Reinventarse o morir. Ricardo Igea ha sabido jugar con lo primero y se aleja de lo segundo una vez más con una nueva vuelta de tuerca. Se despide definitivamente del centro del escenario el 27 de diciembre, jueves, desde el Teatro de la Estación. Es la mala noticia. La buena: tiene nuevos proyectos en segunda línea de fuego.

“Cuando tu amante se transforma en tu peor enemiga es cuando ves realmente que tienes que dejar la música”

En los noventa vendió, de la mano de José Antonio Abellán, la friolera de 40.000 copias de su primer disco. La industria lo amó primero y lo maltrató después. Se reinventó con el proyecto interdisciplinar Muchacho Mochila y retomó su carrera más adelante con una nueva versión de Ricardo Igea. Ahora, tras lo que él define como “degeneración y autodestrucción”, llega, afirma, su regeneración. “Cuando tu amante se transforma en tu peor enemiga es cuando ves, realmente, que tienes que dejar la música. He vivido lo mejor y lo peor de la industria. Lo mejor, poder vivir cuatro años maravillosos donde en las compañías discográficas todos se llevaban pasta, incluido el artista. Luego, en 2002, comenzó a difundirse la música a través de las redes y la gente ya no se gastaba 3.000 o 4.000 pelas en un disco. Después me metí en una espiral de auténtica autodestrucción; de no quererme absolutamente nada; de dar golpes por las paredes; de hacer el imbécil; de perder el norte, el sur, el este y el oeste; de darme a la noche; de darme al vicio; de darme a los amigotes de fácil espalda y fácil hombrada. Más adelante me reinventé con Muchacho Mochila. Pero, bueno, me encontré con un frontón muy grande que es la poca empatía que hay en Zaragoza y en Aragón por norma general entre los grupos, entre los que, por supuesto, me incluyo. Lo que yo quería que fuese una obra de teatro como Muchacho Mochila al final divergió en Ricardo Igea de nuevo hasta que he terminado hasta los cojones” (risas). “Pero siempre reinventándome”.

La última de las reinvenciones va más allá. Aleja a Igea del centro de atención de su proyecto para dar protagonismo al otro 50% del mismo, un tenor zaragozano de 22 años que acaba de girar con ‘El Fantasma de la Ópera’. “Ahora voy a estar en segunda fila comenzando proyecto con Ignacio Ros, un joven artista que va a dar mucho que hablar. El 22 de diciembre haremos la presentación, una especie de ensayo, en De Tapeo Rock. Queremos que sea como un previo ya que luego contaremos con más gente. Va a haber ópera, pop, piano, todo muy íntimo y personal. Vamos a mezclar el potencial que tiene el lírico, porque Ignacio es cantante de ópera, con canciones que van a dejar a la gente sorprendida. Va a ser una maravilla. El proyecto se llama Rosqui, la unión de Ignacio Ros y Riqui. Él va a ser el protagonista. Ricardo Igea termina el 27 de diciembre regenerado, porque ya no se podía estar más hundido y lo preferible es ser submarino y no quedarse encallado en el fondo”.

Será en El Teatro de la Estación cuando Riqui ponga punto y final a su etapa como solista. “Ahí van a confluir todos los amigos y fans de Ricardo Igea. Creo que es una fecha bien elegida porque además es un día antes de Los Santos Inocentes y habrá gente que se piense que es broma” (risas). “Tomo esta decisión encantado, meditadamente. Quiero amar a la música de nuevo y estoy seguro que volveré a despertarme con ella entre sábanas de seda y volveremos a hacer petting”.

Igea no tiene pelos en la lengua para explicar por qué cambia de actitud ante la música en particular y ante la vida en general. “Ya no adopto la postura de estar en primera línea de fuego entre otras cosas porque cuando lo que más amas en este mundo, que para mí ha sido la música durante veinticinco años, se ha convertido en el salvoconducto para la vorágine de la autodestrucción, para que en cada concierto pierdas dinero, para que acabes fallando a tu gente, para que lo único en que se transforme sea después de un concierto en hacer una fiesta para emborracharse y que me tengan que contar lo que pasó. Pues no merece la pena”.

Un nuevo Riqui. “Evidentemente dejar la música jamás. Tengo un nuevo proyecto. Voy a permanecer en segunda línea de fuego. Pero estar sin dar la cara, aparte de que me va a quitar muchísimo estrés, me va a quitar muchísimo vicio. Me voy a quitar muchísima responsabilidad y me voy a quitar muchísimo ego, porque muchísima parte de la culpa, el 95%, es mía. Se han dado una serie de circunstancias y vicisitudes desde que he llegado a zaragoza donde no hay ayuda, donde no nos ayudamos entre nosotros, donde cada vez hay más impedimentos burocráticos, donde las salas con las trabas que les están poniendo lo tienen cada día más complicado, donde todo es yo y luego, si puedo, otra vez yo, y ya los demás. Es cuando te llevas la desilusión. Pero, sobretodo, cuando tu amante se transforma en tu peor enemiga es cuando ves realmente que tienes que dejar la música. Porque ha sido el salvoconducto de mi autodestrucción. El mayor responsable de que yo deje la música  soy yo mismo. Lo cierto es que me va a venir muy bien para regenerarme y no para degenerarme como estaba haciendo”.

“Quiero amar a la música de nuevo y estoy seguro que volveré a despertarme con ella entre sábanas de seda y volveremos a hacer petting”

Y a partir de aquí… “Mi primer proyecto es asumir responsabilidades. Tengo una serie de deudas que condonar a nivel moral y a nivel económico. Siempre me he metido en todos los fregados de la música. Yo creo que el único gilipollas de músico que pierde siempre es Ricardo Igea. He trabajado con gente muy importante, grabé con Quique Izaguirre, no pudimos terminar el disco por falta de capital, pero sobretodo tengo la desilusión de hacer concierto tras concierto, y aquí sí me voy a llevar un pequeño galón, una pequeña prebenda. Yo he dado posibilidades a la gente, porque me gusta hacerlo, y eso luego no me retribuye, a nivel económico sobretodo. Llegado a una edad, cuando no tienes ni para tabaco, es preferible mandar todo a tomar por el culo”.

Cuando Rosana iba a producir el primer disco de Ricardo Igea. “En el 97 me llama José Antonio Abellán, que en esos momentos es el número uno. Me ofrece que Rosana Arbelo sea la productora de mi disco. Evidentemente yo encantado. Me ponen un grupo, con el que hoy soy íntimo, y a Quique Izaguirre, productor entre otros de Melendi. Fuimos empezando a grabar y a los tres meses Rosana con su petulancia y con su su soberbia, porque es una tía muy soberbia desde mi punto de vista, acude al local de ensayo y me dice cómo quiere las guitarras, las baterías y todo, con Abellán delante. En ese mismo momento, uno, que es maño, cabezón y había estado trabajando con gente de cierta manera desconocida, pero potencialmente prodigiosa durante un tiempo, le dije que por ahí no pasaba. A partir de ese momento se torció la cosa. Pero fue muy bien el primer disco, con casi 50.000 copias vendidas, un disco de oro de la época. Luego grabamos a todo tren con Bogus Band y en la producción Richi Martínez el segundo disco, ‘Las Manos del Médico’. Hubo tan mala suerte que el proyecto de Abellán, por una mala diligencia, y por una mala praxis, se fue a tomar viento”.

Esto solo acaba de comenzar. “Siempre voy a estar en la música. Ahora me he desestresado de una manera tremenda y me están ofreciendo cosas que no suponía que me iban a salir. Voy a hacer también audiovisuales, cortometrajes, estoy con bandas sonoras, hace poco hemos sido reconocidos en un cortometraje de Aurora Bautista. Reinventarse, siempre. Pero, principalmente, más que reinvención, regeneración. Porque había llegado a un punto de degeneración tanto moral como física y psíquica, y de odio hacia la música, que no era normal”.