"Con las giras canceladas no tenemos dinero para poder sacar el disco”
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"Con las giras canceladas no tenemos dinero para poder sacar el disco”

Pablo Tocino — 09-10-2020
Fotógrafo — Archivo

La precariedad es el segundo nombre de Monterrosa, pero aún así han conseguido un público fiel entre su debut "Latencia", varios singles propios y versiones y el lanzamiento reciente del EP "Música ligera" y de "Última conexión", editado en este Orgullo que hemos celebrado desde casa.

Hace más de un año de "Latencia", y en este tiempo ha salido algún tema, pero de repente hay dos EP’s vuestros en un mes. ¿Qué ha pasado aquí?
(Enrique) Ha sido una cuestión de tiempos y de dineros. Nosotros lo que estábamos preparando era nuestro segundo disco, o nuestro primer disco “en serio”, por la duración de “Latencia”. Pero tras la cancelación de las giras por la pandemia, adiós disco. Tuvimos un golpe de suerte cuando nos cogieron para el spot con “Resistiré”, gracias Dúo Dinámico. Con ese dinero podíamos financiar una parte del disco, o sacar algo de forma más inmediata pero a escala de nuestras posibilidades actuales. Y eso fue “Música ligera”. También queríamos saber a qué suena Monterrosa cuando no está hecha para escucharse en colectivo, a las dos de la mañana y pegando botes como una loca.

En este tiempo habéis sacado algunas versiones; además de la de “Resistiré” y de la de Massiel, que sé que os encanta, la de Shakira, que ya era habitual ya en vuestros directos. ¿Cómo surgió esa conexión que tenéis con 'Estoy aquí'?
(Rocío) “Estoy aquí” viene por Enrique, 100%.

(Enrique) Privilegio masculino.

(Rocío) Yo le decía que no la tenía muy clara, porque venía del universo Chillers y me daba miedo que no nos tomaran en serio.

(Enrique) Ella era muy reticente... no sé si te acuerdas, Rocío, de que en la fiesta de Rodrigo Cuevas la pinchamos, y la gente se puso como loca, y ya me miraste y me dijiste “es verdad, hay que hacerla”. A mí una de las cosas que más me gustan del pop es que unos toquen las canciones de otros, porque las canciones son tu creación pero no son tu propiedad.

Lo chungo de eso es que luego buscas en Google “Dancing On My Own” y te aparece la versión de Calum Scott (o incluso la de Cepeda) antes que la de Robyn. Eso ya no mola tanto.
(Enrique) Eso ya no. Pero mira, mi grupo favorito es Pet Shop Boys, y me flipa que dos de sus mayores éxitos sean dos versiones que además la gente asocia a ellos, no a Village People ni a Elvis. Y bueno, Shakira... Para mí la Shakira de los noventa es una gran influencia pero a nivel no ya musical, sino vital. “Dónde están los ladrones”, con “El viaje de Copperpot” y “Palabra de mujer” muy seguidos, puede ser mi disco favorito de siempre. Las composiciones son tan buenas... Y cuando el pop es tan bueno, te lo puedes llevar perfectamente a tu terreno. Nuestra versión de “Estoy aquí” está cambiada de tono, acelerada, recortada, etcétera, y no es que dé el pego, es que parece hecha para ser electropop, y no pop de guitarra.

(Rocío) En mi caso, Shakira me gusta mucho, pero mis discos fetiche de la adolescencia eran los de Ella Baila Sola.

Te quería preguntar eso. Porque estamos hablando –y casi siempre hablamos– de discos referente para chicos gays, y desde luego los tres que ha dicho Enrique me flipan, creo que compartimos eso. Pero, ¿cuál sería tu “Dónde están los ladrones”? ¿De qué querrías hacer una versión?
(Rocío) ¡Buah, de “Besos de hielo” de Ella Baila Sola! Pero no sé, sería imposible... ¿Te imaginas, Enrique?

(Enrique) No sé ni cuál es.

(Rocío) Sí, hombre. “Tus beeesos de hieelo, yo los derriito con mi caalooor, algún díaaa...” (Canta). Yo es que recuerdo tras cada una de mis rupturas amorosas entrar en una tienda y que sonase “y seee que estoy mejoooor que cuando estabas tuuu”. Cuando mis padres se separaron, mi padre llevaba en el coche la cinta de Ella Baila Sola, y por el otro lado Queen. Escuchábamos Ella Baila Sola a muerte. Pero yo estaba muy enganchada, aparte, con El Canto del Loco. Todas mis amigas escuchaban Pereza, pero a mí me daban pereza.

Qué dices. ¿Y has conocido luego a Dani Martín? El Canto del Loco es además un grupo que se presta mucho al fenómeno fan.
(Rocío) Yo sentía atracción sexual y todo... Pero eso era muy raro, ¿vale? (ríe). Sí, con el tiempo acabé conociendo a Dani Martín. ¡Y a Marilia! Pero yo nunca he sido fan en ese sentido; era más de la música que de la persona. De hecho, cuando conocí a Marilia, no pasó absolutamente nada. No es tanto el artista sino el momento vital en el que yo escuchaba esa música. Enrique sí es más fan de seguir sus carreras y eso.

(Enrique) Somos un cliché cada uno. Con quince años, Rocío era la bollera que estaba jugando al fútbol en Leganés y yo era el pedazo de maricón al que no le daba la luz porque estaba analizando qué Baccara era mejor. Rocío dice que ellas no se sienten acogidas por este universo, y es que es muy difícil sentirse acogido por una cosa que se ha creado tan a contracorriente. Construimos ciertas realidades paralelas en las que sí nos sentíamos acogidos, cosas muy concretas... Que han tenido la capacidad de salvarnos en muchos momentos. Tenemos una canción sobre eso, “El temblor”. El día que me pusieron Internet en casa me cambió la vida como nunca ningún otro día me la va a cambiar. En esa habitación oscura de un pueblo de dos mil habitantes en Albacete se hizo de día.

¿Había ciber en tu pueblo?
(Enrique) Sí, sí.

(Rocío) ¡¿Ah, sí?!

(Enrique) Hombre, y allí que me iba yo y echaba las cien pesetas, pero no era lo mismo, nunca tuve el atrevimiento como para buscar a dos tíos comiéndose la polla en el cibercafé. Cosa que sí hice en mi casa el mismo día en que pusieron Internet, y es que recuerdo el vídeo: 1'2 MB seguro, resolución 120 píxeles y bajado con el Windows Media. Si me concentro a día de hoy me quedan réplicas de ese temblor que se inició dentro de mí en ese momento, y que a día de hoy perdura, porque me llegó muy tarde. Debería haberlo descubierto con once o doce años, cuando mis amigos llevaban revistas porno al colegio, no con dieciséis.

Precisamente “El temblor” es, de los singles que habéis sacado post-“Latencia”, el que más me gusta. Vi además que fue para “Click: Cuando todo cambia”, una obra de teatro de Alberto Velasco, ¿no?
(Enrique) Sí. Alberto nos dio libertad absoluta, solo quería que la canción pudiese representar la obra, y por el título, Rocío y yo pensamos “¿cuál fue el día de nuestra adolescencia donde todo cambió?”. Porque, si uno lo piensa fríamente, nos estamos viendo tú y yo ahora mismo porque hay ceros y unos que están viajando al espacio, rebotando en un satélite y volviendo. De ahí también que hiciéramos el salto cósmico a mitad de la canción. Todo, desde nuestros dedos al ordenador o a ese satélite, todos los átomos del Universo han formado parte de una estrella. Así que nosotros somos estrellas. Literal.

Mi favorita de “Música ligera”, a Rocío se lo chivé, es “Autobiografía”, me parece una de las mejores canciones que habéis hecho, y muy distinta al resto del EP.
(Rocío) Es que hay un secreto con esta canción, y es que era para el siguiente disco, por eso no la solemos mencionar. Pero nos pegaba aquí también, porque si piensas en la de rupturas que habrá habido en confinamiento...

Me parece muy guay que saliesen a la vez “Última conexión” y “Corazón astral”. No es nada común tener canciones, incluso en el underground, que hablen claramente de amor y sexo entre dos mujeres.
(Rocío) Mira, en realidad es que todas las canciones de amor de Monterrosa son mías. Todas son entre mujeres. Pero como no se dice, parece que es neutro.

(Enrique) El amor romántico entre hombres aún no ha hecho su presencia porque yo soy muy crítico.

Vamos a hablar de precariedad. Porque hemos comentado a veces de que hay un concepto con Monterrosa que no tiene mucho que ver con la realidad, ¿no?
(Enrique) Mira, somos lo más underground que puede haber ahora mismo en ese límite entre lo mainstream y lo indie. Vivimos en la contradicción de que nuestra música suena cara y no tenemos ni un duro.

(Rocío) Yo solo te digo que si hay un grupo que verdaderamente ha crecido de manera orgánica, está siendo Monterrosa. No somos las Cariño ni tenemos una mega-agencia detrás, una discográfica, una editorial, etcétera, ni tenemos a Amaia para que hable de nosotros.

(Enrique) Con todos los respetos, eh. Que ojalá...

(Rocío) Sí, pero quería dejar esto claro. Porque la gente a veces no sé qué piensa que tenemos montado. Las Cariño no han pagado ni un solo videoclip, en el sentido de que en su segunda canción ya estaban haciendo un videoclip para Vogue, y nosotros llevamos ya 25.000 euros invertidos en este grupo.

¿No os impresiona decirlo en voz alta? “¿Hemos tenido este dinero, en serio?”
(Enrique) Pero lo hemos tenido porque hemos tocado en absolutamente todo lo que nos ofrecían, con unos cachés que sabes que o lo aceptas o llaman a otro grupo. Y Pablo, teniendo un trabajo de oficina bien pagado, me tuve que hacer autónomo porque llegó un momento en que en mayo ya había finiquitado mis días de vacaciones de todo el año, solo para ir a tocar. Ver en el escenario a gente cantando tus canciones da subidón, pero tener las condiciones materiales para poder permitirte llegar a eso... Es muy jodido. O tienes mucha pasión, o tienes un golpe de suerte. A ver, si tus canciones son malas, no va a pasar, no estamos poniendo de ejemplo a las Cariño porque “no se lo merezcan”, ni mucho menos.

(Rocío) Sí se lo merecen, claro que se lo merecen, pero no es lo mismo lo nuestro que crecer exponencialmente así.

(Enrique) Nosotras hemos tenido el golpe de suerte de “Resistiré”; sin eso, no habría habido música nueva, porque es que no teníamos dinero. Somos dos personas pobres haciendo música.

Gracias por el titular.
(Enrique) (ríe) ¡Pero es que es verdad! No podemos ir una semana a encerrarnos en una casa en la playa para componer y otra semana en un estudio, porque para poder permitirnos un solo día en esa casa o en ese estudio tenemos que tocar en las fiestas de no sé dónde o pinchar en un sitio donde se supone que te contratan porque les gusta tu estilo, pero al tercer cubata la gente trajeada te está pidiendo borracha un tema de Bad Bunny. No hay glamour porque pinches en una fiesta, es puro proletariado. Otra cosa es que necesites dentro de esta industria aparentar para dar una imagen.

(Rocío) Que tampoco, porque no tenemos ningún tipo de filtro respecto a cuáles son nuestras condiciones. A mí me cuesta pensar que somos artistas, porque no recibimos ningún tipo de compensación económica que esperarías de un “artista”.

(Enrique) Encima hay una intersección gigantesca, que a ti no hace falta que te expliquemos, pero que lo es: somos un maricón y una bollera diciendo constantemente que lo somos, porque cuando éramos pequeñas nadie lo decía. No queremos camuflarnos de gente cool y no problemática que salió en la portada de tal cosa.

(Rocío) Es que no salimos en la portada de nada. Somos viejas, feas y gordas.

Bueno, esa frase fue una portada de Terelu.
(Enrique) (ríe) Viejas y feas no somos, pero lo otro no es baladí: ¿Cuántos cuerpos como el mío se suben a un escenario?

(Rocío) ¿Y cuántas lesbianas TAN lesbianas como yo se suben a un escenario? Que no. En estos años que llevamos con Monterrosa no nos han hecho fotos en ninguna revista. Claro que no, porque no encajamos en sus cánones.

(Enrique) Nos llaman para opinar sobre feminismo y temas LGBT, pero no para maquillarnos, ponernos monos y sacarnos con siete grupos en un suplemento dominical.

¿Qué se puede saber de ese segundo-disco-o-primero-largo?
(Rocío) Pues a ver, hay cosas, pero claro, nos hemos gastado todo lo que teníamos y ahora mismo no tenemos nada como para esto.

(Enrique) “Piel divina” pensábamos sacarlo en septiembre-octubre, pero ya no sé si encaja. Algún single sacaremos, pero de momento nos apetece ver a qué suena Monterrosa en el nuevo mundo.

“Flores en el parking” fue un salto de ambición en cuanto a lo que queríais contar y conseguir con ella. Y con ese videoclip, claro.
(Enrique) Fue un punto de inflexión total; yo me sentí músico, me sentí artista, cuando la creé. Las flores salen en cualquier resquicio de alquitrán, pero muchas se quedan por el camino, por eso quisimos en el videoclip reivindicar nuestra memoria histórica. Tampoco sabíamos que íbamos a tener que luchar otra vez contra algo que en principio ya se había superado, como es el fascismo. Y estamos dando pasos atrás, tanto en España como en el resto del mundo. ¿Cómo no voy a aprovechar el privilegio de que me den un micro para hablar de esto? Nuestra música no sale de las brillantinas, sale de que hay cincuenta y tres fascistas en el Congreso, o de que a nuestras hermanas trans hay personas que se hacen llamar “feministas” que les están negando su existencia. ¿Cómo no vamos a hablar de eso? ¿Y cómo no vamos a mencionar a las mujeres asesinadas por violencia machista antes de cantar “Fauna”? Igual si estás con el cubata bailando no quieres que te hablen de eso, pero es que para nosotras la pista de baile es el terreno más político que hay. Divertirse es político. Que seamos capaces de divertirnos con las historias que hemos tenido Rocío y yo, y que tanta gente lo pueda hacer sabiendo lo que ha pasado... Eso es un logro colectivo. Y es gente como Paco Clavel la que nos ha enseñado que eso es posible.

Hace poco, a raíz de la polémica con Paco Tomás, recuerdo que tú (Enrique) hiciste un hilo que me pareció de lo más sensato que había leído al respecto, entre tantas dagas volando. Pero se te acusó de equidistante.
(Enrique) ¿Sabes qué pasa? Que si el máximo ataque que se le puede hacer a mi discurso es que es demasiado amable, pues mira, en un mundo en el que reivindicamos los cuidados y el tratarnos con compasión... Si ese es mi mayor fallo, lo asumo encantado. Es un fallo “femenino”, se me acusa de no ser violento. ¡Pues genial! Ahora, que entiendo que hay gente que gana un casito siendo los más, los que lo tienen todo claro, los que siempre van por delante. Pues ir siempre por delante es agotador, qué quieres que te diga.

(Rocío) Mira, es que este asunto jamás habría pasado entre bolleras. Yo desde fuera miro el mundo marica y flipo con la violencia que hay. Entre las mujeres lesbianas creo que hay mucho más sororidad. La violencia entre los maricones me parece increíble.

(Enrique) Además, lo que pasó ahí es que se estaba hablando de dos asuntos distintos, y se mezclaron los dos temas. El tuit que lo desencadenó no hablaba de lo que luego se pretendió hablar. Y son dos cosas distintas pero que parten del mismo problema: ¿por qué un maricón de sesenta años le entra a un chaval de veinte? ¿Qué lleva a un maricón de esa generación a sentir que necesita sentirse deseado por alguien más normativo que él, vía juventud en este caso, para sentirse él en paz consigo mismo? ¿Pero qué pasa? Que generar deseo no es un derecho. Y nos iría mucho mejor si el deseo no fuese ese arma que los maricones usamos para sentir que sí que valemos algo.

Es curioso porque los hombres cis gays tenemos la posición más privilegiada del colectivo, y por lógica deberíamos tener la mayor sensación de comunidad... Pero es un poco lo contrario. (Aquí Rocío nos tiene que dejar por asuntos de uno de sus ochenta trabajos, como ellas mismas dicen)
(Enrique) Porque la masculinidad sigue siendo competición y violencia. También está otra cosa: nuestro privilegio masculino hace que tengamos una voz probablemente más visible que el resto de las siglas, pero nuestra traición es la mayor. “Pudiendo” ser hombres, somos otra cosa. No es casual que el mayor número de agresiones sea a gays. De dos mujeres se puede pensar que son amigas, que es también una cosa muy jodida, pero a lo que voy es a que un maricón, quiera o no, siempre ha sido visible. Porque es un hombre que traicionaba su masculinidad. No nos han pegado porque fuésemos homosexuales, sino por ser femeninos. A mí ya me habían pegado por maricón mucho antes de que yo follara con un hombre, antes de que yo supiera incluso que me gustaban los hombres. Pero sí, la masculinidad influye muchísimo en esto que dices. Cuando te desgajas por fin del sistema normativo heterosexual y te rodeas de maricones, resulta que sigues recibiendo el mismo rechazo, pero por cosas distintas. Te sientes rechazado por maricón, decides rechazar a otros maricones porque, si tú rechazas, eres de ese grupo.

De ese grupo que puede rechazar.
(Enrique) Exacto. Para mí fue verdaderamente traumático, no te voy a decir otro calibre, llegar a la comunidad de los maricones y que el rechazo que sentía por maricón empezase a sentirlo por ser gordo. Porque como lo único que tenemos en común los homosexuales es que nos gustan otros hombres, entonces es la medida de nuestro valor: tenemos que gustar. Y si tienes pluma, o si estás calvo, “gustas” menos. ¿Por qué todos los maricones vamos al gimnasio? ¿Para estar sanos? Venga ya. El fitness es a la salud lo que la caligrafía a la comunicación: no vale con que estés sano, tiene que verse. Tenemos mucho que ordenar, y esto no ayuda. No se puede ordenar el desorden de una infancia diversa a cámara rápida, necesitas tiempo y experiencia para ganar también empatía.

También vivimos todo mucho más tarde, tú lo comentabas antes cuando hablabas de “El temblor”.
(Enrique) En la adolescencia formas tu personalidad, y cuando tú formas tu personalidad odiándote, ser capaz de tener una segunda oportunidad... pues es que ni siquiera todo el mundo puede. Mucha gente se queda atrapada en ese conflicto interno. Nuestra generación ha avanzado lo suficiente como para reconstruirnos... Pues cuando hemos podido, la verdad. No me avergüenza decir que mi primer beso fue con veintialgo, la primera vez que fui capaz de acostarme con un chico fue con veintimuchos, y la primera vez que me sentí cómodo en la cama con otro chico, igual fue hace meses.

En mi caso las tres son ciertas también. Y el “no me avergüenza” supongo que podemos decirlo, pero ahora.
(Enrique) Mira, cuando salí del armario con diecisiete años en el instituto, me tuve que inventar un novio. Porque no te legitima como maricón serlo, te legitima ligar con otros hombres y acostarte con otros hombres. Gustarles. Yo no empecé a acostarme con chicos tarde, yo empecé cuando pude, cuando fui capaz. ¿Fue mucho más tarde que todos mis amigos? Sí, ¿y? No sé, también creo que, como cuerpo gordo, ya tenía claro que NO todos los cuerpos valen. Mi cuerpo no valía. Tuve que superar el auto-odio por ser maricón pero también por ser gordo.

Es que es casi imposible sentirte cómodo con otro chico en la cama cuando no le ves como un compañero sino como un enemigo, ¿no? Como alguien que va a juzgarnos. Porque si nuestro cuerpo no nos gustaba a nosotros mismos, cómo le iba a gustar a él.
(Enrique) Es una figura de autoridad. Yo cuando por fin tuve sexo, en ningún momento contemplé que aquello era un intercambio de fluidos pero también de experiencias, de deseos y de comunicación. Y lo es: el sexo es una conversación que se tiene con el cuerpo. Y una buena conversación es pregnante. Sí, sí, porque quieres sacar algo de la conversación, nuevas ideas, o el propio placer de tenerla. Aunque empiece y acabe en ese momento. Pero yo no lo entendía así, yo lo entendía como que tú te vas a la cama para reafirmarte en que tu cuerpo es válido. No eres alguien que está con otro en la cama para disfrutar los dos. “¡Llega el Orgullo, me tengo que poner a dieta!”. ¿Y qué cuerpos valen en el Orgullo, cariño?

Has mencionado antes a las personas mayores gays. No se suele hablar de ellos ni, en general, de las personas mayores LGBT...
(Enrique) Por lo mismo que comentábamos. Igual que te apuntas al gym para gustar al máximo número de maricones, te horroriza entender que vas a envejecer. La presencia de hombres de otras generaciones te llega a resultar incómoda, que era otra de las claves con la movida de aquel tuit: a los gays jóvenes les incomoda compartir espacios con señores mayores porque ven en lo que se van a convertir. ¡Cuando justo para mí es lo contrario! Me parece precioso compartir espacios intergeneracionales, estar bailando al lado de un señor de sesenta años que está tomándose una copa sin molestar a nadie. Y que si viene y te dice “oye, te invito a una copa”, pues quizás dices “no, muchas gracias”, pero tampoco hace falta decir “¡qué asco!”, ¿no? El deseo no me ofende si es con educación. Me encanta compartir espacios intergeneracionales, y es verdad que esos espacios cada vez son menos; antes había un bar marica en toda la ciudad y allí que iban todas, ahora te vas a la “Sala Tal” y no te vas a encontrar a un señor de sesenta años. Me parece una pena porque de ellos podemos aprender mucho, y de hecho tengo mucha relación con la Fundación 26 de Diciembre.

Te la iba a mencionar antes. En la facultad organicé con un compañero una charla sobre mayores LGBT, y estuve hablando con Federico Armenteros. Y, aunque algunas cosas las suponía, la verdad es que desconocía muchísimas otras, y te quedas flipando para mal con aspectos como el de la vuelta al armario en las residencias. ¿Éste es el presente que tienen quienes han luchado por nosotros? ¿Y éste es el futuro que nos espera a nosotros?
(Enrique) Es horrible. Pero está en nuestras manos que sea nuestro futuro, ¿no? La Fundación por ejemplo consiguió que hubiese residencias para mayores LGBT, para poder descansar el último tramo de tu vida sin tener que volver al armario. Es que una persona que ha vivido sola toda su vida, expulsada de la sociedad por maricón, va a una residencia pública, y ahí es alguien cuya historia personal ya no tiene ningún valor. Ya no puede compartir sus amores, sus historias de juventud, su lucha, porque nuestros mayores LGBT están actualmente compartiendo su hogar y su espacio íntimo con las personas que les hicieron la vida imposible. Joder, ¿no hemos sido capaces como comunidad de hablar de esto y de cuidar a nuestros mayores? Yo con mis amigas siempre bromeo con que cuando nos hagamos viejas nos compremos un piso entre todas y vivamos juntas, y eso hoy es un chascarrillo, pero mañana puede ser una realidad muy dura. ¿Quién va a cuidar de nosotros cuando seamos mayores? Como no lo hagamos entre nosotros, complicado. Como no empecemos a cuidarnos entre nosotros un poquito más, complicado.

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