Muchas son las caras que nos ha mostrado el músico nacido en Sestao Ibon RG. Ya sea trabajando para proyectos ajenos (Mursego, Xabier Montoia) o por medio de su propia banda, Eten, sus aportaciones han estado encaminadas al trasteo de sonidos y la búsqueda del entendimiento entre tradición y vanguardia. Ahora, de la mano de este disco doble de categórico título, “Hil zara”, añade a su currículum este episodio rubricado bajo su propio nombre. Para iniciar dicho viaje ha elegido un trabajo complejo, en su forma, dotándole de dos partes: una con canciones a capella y otras acompañadas de únicamente el piano, como en su fondo, con una lírica de encriptada riqueza y reflexivo mensaje. Todo un sobrecogedor debut del que charlamos con su autor…

Como multiinstrumentista, que además destacas por innovar con los sonidos, ¿cómo llegas a decidir construir un disco debut en solitario centrado en la importancia, casi capital, de la voz?
La voz es el instrumento que más me interesa, todos tenemos una y es incomparable. Personalmente, como Ibon RG, llevo una década ofreciendo conciertos de índole experimental con la única compañía de la voz, generalmente basados en la improvisación, aunque ahora estoy trabajando más en la melodía desde un punto de vista de la música popular o tradicional, cercana a esos esquemas, a pesar de que la experimentación los atraviese a veces.

En tus proyectos suele tener un papel destacado esa tradición musical vasca y la manera de asumirla hoy en día, ¿ha habido en estas nuevas canciones una intención de mostrar su faceta más clásica?
Es una de mis pasiones, las canciones cantadas, generalmente a capela; las de aquí y las de todo el mundo. La de origen balear por ejemplo también me flipa, o la de Albania, o Grecia… Pero también veo que aquí siempre se recrean una y otra vez algunas de aquellas canciones, excusándose en un proceso de modernización. Yo he preferido aportar las mías. Un amigo me dice que le dan ganas de cantarlas en una cena. Yo ya con eso me conformo.

Decides hacer este disco bajo tu nombre y no lo has integrado en otros proyectos, ¿hay algo especialmente intimo y personal detrás de ello?
Tocar en solitario es totalmente diferente a tocar en grupos, ya sean de dos, tres o siete componentes. Igualmente es distinto a la hora de tomar cualquier decisión artística, en el escenario o fuera de él, y también técnicamente. Curiosamente, el equipo de amigos que me ha rodeado en todo este proceso me ha hecho sentir más arropado que en grupos en los que milito o he militado.

¿Y por qué hacer dos volúmenes claramente diferenciados, uno a cappella y otro a voz y piano, y no un único disco conjunto con mezcla de ambos formatos?
El trabajo ha ido tomando esa forma mientras se iba fraguando. Porque en un principio todos los temas están concebidos y premeditados para ejecutarlos a capela: la voz y la respiración es la que guía todas estas canciones. Pero casualidades de la vida, una vez me senté al piano para afinar y concretar un asunto técnico de una canción, y el piano se quiso quedar en todo el tema, pasando lo mismo poco a poco en algunos otros. Hay otros muchos sin embargo a los que no les he querido dar esa oportunidad.

Leo que el detonante para que todo encajara y te lanzaras a la realización del disco fue el poema de Koldo Izagirre “Baldintza subjetiboak”, ¿qué te aportó o proporcionó su lectura para que adquiriera ese papel determinante?
Otra casualidad. Koldo Izagirre me resulta muy inspirador, y no solo para hacer música; la forma que tiene de escribir, estirar el lenguaje, experimentar con ello y hacerlo incómodo pero a la vez no perdiendo musicalidad; y lo que cuenta mientras hace todo eso… Pero la casualidad llegó cuando una melodía con una métrica bastante concreta que me rondaba continuamente durante aquella época se instaló en esos versos. Lo que sucedió después fue que las melodías que estaba empezando a acumular, y que tenían visos de no llevar letras sino juegos fonéticos, comenzaron a pasar por el aro de las letras, lo cual me puso en el trance de tener que escribir, algo que detesto, porque la música se debe defender por sí sola. Pero he terminado por jugar y disfrutar con esa situación e intentar conseguir un equilibrio entre textos que sean jugosos pero que no molesten a la música, que sigue siendo la prioridad.

Uno de los discos de este “Hil Zara” ha sido grabado en una escuela de música y otro en entornos naturales como eremitorios, cuevas, búnkeres… ¿pretenden representar esa dualidad compuesta por una parte académica y una más, digamos, salvaje o natural?
No me veía cantando las canciones a capela en un estudio. Tzesne, que se ha encargado de la producción de ambos discos, pensó que ganarían interpretadas en localizaciones diferentes, y que no estaría tan solo cantando, sino acompañado de las paredes de esos sitios.

La escuela de música de Eibar nos la consiguió Maite Mursego. Yo no tengo estudios de música… Sé leer una partitura, pero no uso solfeo para hacer mi música. Si por mí fuera habría llevado un piano a una cueva, pero pensé que la espalda sufriría menos haciendo esas canciones en un estudio. Realmente y conscientemente no había pensado en esa dualidad, aunque está bien que surja esa interpretación.

“Intento que las letras interfieran lo menos posible en la música, aunque es prácticamente imposible”

¿Son entonces esas diversas acústicas que te proporcionan los entornos naturales el elemento que utilizas para aportar diferentes ambientaciones a las canciones?
Así es. La escucha de ese primer disco requiere una escucha un tanto “arqueológica”. Es una especie de registro de ambientes, con transiciones abruptas entre ellas. Como si fueran unas grabaciones sueltas que alguien ha encontrado. Es muy diferente al disco de piano. Ahí todas las canciones suenan en el mismo lugar, con una misma microfonía; incluso la forma de ordenar los temas y separarlos es totalmente distinta, se intenta que el lugar no tome parte en la canción, por muy imposible que eso sea.

¿Ha sido complicado el proceso de grabación y producción relacionado con ese tipo de entornos más abruptos a la hora de conseguir el resultado que buscabas?
Ha sido una gozada, es como ir de excursión con cuatro amigos al monte cargados de micrófonos y comida, disfrutando de los obstáculos que iban surgiendo, como por ejemplo montañeros que aparecían en una cueva en medio de la grabación. Sobre la producción del sonido, el mezclar todas esas tomas de micros y tomar decisiones de alejar o acercarlos hay que preguntarle a Tzesne, porque él ha trabajado esa parte, con total libertad, o bueno, dejémoslo en el noventa por ciento… Los entornos han ido surgiendo sobre la marcha, eligiendo los que iban resultándonos óptimos y curiosos. También alguna vez, al descartar alguna toma, nos hemos visto “obligados” a hacer otra excursión.

En las canciones susurras, gritas, te desgañitas, te muestras pretendidamente excesivo, recitas.. ¿qué te empuja a realizar una entonación u otra, es cuestión de improvisación o buscas el medio idóneo para el tipo de letra?
La letra es el último escollo de todas las canciones, todas esas formas de cantar vienen de improvisaciones y experimentos con la voz, cosa que he venido trabajando con dúos como Gargara, Boz Mineralis o Plu de Mekanisms. Así que es quizás la música la que me hace pensar en ciertas palabras, aunque a veces no haga caso a ese instinto.

Empiezas y acabas el doble trabajo con canciones tituladas de la misma manera, con el nombre del álbum, ¿representa un recorrido con principio y fin o un camino que retorna al principio?
Era una forma de redondear el trabajo. Cuando la canción que luego sería “Hil zara I” fue tomando forma y cogiendo su posición como primera del disco, llegó la letra y el título. También iba teniendo claro cuál iba a ser el tema de cierre. Y vi que, al hacer las letras lo último, había margen para denominarla también así, y fui escribiéndola sobre esa idea.

Unas letras plagadas de referencias a elementos naturales, ¿se trata de un ejercicio de simbolismo o de mostrar un plano, el de la naturaleza, en confrontación con el del individuo?
Intento que las letras interfieran lo menos posible en la música, aunque es prácticamente imposible. Intento conseguir eso con textos más abstractos, surrealistas o ambiguos, porque un mensaje muy evidente puede distraer demasiado. A partir de ahí no controlo qué es lo que me ha llevado a elegir tantos elementos naturales, más siendo de Sestao y viviendo en Bilbo. Quizás por recuerdos de pequeños, los veranos en Burgos… o como bien dices, por confrontar.

Estamos ante un disco profundo, dramático, reflexivo… De alguna manera un concepto alejado de esa parte más evasiva o de puro entretenimiento relacionado a veces con la música popular. Entiendo que para ti el término tiene muchas vertientes además de esas…
Sin entrar a valorar mi música, creo que la música profunda, dramática o reflexiva también ayuda a evadirse y entretenerse. Es decir, yo concibo el arte también como evasión, y eso sucede cuando algo es sublime y te revienta el cerebro: consigues olvidarte de todo lo demás. Cuando hay creatividad, para qué pedir más. Yo reivindico el arte.

No sé si te has planteado el modo o la forma en que un disco como éste puede ser llevado al directo en cuanto a localización, contexto..
Las cuevas y búnkeres solo son el traje que llevan en esta ocasión los temas. A fin de cuentas, no son más que canciones, melodías, se pueden interpretar en cualquier sala o a la intemperie. Lo que sí exigen son unos mínimos de silencio y atención, conseguir eso es a veces más difícil que llevar un piano a una cueva.