arregladas y psicodélicas?
Sabía que la gente iba a hacer esa asociación, pero no era mi intención vincular este disco a los Beatles. En realidad esa canción es una pequeña peliculita, un vídeoclip sin imágenes. Y la portada…Sé que se parece a “Sgt. Peppers”, pero si yo intentara hacer algo “Sgt. Peppers” habría salido completamente diferente.

En las entrevistas nunca te muestras especialmente entusiasmado con tus discos. ¿Qué opinas de “Cripple Crow”?
Cada disco es un documento de mi vida en ese momento. También “Cripple Crow”. Yo estoy feliz con ese documento, pero ya es pasado, no puedo volver a él. Me parece que es un álbum que tiene sus motivos. Tiene que ver con Norteamérica antes de Cristóbal Colón y con Hispanoamérica hoy. He pasado mucho tiempo leyendo libros sobre el tema y escuchando la música de Simón Díaz, Atahualpa Yupanqui, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Os Mutantes, Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez…

El disco me resulta más accesible que todo lo que has hecho antes. ¿Crees que de alguna forma ese poso hispano puede tener que ver con ello? No sé, recuerdo ver de niño por casa discos de Atahualpa Yupanqui o Silvio Rodríguez, del mismo modo que en un hogar de Estados Unidos podrías toparte con Woody Guthrie o Johnny Cash.
Es interesante, porque es obvio que está en tus raíces y por eso ves algo de tu pasado en ello, pero para quien no ha crecido con eso sólo quiero abrir su sed para escuchar esta música. Ese es el motivo por el que canto una canción como “Luna de margarita” de Simón Díaz, o por el que hago “Mi pastorcita perdida” de Atahualpa Yupanqui, que saldrá como cara B en un single. Por un lado quiero decir “gracias” a estos artistas, y por otro despertar el interés de aquellos que no les conocen. Y por eso no nos interesaba americanizar su estilo, no utilizamos guitarras eléctricas y tararará (hace como si cantara un ridículo estribillo). Porque la música de Atahualpa o de Caetano es tan sofisticada y elegante…

Y moderna… Además, al citar a los maestros del tropicalismo cerramos el círculo sobre el tema de los Beatles: ellos fueron maestros en fusionar su música con el pop anglosajón.
Completamente de acuerdo. Si escuchas los discos de Caetano en los sesenta, los de Simón Díaz o Atahualpa, eran supermodernos y superexperimentales.

Volviendo al tema del álbum. Cuando los latinoamericanos hablan de la colonización española y del genocidio cultural, encuentro una gran paradoja. Existe mucho resentimiento hacia lo español cuando ellos mismos son los descendientes de sus propios colonizadores, y en muchos casos de la mezcla entre indígenas