“He preservado todo lo que he podido la frescura en mi discurso musical”
Entrevistas / Marisa Monte

“He preservado todo lo que he podido la frescura en mi discurso musical”

Toni Castarnado — 08-09-2021
Fotógrafo — Archivo

Tras más de diez años sin publicar material propio, Marisa Monte lanza “Portas” (Sony, 21), un disco fabuloso en el que la cantante brasileña comparte un mensaje de empatía y esperanza a través de géneros musicales de lo más diverso.

Marisa Monte es una gran estrella y no solamente por su trayectoria con Tribalistas, su aventura más conocida. En la actualidad es la artista brasileña más internacional, ha vendido más de quince millones de discos, tiene abiertas las puertas del mercado americano e incluso el gobierno de su país le concedió un galardón al Mérito Cultural. No es el único premio con el que cuenta, pero sí uno de los que más le enorgullecen. A eso podríamos sumarle que haya colaborado con músicos como David Bryne, Jorge Drexler o Julieta Venegas.

Con “Portas” nos traslada un mensaje de empatía, esperanza y optimismo a través de unas canciones que se mueven entre diversos géneros, desde la bossa nova al pop, pasando por el jazz o el r&b. Para redondear la jugada, cuenta con colaboradores habituales como Arto Lindsay y Chico Brown. Conversa conmigo vía telemática –la misma forma en la que, en su momento, conectó a gente de Nueva York, Lisboa o Madrid–, irradiando esa vitalidad tan necesaria y tan envidiable que siempre la ha caracterizado.

“Yo siempre mantengo que, para hacer algo así, tienes que estar dispuesto a compartir”.

Hola, Marisa. Espero que estés muy bien. Por cierto, qué bonita la colección de guitarras que veo al fondo.
Estoy muy bien, gracias. Y muy bien acompañada [risas], y veo que tú también lo estás con esas estanterías llenas de discos. Me encanta.

Yo siempre digo que antes que periodista musical, soy un amante de la música. ¿Y para ser músico?
Para ser músico también debes amar y escuchar música, sin duda.

Me alegra escuchártelo decir, pues creo que, a veces y sobre todo cuando un músico tiene ya un cierto estatus, se dejan de escuchar cosas nuevas, no se investiga más. ¿Qué opinas sobre ello?
Yo creo que nunca debes dejar de amar la música, desde cualquier punto de vista o posición, pero si pierdes eso dejas de ser músico. Antes de ser famoso con esto o ganar dinero, tienes que tener pasión por lo que haces. Y no solamente en esta área nuestra. Si me doy una vuelta por Río de Janeiro me fijo en la gente que ejerce sus oficios, ya sea un pescador, alguien que pinta paredes o un carpintero. Para mí todos son artistas, si lo hacen con verdadera pasión. Y eso, lo creas o no, es inspirador. La música es otra manera más de expresarse, de sentir, y no precisamente porque tengas intención de publicar un disco o hacer una carrera. Incluso si quieres firmar un contrato, te tienen que mover ciertas cosas, el arte siempre llama al arte. Yo eso es algo que no olvido. Después está el amor, compartir cosas, la comunidad, la atracción por la naturaleza, eso es bonito e inspirador. Para mí esa es la clave de la relación entre el arte y los artistas. Yo empecé muy joven, con diecinueve años, y nunca quise sobresaturarme, he preservado todo lo que he podido la frescura en mi discurso musical. Que sí, hay que trabajar mucho, pero disfrutando. Si no, no sirve de nada. Y ser consciente de los límites, no llegar siempre al máximo para no explotar. Ya sabes, el tan anhelado equilibrio.

Así es. Sigues amando la música mientras aún tienes ganas de descubrir cosas, y no tiene que ser actualidad, puede ser de los sesenta, de los ochenta o de estilos que no tienes tan controlados.
El universo de la música es muy amplio. Por ejemplo, ahora estoy descubriendo cantantes de Irán, ¡pero es que los hay por todas partes, es alucinante! Soy muy curiosa. A veces me introduzco en la música africana, pero al mismo tiempo estoy atenta también al mainstream.

Has dicho la palabra clave: la curiosidad. Si eres curioso estás investigando todo el día, escuchando discos, descubriendo libros… lo que sea. Hay una gran diferencia entre quienes son curiosos y quienes no lo son.
Está muy claro, de hecho a los que no son curiosos los dejo metidos en una cueva [risas].

“En la atmósfera del disco, en el espíritu del mismo, se nota el hambre de hacer música juntos de nuevo”.

Hablando un poco del disco, te quería felicitar por “Portas”. Me ha encantado. Con cada nueva escucha descubro algún detalle. Es un disco muy atractivo para el oyente, lleno de alicientes. Es muy variado en cuanto a estilos, pero al mismo tiempo está todo muy cohesionado.
Es difícil hablar de esto desde mi perspectiva, ya que el arco cultural es muy grande. Es un disco con mucha información y, en gran parte, esta viene del exterior. La cojo de todos lados, de la pintura, de la gastronomía, todo tiene cabida.

Pretendías hacer algo con mucha riqueza y con una gran apertura de miras.
Cierto. Obviamente, la protagonista es mi voz, a partir de la que brota mi personalidad como artista, y algo en lo que tú antes ponías el acento, los detalles. Ojalá dentro de diez años los sigas descubriendo…

Estoy seguro de que sí.
Es que para mí lo interesante es que la gente lo quiera oír una vez más, y otra vez más… Y así hasta al final. Ese es un triunfo para mí. He trabajado con un grupo de músicos y arreglistas maravillosos, también los compositores y socios que han intervenido han aportado su parte. “Portas” es obra de todos. Es muy colectivo, hemos pasado horas de nuestra vida trabajando en esto. Yo siempre mantengo que, para hacer algo así, tienes que estar dispuesto a compartir.

Lo que decías antes, la colectividad, ¿no?
Exacto. A ver, si eres un cantautor con tu guitarra, quizás no haga falta. Pero si vas más allá de eso, sí que es necesario. Y aún así, aunque toques solo, lo haces ante una audiencia, con lo que también hay un punto de colectividad en eso. La conexión con el grupo, así entiendo yo todo esto. Fíjate, con la pandemia estábamos imposibilitados, encontrabas el afecto de otra manera, y aún así conseguías esa conexión. Cada uno estaba en su estudio y encontramos ese dinamismo para trabajar juntos. Es mágico, una bendición. De otro modo, queríamos hacer algo vintage, todos tocando al mismo tiempo, como se hacía antes. Queríamos crear juntos, estando cada uno en su casa, es más triste, y más aún en esa circunstancia. Al cabo de seis meses conseguimos reunirnos, y fue un momento de gran alegría en el que vimos de nuevo la luz. En la atmósfera del disco, en el espíritu del mismo, se nota el hambre de hacer música juntos de nuevo. Está impregnado en cada surco, en cada nota.

¿No crees que eso lo hace todo más natural?
Puede ser, pero sí creo que es un álbum que respira mucho, y que a pesar de que no es lo que más se percibe en un primer instante, hay una gran intensidad.

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