“No soy un esclavo de las expectativas de la gente”
Entrevistas / John Frusciante

“No soy un esclavo de las expectativas de la gente”

Adriano Mazzeo — 14-11-2020
Fotógrafo — Archivo

John Frusciante lleva años demostrando ser mucho más que el guitarra de (ahora sí, ahora no) Red Hot Chili Peppers. Desde hace ya unos años es, por encima de todo, un artista exclusivo, algo que subraya de forma contundente “Maya” (Planet Mu, 20), su primer disco de electrónica firmado sencillamente como John Frusciante.

John Frusciantee siempre representó al rockstar misterioso que a muchos les gusta admirar. Su participación a corta edad de clásicos de Red Hot Chili Peppers, su inconfundible feeling en la guitarra, su vida tumultuosa, sensibilidad omnipresente, búsqueda constante y esa suerte de lejanía que varias veces impuso a la fuerza –como cuando dejó a los Chili Peppers dos veces en momentos de máxima popularidad–, lo hicieron único. Pero sin duda y aunque parezca obvio, lo que más lo encumbró en ese pedestal de los artistas “distintos” fue su musicalidad, evidenciada, más allá de su aporte en la banda de Flea, en una colección de discos solistas y colaboraciones en las que ha abordado varias aristas de su personalidad.

Desde que abandonara a los Chili Peppers por segunda vez, luego de la gira de Stadium Arcadium (2006), Frusciante fue poco a poco plasmando su inspiración en el terreno de la electrónica. Tras cuatro referencias discográficas dentro del género y bajo el pseudónimo de Trickfinger, ahora lanza su primer disco electrónico con su propio nombre en portada.

“Maya” supone un momento clave en la relación de Frusciante con la electrónica, el capítulo en el que definitivamente el compositor de culto se impone ante el guitarrista de una de las bandas más populares del mundo, lo que representa cierta paradoja ya que hoy forma nuevamente parte de ella. En la siguiente charla Frusciante devela más de un aspecto de su personalidad artística, habla de las influencias y los tributos que marcan a “Maya” , del porqué hoy en día se considera un músico electrónico completo y varios etcéteras de valor, sobre todo teniendo en cuenta lo particularmente esquivo que el hombre suele ser con las entrevistas.

“Veo mi música firmemente atrincherada en el presente. Amo la música nueva e intento estar al tanto de todo lo novedoso que sucede”.

Maya era el nombre de tu gata, que murió recientemente ¿Fue una compañía en tus sesiones de compisición o también funcionó como inspiración?
Hago mi música en casa, así que ella estuvo constantemente escuchando. Amaba escuchar discos conmigo, enredándose en mis brazos, frotando mi tripa mientras yo practicaba con la guitarra o programaba máquinas. Y también fue muy considerada conmigo: en quince años nunca se echó en mi mesa de mezclas a pesar de ser una superficie cálida y nunca pisó mi consola de grabación. Alguna vez hizo música a partir de acostarse en mi máquina Elektron y/o caminar sobre mi DX7, lo cual fue genial, pero nunca estropeó nada. Era mágica, era el amor corporizado. Y la magia y el amor son la esencia de la inspiración musical para mí.

La música electrónica fue siempre sinónimo de pensamiento avanzado, de música del futuro, pero en este caso estás homenajeando a ciertos géneros que florecieron hace treinta años ¿Cómo funciona la nostalgia contigo?
Veo mi música firmemente atrincherada en el presente. Amo la música nueva e intento estar al tanto de todo lo novedoso que sucede. Pero siempre me inspiró la música antigua, mayormente porque la comprensión retrospectiva me permite ver la dirección que siguieron los estilos o no. Esto me permite hacer cosas relacionadas con lo que ya se hizo, pero extendidas y retorcidas en direcciones en las que no habían ido. Hay realmente grandes sellos y artistas que se enfocan en revisar el Hardcore y el Jungle y mi música no encaja allí. Esos artistas hacen música nueva con esos géneros, pero se aferran a sus formas básicas de un modo que yo no lo hago. Probablemente yo sea más IDM. Amaría ser alguien como Loefa o Mala, quienes estuvieran justo en la cima, creando un nuevo estilo, pero parece que mi espacio fue siempre el de encarar viejas ideas de nuevas maneras.

¿Cuando descubriste las escenas del breakbeat y del jungle y porque las encontraste especiales y significativas?
Cuando era chico, solía escuchar mucho las baterías de la canción “Fire” de Jimi Hendrix y encontré que había grandes posibilidades en ese beat. Hay ciertos acentos en ese ritmo que son jungle puro y duro. Tenía un amigo en la escuela cuando tenía diez años que podía tocar ese ritmo de “Fire” en su escritorio con sus dedos. Esencialmente el ritmo roto llamado Amen; eso me impresionaba mucho. Trabajé mucho en ello y llegué al punto de yo también poder “tapear” ese beat con mis dedos en mi escritorio, incluso traté de tocarlo lo más rápido que pude. Así que cuando eventualmente escuché “Experience” de The Prodigy y más tarde me metí en el jungle y el drum’n’bass, eran ideas que me hablaban y me eran en cierta manera familiares. Mi banda tocaba funk super rapido años antes de que el jungle fuera inventado, así que yo estaba emocionado pero no sorprendido por el jungle cuando lo escuché. Era una música profundamente enraizada en ideas que ya eran parte de mí.

Usaste un sintetizador DX7 para las melodías en “Maya”. Se necesita un buen tiempo para configurarlo y realmente dominarlo ¿La música electrónica te obligo a convertirte en un geek?
Siempre sentí que la verdadera cuestión interesante es ser mitad cool, mitad geek (risas). Creo que todos coincidimos en que Jimi Hendrix era cool, pero su mayor contribución a la música fue su forma de manipular electrónica. Lo que hizo con las consolas de mezcla fue simplemente romper reglas, como el modo que controlaba la distorsión excesiva y el feedback. Buscó aplicar su personalidad a la ingeniería y el sonido en sí. No estaba preocupado en distinguirse entre el tío cool y el geek, y yo tampoco lo estoy. El DX7 y los sintetizadores modulares en general pueden generar sonidos muy guays. Eso es lo que me interesa. Suelo discutir con ciertos músicos amigos sobre números mayormente o sobre voltajes eléctricos. Eso es cool para mí. Pero sí, si piensas que los números son cosas de obses, yo soy uno sin duda, ya que cuando hago música, mi cabeza está nadando en números. Pero hay sentimientos intensos en mi alma guiando esas ecuaciones.

¿Cómo influyó en tu personalidad tu incursión en la música electrónica? ¿Qué aprendiste de ello?
Aprendí a pensar la música como lo que es: sonido organizado por la mente y el espíritu humano. Amo tocar la guitarra, pero los instrumentos convencionales a menudo incitan a los músicos a ver cómo usar sus manos para definir calidad musical, y eso es un error. La música es sentimiento en sonido, y cuanto mejor hago música electrónica, más entiendo ese principio. Ahora soy capaz de hacer música mediante presionar botones y girar perillas y de ese modo controlar la electricidad; cuando toco la guitarra lo veo del mismo modo. Es todo electricidad, ya sea la carga de nuestras mentes y cuerpos o el equipamiento musical que use.

¿La escena electrónica funcionó como un refugio para ti? ¿Cómo un lugar para conectar con la música desde otra perspectiva, algo así como el punk en tu adolescencia?
Las raves son divertidas, pero nunca me metí muy profundamente en ese mundo de salir de fiesta y usarlo como un refugio. Pero escuchar y estudiar música más allá de lo que se basa en el rock fue siempre un refugio para mí. Desde la composición de “Californication”, la música que más me fascinó fue electrónica, ya sea synth pop, industrial, hip hop, rave o lo que sea. Es saludable ser absorbido por los misterios de la música y también es enriquecedor para la mente el salir de las zonas de confort. Cuando era niño no tenía idea de cómo los guitarristas lograban esos sonidos, y eso me llevó a aprender. Fue igual cuando comencé a escuchar gente que se expresaba muy bien mediante samples, cajas de ritmo y sintetizadores. Una de las principales cualidades del punk es su implacable poder eléctrico, y, para mí, la mejor música electrónica es una extensión de esa idea. El simple hecho de ser un guitarrista decente no es suficiente para mí. Quiero entender la música como algo viviente y utilizo todos los medios disponibles para llegar a ese fin inalcanzable.

“De algún modo, la tecnología ha hecho que la gente sea más vaga, lo cual está bien para algunas cosas”

Más allá de que estés festejando géneros de los noventa, hoy en día puedes contar con equipo que te permite crear patrones rítmicos que hubiesen sido imposibles de crear en aquella época. ¿Cómo crees que la tecnología está evolucionando en relación al acto de escribir música?
La tecnología facilitó muchísimo la posibilidad de que cualquier persona pueda hacer grabaciones de alta calidad y completarlas sin asistencia. Más allá de esto, yo creo que la evolución de la música tendrá más relación con las ideas y el espíritu que con la tecnología. De algún modo, la tecnología ha hecho que la gente sea más vaga, lo cual está bien para algunas cosas, pero creo en la idea de “presionar” a las viejas máquinas para que ofrezcan nuevos sonidos, ya sea un sintetizador analógico o una Stratocaster. El ingenio humano es más poderoso que las herramientas tecnológicas. Dicho esto, me gusta que los samplers y las CPU hayan evolucionado así.

Sobre el hecho de hacer música sin pensar en complacer a una audiencia determinada, ¿sientes que te convertiste en un artista más completo tras esta decisión?
Siempre estuve en desacuerdo con la idea de una audiencia concreta. Amo hacer feliz a la gente, pero también sé que la música es una fuerza en mi interior y por momentos ha sido difícil conciliar ambas cosas. No soy un esclavo de las expectativas de la gente y eso me mantuvo evolucionando, creciendo como músico. Al mismo tiempo la conexión de mi música con la gente posibilitó este crecimiento. Realmente se trata de un equilibrio. La música es una forma de comunicación, pero también es un enlace entre el alma y la inteligencia del músico. Tienes que ser fiel a ese enlace o en caso contrario no tendrás nada que ofrecerle a la humanidad.

Recientemente has declarado que eres, de algún modo, una persona fría. Temo que eso no es lo que se aprecia en tu música. ¿Podrías explicar esa afirmación?
Mi carácter tiene muchas caras. Puedo ser un amigo amable y muy cálido, pero también un pasota sin sensibilidad. Creo que esta es la realidad de la mayoría de las personas. Por definición somos personas, por ende, imperfectas. Cuando tengo mi cabeza enfocada en música, siento más como una máquina que como una persona. A veces ha sido complicado para mí estar en ese espacio mental y luego, de repente, tener que ser considerado para no herir los sentimientos de los demás. Requiere muchísimo enfoque transmitirle energía a la música, y moverse con sutileza desde allí a la esfera de la interacción humana es desafiante. Pero ahora soy mejor que nunca evaluando situaciones desde el punto de vista de otro. Me esforcé muchísimo para ser un jugador de equipo en lo que refiere a las relaciones humanas, y estoy progresando. Pero sí, puedo ser bastante frío y aún así hacer música emocional.

“Algunos músicos se establecen en un personaje cuando tienen veinte años y se mantienen de ese modo durante toda su vida. Admiro esa consistencia e integridad”.

¿Qué relación tienes hoy en día con el rock, teniendo en cuenta que estás de nuevo en Red Hot Chili Peppers?
Amo la música con base en el rock tanto como siempre la amé. Ese sentimiento nunca ha cambiado. Mi habilidad para descifrar y tocar con precisión el contenido de mis CD’s rockeros es posiblemente mi máxima virtud musical. Durante los años que estuve alejado de la banda, continué tocando la guitarra sobre temas de otros. Amo aprender a pensar como otros músicos. Sus mentes creativas están en esos discos. Si te tomas el tiempo de ahondar en ello. Hay un sinfín de misterios en el rock y desenmarañarlos será siempre uno de mis grandes intereses. Pero, a estas alturas, los misterios del rock son metafísicos y ontológicos para mí. Las notas y ritmos, y cómo se tocan son algo que conozco bien, así como las técnicas de grabación utilizadas. Sé cómo tocar toda la música rock que amo. Sé todas las partes, no sólo la guitarra. En comparación, la música electrónica me maravilla, porque sé mucho menos acerca de cómo está hecha. Progresé mucho en los últimos doce años, pero cuando veo lo que Aaron Funk (ndr: Venetian Snares) hace con un sintetizador modular, por ejemplo, me encuentro en el mismo nivel de admiración de cuando tenía siete años y veía a algún adolescente tocar un tema de Kiss en la guitarra.
Cuando escucho a Autechre, generalmente no entiendo cómo lograron lo que estoy escuchando, pero tengo el entendimiento suficiente para hacer preguntas y así llegar a disfrutar del alma de su música, y también ejercitar mi curiosidad. E incluso música electrónica que es comparativamente más simple que lo que hacen estos tipos también es convincente para mí, porque entender cómo piensan los músicos no suele ser algo fácil. Quizá pueda entender lo que gente como Drexciya está haciendo a nivel programación, pero cómo llegaron a elegir esas notas específicas, ritmos y sonidos es un enigma. En el rock tengo un buen entendimiento del porqué, por ejemplo, George Harrison elige ciertas notas en un solo. Miro los acordes y la línea de bajo y veo la lógica de esas relaciones. Hay una base teórica involucrada en esto que yo puedo entender. Esta base no siempre aplica para la música de máquinas. Cuando escuché “Louie, Louie” por The Kingsmen a los cinco años, fue un shock. ¡El sonido de la batería! Creo que ni sabía que eso se llamaba “batería”. Y los golpes de bombo de Dillinja me resultan ahora tan misteriosamente poderosos como antaño. Así que en el rock siempre me preguntaré como una voz como la de Kurt Cobain pudo haber surgido en este planeta o cómo The Beatles estaban destinados a generar semejante química perfecta, pero no me pregunto cómo hicieron su música porque esas mecánicas me son familiares. Estoy fascinado con que hayan existido y que hayan hecho exactamente lo que hicieron, pero eso cuenta también para cada músico electrónico que me gusta. Como escucha tiendo a meterme mentalmente dentro de esa música de una manera que no lo hago con el rock, que es parte de mi naturaleza. Cuando dejé la banda la última vez, mi interés se alejó de la idea de hacer rock y deseé hacer música electrónica de lleno, así que seguí ese entusiasmo. Pero mi amor por el rock se mantuvo en su lugar. Hoy estoy muy emocionado por las posibilidades inherentes en el rock como forma de arte y estoy muy ansioso por cada simple ensayo con mi banda, tanto musical, como socialmente. Y también mantengo la idea de seguir haciendo electrónica; tengo el espacio y tiempo para ambas cosas. No hago mucho más con mi vida, más allá de practicar y hacer música, así que hay tiempo para todas las cosas que me generan interés.

¿Qué echabas de menos de ser un músico de gira en una banda de rock?
Lo que eventualmente eché de menos fue interactuar y hacer música con estos tres tipos. Creo que Dios pone gente en tu camino para darte la oportunidad de crecer. Si evitas a los demás y eres esquivo, aprenderás las lecciones igual, pero seguramente de formas más duras y dolorosas. Los cuatro estamos creciendo como resultado de intentar ser mejores compañeros de banda día a día. Cada uno de nosotros está más comunicativo ahora. No extrañé nada del estilo de vida del músico de rock, sólo sentí que los cuatro teníamos aún cosas que hacer juntos mientras estamos aquí.

¿Por qué nunca giras con tus discos de material propio?
Hice un puñado de shows acústicos a comienzos de los 2000. Fue divertido, pero siempre me vi más como un creador que como un performer. Si me das la posibilidad de hacer nueva música o dar conciertos, elegiré siempre la primera opción. La banda giró mucho en la época de mis discos en plan cantautor, así que sólo tuve tiempo para hacer las canciones. Para mí actuar en vivo es algo que mayormente hago con Anthony, Chad y Flea. Simplemente nunca sentí el impulso de intentar crear ese tipo de energía con otro grupo de personas. Sentí como una fuerza mágica nos unió cuando yo tenía dieciocho años y estoy casi seguro de que eso sucede una vez en la vida a músicos que tienen mucha suerte. Tengo una gran química con Aaron Funk en Speed Dealer Moms, pero el amor que compartimos por hacer cosas nuevas nos ha impedido el esfuerzo adicional necesario para poder encontrar la forma de llevar nuestra propuesta al escenario.

¿Cuál sería el denominador común que atraviesa a todos los “Johns Frusciantes” que conocemos?
Honestamente siento como que no todo lo hice yo. Recuerdo la mayoría de las fases de mi carrera como si yo recordara la vida de otros, o como un sueño. Para alguien que nunca tuvo la consciencia de inventar personajes, siento que fui muchas personas distintas. Esa inconsistencia, o incluso inestabilidad fue un denominador común. Algunos músicos se establecen en un personaje cuando tienen veinte años y se mantienen de ese modo durante toda su vida. Admiro esa consistencia e integridad. Yo, por otra parte, siento que me poseyeron una serie de espíritus ante los cuales lucho lo mejor que puedo, tratando de mantener el ritmo sin relajarme del todo. Pero también creo que hay un sentimiento en mi música que atraviesa todo eso. Tuve ese sentimiento cuando tenía catorce años y no importa qué tan distintas formas musicales yo le pueda dar. Puedo escuchar el mismo espíritu en “A3t1ip” y en “I Could Have Lied”.

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