El disco se llama Trip Ass. Está compuesto, grabado, producido, mezclado y masterizado en mi habitación por mí y sin ninguna colaboración. Así de contundentes y tajantes son las premisas con las que Miguel Grimaldo, uno de los talentos más brillantes que transitan los márgenes más comprometidos e interesantes del rap patrio, nos presenta su inminente, y esperadísimo, nuevo trabajo.

Dos años después de Entropía (Gamberros Pro, 2017), uno de los mejores discos de rap hecho en España, el MC y productor vallisoletano, miembro de los imprescindibles Urano Players, vuelve con una auténtica joya de rap duro y callejero, tecnológico y descarnado, urgente y actual, que supone un giro de tuerca en el tratamiento de la oscuridad al que nos tenía acostumbrados. No hay oxígeno ni luz a lo largo de los cuarenta minutos que dura el viaje propuesto por Trip Ass, Grimaldo te salta a la yugular con cada frase en una especie de pesadilla urbana a base de electrónica densa, nocturnidad, ambientes obsesivos y alucinatorios y mucha, mucha rabia. El resultado final es tan fascinante como adictivo.

El 27 de septiembre Miguel Grimaldo presentará en directo los temas de Trip Ass en la madrileña Sala Costello junto a Elphomega (showcase especial), Elvira (ex-Standstill) y The Secret Society Soundsystem, en la primera edición de Noche Bomba (21:00h, 10€).


¿De dónde sale este disco? ¿Qué ha pasado entre Entropía y Trip Ass?
El problema que tenía con Entropía es que en directo no funcionaba tan bien como me gustaría. Es lento, diría que casi es un disco de ambient-rap, así que me propuse hacer un disco más orientado a los bolos, que es lo que más me gusta hacer. El proceso ha sido un poco aparatoso realmente, empece a hacerlo nada más llegar a Madrid hace dos años. Y, bueno, se me ha ido atascando en mayor o menor medida, como todo.

“Baladas para yonkis y bakalas, tener trabajo no nos va a salvar de nada”. Todo el disco está atravesado por imágenes de precariedad, desigualdad y alienación. ¿Tu música es una reacción a tu condición social o existiría a pesar de ella?
Mi música es una representación de mi condición social. Escribo lo que vivo, a pesar de lo que vivo. Mi vida es un Cristo, paso por temporadas en las que no puedo hacer música por el curro (ahora mismo llevo algo más de tres meses sin poder hacer nada), así que a veces estás a fuego una temporada para frenarte otra. Es lo que tiene el mundo en el que vivimos.

Ese realismo sucio y honesto, elemento constante y unificador a lo largo de la trayectoria de Miguel Grimaldo, plaga este disco de imágenes distópicas y auténticos puñetazos a la conciencia en unos textos crudos y políticos, escritos desde las entrañas y sabiendo muy bien dónde apuntar. Como un cruce entre Crass, Adam Curtis y El-P. Aquí no hay nada ligero, las letras de Trip Ass te atrapan en una espiral de oscuridad, protesta, química, tecnología, injusticia, resistencia y desesperación, con la velocidad de la vida en una ciudad-monstruo como hilo conductor. Cuando escuchas en boca de Grimaldo “Mi cabeza Yugoslavia, escribo con un cutter apoyado en la garganta”, entiendes que estás ante algo serio.

“Separados por billetes desde el cole”. Todo lo que escribes parte de una perspectiva de conciencia de clase. ¿De dónde sale este interés por la política y de qué manera se materializa en tu vida aparte de la música?
Vivir es política, es algo que por mucho que te quieras alejar de ello sigue allí. Vengo de una familia implicada en ello. Si algo aprendí de mi mama es a no callarme la boca. Siempre he estado cercano a la Coordinadora Antifascista de Valladolid y a la gente del BAF, estoy afiliado a CNT… Tengo una vida de mierda que me impide participar en todo lo que quiero pero aun así procuro involucrarme todo lo que puedo.

Entonces, ¿arte y activismo van necesariamente de la mano para ti?
El activismo me parece básico para avanzar.

¿En qué problemas te ha metido la música que haces?
Pues sí que me ha metido en problemas, pero quiero pensar que me ha dado más alegrías.