A implacable acción erosiva del tiempo parece haber vaciado de contenido una cifra otrora emblemática. Cuesta esperar encontrar playas bajo los fríos adoquines del solado pop español; por eso, el hallazgo de una calita como “1968” (elefant, 01), el primer disco largo de Me enveneno de azules, nos hace pensar, momentáneamente, que sí, que algo puede llegar a cambiar.

Sobre todo por su atipicidad. Porque es un disco que, en sus textos, en sus arreglos, en el acabado de sus canciones, esconde mucho más de lo que muestra. Aunque en superficie lo parezca, no es un trabajo pergeñado por dos espíritus en flor –los hermanos Jesús y José García García superan la treintena con holgura- víctimas de su apego a nuestro quimérico star system. En él, el dúo murciano –de Yecla, para más señas-, establece alianzas definitivas en el devenir de una carrera corta pero intensa que, en realidad, comienza mucho antes de la publicación de su primer sencillo –“Imágenes” (Elefant, 99)-. “Crecimos oyendo a Camilo Sesto, Bee Gees, The Beatles, Los Brincos, Fórmula V, Los Diablos, Simon & Garfunkel… teníamos una hermana mayor que compraba música y le quitábamos el radiocassette para grabar encima de sus cintas versiones distintas. A los quince años teníamos un grupo y nuestro programa favorito era ´Esto no es Hawaii´ del Diario Pop. Nuestra adolescencia estuvo muy bien acompañada por otra vez los Beatles, David Bowie, ELO, Marvin Gaye, Four Tops, Nacha Pop, Los Elegantes, La Mode y muchos más”.

“Para nosotros lo más importante son las letras… somos distintos al resto de los grupos que hay en la escena últimamente”

Alguna de esas alianzas hacen patria –Antonio ´Parade´ Galvañ es el responsable de los estupendos arreglos que surcan todo el disco-, pero ellos prefieren acotar responsabilidades, conscientes de que el reparto de parabienes está asegurado. “Están escritos por Antonio Galvañ y pasados a partituras por Germán Tegerizo. Pero tanto uno como otro han trabajado sobre nuestras ideas dónde y cuando lo vimos conveniente”. Aunque no todo va a ser árnica y pomada. Les envié mi cuestionario vía correo electrónico dejándoles bien claro que no me gustan ni su dote ni su trabajo vocal. Me parece un obstáculo en el disfrute de las canciones más que un acicate para el mismo, además de un endemismo en el pop nacional. No están de acuerdo. Tampoco lo esperaba.

“Respetamos tu opinión pero no la compartimos. Creemos que la voz de MEDA, es de las más claras y personales que hay ahora mismo en el panorama independiente de nuestro país. Por supuesto que podrían haber quedado mejor, pero siempre todo se puede mejorar. De todas formas pensamos que lo más importante de un cantante no es siempre la voz, sino su personalidad a la hora de interpretarla. Dylan no canta tan bien, pero llega como nadie más allá del oído”. Empate. Y, ya que estaba, intenté conocer qué opinaban, precisamente, de la incapacidad de trascendencia popular que muestran la mayoría de nuestros grupos en comparación con la apoteosis corporativa que vivió el pop español cuando ellos eran adolescentes.

En su análisis, la lógica promocional termina imponiendo la presunción de inocencia con que se suele despachar a la mayoría de nombres del pop patrio. Y esa actitud no sólo me parece negativa, sino que no la comparto en absoluto. A mí me parece que los problemas provienen más de la insustancialidad que de las posibilidades promocionales de que se disponga. Aunque reconozco que éstas influyen, claro que sí. “Si te das cuenta, los dos grupos que has mencionado –Los Planetas y Piratas, original que es uno- están en multinacionales y tienen una larga trayectoria. La diferencia de entonces a ahora es que las grandes compañías no apuestan por los grupos nacionales, Elefant, que para nosotros es el mejor sello del mundo (algún día nos gustaría hacerlos millonarios, se lo merecen), Grabaciones en el Mar, Siesta… no tienen el mismo poder que entonces tenía Dro, además de que ahora está todo mucho mas saturado. Últimamente las grandes compañías sólo apuestan por solistas repeinados. De todas formas estás hablando de grandes grupos –Pegamoides, Duncan Dhu, El Último de la Fila, Gabinete Caligari-, aunque pensamos que hoy día también los hay”.

Los haya o no, lo que sí me parece incontestable es su pericia con la pluma. Sus letras, desde una prosa sencilla y limpia, saben transmitir los desafueros del amor, las zozobras del día a día y las maravillas de lo que está por venir con la elegancia necesaria, sin estridencias. Son su buque insignia y ellos lo saben, replicando con seguridad –“Para nosotros lo más importante de MEDA son las letras, todo es importante pero sobre todo las letras. Siempre se intenta contar una historia a través de muchas imágenes que al final tienen un sentido, pero en todas ellas hay que saber leer entre líneas… las canciones son más positivas y reflexivas de lo que parecen. Cada grupo tiene una forma de contar sus historias, y en este sentido creemos que sí somos diferentes al resto de los grupos que hay en la escena últimamente”-, y reservándome la puya, también pop, eso sí, para el final: “Estamos en esto porque nos gusta, lejos de cualquier interés materialista, somos soñadores. Como dijo nuestro amigo Lennon, en esta vida lo que hacen falta son soñadores, no intérpretes de sueños”.