La Mala ha hecho del ‘a mi aire’ un estilo de vida. Y se ha servido de ello para surfear varias generaciones musicales, con papel destacado en cada una de ellas. Ahora vuelve al trono con un canto a la sororidad: “Gitanas”. Hip hop bastardo que encontrará reválida en nuevos temas que saldrán en otoño. Que pase ya el verano.

María Rodríguez Garrido (Jerez, 1979), para medio mundo Mala Rodríguez, lleva toda una vida haciendo lo que le da la real gana. Desde su debut, “Lujo Ibérico” (00), se ha reivindicado como mujer, como gitana, como andaluza y como artista (en un momento en que los raperos eran poco más que meros rimadores y casi todos hombres). Lo ha hecho pasito a pasito pero con sonoros golpetazos sobre la mesa: no es ella de embustes. Pero la jerezana clama ahora con mucha más fuerza y en colectivo. Con “Gitanas”, un tema interseccional que reivincia género y cultura gitana, vuelve al trono. Las mareas feministas tienen nuevo himno. “Feminismo solo hay uno, nada más”. La lucha es la misma para gitanas, payas y racializadas. Así lo argumenta al otro lado del teléfono Mala Rodríguez, acabada de aterrizar en Santiago de Compostela, donde esa misma noche tiene concierto. La rapera rehúye etiquetas y encasillamientos políticos. Si llega a “Gitanas” lo hace rebuscando en lo que es, mirándose hacia adentro. Y así cree que deberían hacerlo todas las mujeres. “Es cierto que, de algún modo, el feminismo se ha hecho popular, comercial, guay, pero eso no es malo. Cualquier persona que entiende qué significa esa palabra puede interesarse e ir un poco más allá, ver las diferentes batallas que esconde”, matiza.

“Mola cuando eres una persona que sabe callarse. ¿Sabes una cosa que es muy buena? Comerse el orgullo, comerse un poco los cojones”.

Durante la conversación, sólo queda clara una cosa: nada de caretas. Se ilusiona cuando habla de su nuevo largo y se enoja cuando se le recuerda el supuesto collejazo a Rosalía por el apropiacionismo cultural. “¿Sabes que pasa? No quiero decir nada más. Que cada uno haga lo que le dé la gana. Y si haces algo que está molestando a un sector, pues que éste te dé cuenta. Yo tengo una idea de lo que considero una falta de respeto… Imagínate que yo me pongo a hablar como uno del Bronx cuando rapeo [lo imita]. De aquella entrevista lo único que han plasmado es un titular jugoso para enfrentarme con otro artista. Cuando este es un debate de un fondo riquísimo”. Por malos ratos que le cueste, La Mala siempre va al meollo del asunto. Lo hace en el mensaje y también en el envoltorio.

“Gitanas” suena a torbellino. Una hostia –como ella dice– “bastarda”: guitarras flamencas combinadas con R&B oscuro. Voz en primer plano y una base que tintinea, hipnótica, y grita: ¡Me protejo solita! No me toques lo que no me suena. Un tema moderno que escupe vísceras y para el que probó varias bases, incluso una de Alizz. Al final se quedó con la de unos desconocidos por estas costas, Franklin Rodríguez y José Aníbal Vásquez. “El single está de romper las paredes. Probé con varias músicas y de repente escuché esta base y me puso como las cabras. Me colocó. Para mí, todo empieza con las palabras, me pongo a escribir y luego busco los sonidos de las canciones. Ha sido muy bonito esta vez. Se lo debo todo a Frank, El Médico, que me ha ayudado haciendo un research gordo”.

La Mala explica que el álbum lo ha grabado a rachas, en periodos de tres semanas en diversos espacios: nada de estudios. “Cuando compongo no tengo horarios, se me olvida hasta el comer. No me gustan los estudios”. Ante la gran pregunta, ¿seguirá el disco los mismos derroteros que el single? Mutis. “El disco… Tendrá que ver con las canciones que he hecho siempre. Yo siempre busco lo que me emociona, lo que me interesa, lo que me importa. Y todas esas emociones conviven con unos sonidos”. Lo único claro es que, para poder pasearse casi veinte años por el panorama nacional e internacional, Mala Rodríguez se ha sabido adaptar. Ahora sacará los temas de uno en uno. Y una cosa está clara: no habrá disco conceptual. Se espera todo variadito, actual.

Dice no escuchar mucha música. Pero, tal y como ha declarado en otras ocasiones, le gustan La Zowi y Tomasa del Real. A las últimas generaciones les agradece tener que dar cada vez menos explicaciones… ¿Eres rapera? ¿Eres flamenca? Esas barreras, contra las que ella luchó, se han difuminado. Aún así, tiene un mensaje para los nuevos (que se lo aplique quien quiera). “Hoy va todo muy rápido. Y nunca se sabe. Mola cuando eres una persona que sabe callarse. ¿Sabes una cosa que es muy buena? Comerse el orgullo, comerse un poco los cojones. Eso juega también a tu favor. Al final lo único que importa es si tu eres feliz, pero, claro, eso cuesta entenderlo. Siempre habrá verdaderos artistas que no querrán dinero. Artistas libres”. Ella hace tiempo que no se calla. Va en cascada, de aguas lilas. Y no está sola.