La combinación de virtudes que posee esta joven de Missouri es espléndida para los tiempos que corren. Mucha generosidad pop en melodías vocales henchidas de emoción, guitarreos distorsionados a lomos de baterías parcas y crudas, flashes entrecruzados de The Moaners, Mazzy Star, Isobel Campbell o hasta un Mikal Cronin versión chica… todo con un aroma de country nocturno y fantasmagórico, como si el espíritu de Courtney Love se hubiera apoderado del cuerpo de Loreta Lynn, pobrecita ella.

Angel Olsen nos presenta “Burn your fire for no witness” (Jagjaguwar, 14), su tercera entrega, cuarta si contamos una cassette con seis versiones que distribuyó ella misma allá por 2010. ¿Y cómo es que no hemos sabido antes de ella, si mola tanto? Muy sencillo: porque ha estado demasiado ocupada (y eclipsada) siendo miembro de la banda de Bonnie Prince Billy.

Hola Angel, ¿dónde estás ahora mismo?
Hola… Pues no lo sé (tapa el teléfono y pregunta “¿dónde coño estamos?”). En algún lugar de Indiana. No lo sé exactamente, esta gira está siendo una locura.

No me extraña, tu nuevo disco es realmente bueno. Conquista en cuestión de segundos.
Oh, muchísimas gracias. Parece estar gustando bastante, sí. Es genial.

Tiene un par de repuntes energéticos, casi garajeros, pero es más bien down-tempo, incluso depresivo… ¿Hubo algún sentimiento o emoción particular que dominase el proceso creativo y que diese este carácter al resultado?
Tiene mucho feeling de dejar atrás ciertas cosas de tu vida anterior, sin duda. De no darle más vueltas, de seguir adelante y dejar que ocurran cosas nuevas, pero no con incertidumbre, sino como una liberación. Por eso creo que es un disco de melodías sencillas, que no se sobreexplotan sino que se las deja respirar, que cobren vida ella solas. No son nada retorcidas o demasiado complejas, y así dejan las cosas claras en muy poco tiempo. Es probablemente lo más directo que he hecho, en ese sentido.

¿Las canciones fueron escritas en un mismo período?
Sí, más o menos, en un espacio de menos de un año. Antes solía hacerlo de otra manera, componiendo más esporádicamente, pero esta vez ha salido así.

En tus letras hay romanticismo, un poco de rabia, siempre dejando todo a la interpretación del oyente, pero con ese algo que le hace sentirse protagonista.¿Te resulta sencillo escribir letras con las que cualquiera pueda identificarse?
Lo que es difícil para mí, es integrar la idea de que hay gente ahí fuera a la que le está pasando eso. Siento las canciones como algo que está muy dentro de mi mente, las siento muy mías. Esto quizá suene muy autoindulgente, pero es sólo cuando las siento así cuando creo que pueden funcionar, que tienen su verdad.

Y en cuanto a la música, ¿cómo suelen surgir los temas? ¿Improvisas con tus socios (el baterista Josh Jaeger y el bajista Stewart Bronaugh)? ¿O llevas siempre tu una base de guitarra muy definida?
Cambia bastante de una canción a otra. Cuando les conocí, primero hubo un proceso bastante intenso de liderazgo, en el sentido de enseñarles cómo sonaban en mi cabeza las canciones que tenía escritas. Fue un proceso algo intenso, con poco tiempo, en el que yo les mostraba ideas de mínimos, sólo yo y mi guitarra. Y cuando tú eres el compositor, cuesta un poco quedar satisfecho con el desarrollo posterior, hay que darle muchas vueltas y, como digo, no disponíamos de demasiado tiempo. Pero en cuanto cogimos el punto adecuado, todo empezó a acelerarse de un modo muy natural. No sé, hay un momento en el que todo empieza a encajar y cada vez hay que explicar menos cosas. Entre los momentos en que dije “estas son las canciones”, “así es como me gustaría que quedaran”, y el momento en que todo empieza a cobrar forma, ocurrió esa cosa maravillosa que llamamos música, que tiene su vida propia y va tomando su cuerpo como por generación espontánea. Cuando eso pasa, cuando de repente ves que el proyecto ya tiene su sonido propio, es cuando sabes que tienes la banda correcta. ¡Y eso ocurrió prácticamente ya en el estudio de grabación! Me siento muy feliz y afortunada por ello.

Tienes una banda asentada, en el disco hablas de pasar página… ¿Sientes como si se abriese una nueva era para ti?
Esa es una de las preguntas más complicadas que se le puede hacer a un artista, porque… eso nunca puede saberse. Sólo sé que ahora, estando de gira, en la carretera, agradezco esta oportunidad de vivir la vida como siempre he querido vivirla. Esa es mi mayor necesidad vital. Ahora bien, sí me gustaría mucho poder descansar apropiadamente cuando termine la gira, para asegurarme de que el próximo álbum que haga esté tan lleno de honestidad como este. La forma en que se hace música en estos tiempos, tan rápida, tan “industrial”, puede hacerte perder la perspectiva. La inspiración no es algo que surja automáticamente cada seis meses, si sabes lo que quiero decir… No sé, por eso me resulta difícil saber si se está abriendo una nueva era para mí. Es una pregunta interesante, sin duda, pero me llevará algo más de tiempo poder responderla.

Pero sí notarás que las cosas van más rápido que nunca.
Sí. Ya cuando grabé “Half way home” (12) empecé a notarlo. Tuve más distribución, más promoción, un equipo de nueve personas trabajando para mí, algo que jamás había tenido antes. La experiencia de liderar una banda, de llevarla de gira, de tomar decisiones, me ha cambiado la vida. Fue un aprendizaje enorme que me ayudó a ver quién era yo. Eso hizo que estuviera mucho mejor preparada para afrontar este último trabajo. ¿Sabes? El otro día, una amiga mía me dijo que ahora todo el mundo le dice “oye, es verdad que Angel Olsen mola”, y que ella les contesta “llevo cinco años diciéndooslo, joder”, ¡jajaja! Sin duda, el apoyo promocional que recibes ahí fuera, la promo, los vídeos, es fundamental para que la gente reaccione de una u otra manera hacia tu trabajo. Yo no acabo de entenderlo, porque si te gusta la música, acabas encontrando las cosas que te gusten incluso aunque nadie hable de ellas, pero ahí tienes la anécdota de mi amiga.

¿Tienes muchas ganas de tocar en España?
Oh sí, amo España, estoy loca de ganas por tocar allí (suena una carcajada y parece como si se riese de sí misma y del topicazo que acaba de decir).

Suenas muy alegre y entusiasta, no como en el disco, jeje…
Hombre, hay que decir que algunas de las canciones que suenan en el disco no son para nada una representación de cómo soy yo. Quizá una exageración de algún sentimiento que he tenido en algún momento. También hay letras que no tienen nada que ver, nada en absoluto conmigo, pero que hablan de cosas que les ocurren a otros, y que me conmueven. Ser observador termina haciendo que algo de lo que observas se apodere de ti. Siempre me ha atraído esa sensación de meterte en la piel de otro. Recuerdo que cuando era pequeña y veía películas en la televisión con mis primos, siempre debatíamos sobre cuál de los personajes era cada uno de nosotros. Era muy divertido.

¿Algún proyecto de colaboración entre manos?
No ahora mismo, pero me encantaría repetir (ha colaborado con LeRoy Bach de Wilco o Tim Kinsella de Cap’n Jazz). La verdad es que he estado muy, muy concentrada en mi propio material y he estado alejada de las colaboraciones. Pero espero que surja una oportunidad pronto, porque es en momentos como éste cuando te refrescan muchísimo.

Bueno Angel, te dejo ya… ¿Qué música lleváis en la furgoneta de gira?
Donny Hathaway. Ahora mismo la furgoneta es como una iglesia rodante.

Peculiar elección, sí, ¿me podrías decir 3 discos que te cambiaron la vida? (le pregunto esto sin imaginar que la entrevista se alargaría otros cinco minutos)
Uf, qué difícil… Espera, dame tiempo para decir algo de lo que no me arrepienta. Mmmm, veamos. Hay mucha presión para dar la respuesta correcta, ¡jaja!. (Varios minutos de risa nerviosa después)

Venga mujer, si empiezas con uno seguro que los otros dos salen rápido, jaja.
¡Jajaja!

Es que hay que tener cuidado con lo que se dice, porque si alguien lee que me gusta esto o lo otro, podría pensar que no le gustará mi música. Y no tiene por qué. Además, cambio de opinión con tanta rapidez…

Pero los que te cambian la vida son para siempre, ¿no?
Que me cambiaran la vida… ok, venga, se me ocurre uno, “Songs of love and hate” de Leonard Cohen.