Gold Panda, soñar despiertos
Entrevistas / Gold Panda

Gold Panda, soñar despiertos

Celestí Oliver — 05-12-2010

Algunos compartimos a veces soñar despiertos, refugiarnos en la contemplación del pasado. La nostalgia es indudablemente saludable para sobreponerse al presente y al futuro. Es fuente de esperanza y alegría. Gold Panda lo sabe bien y “Lucky Shiner” lo subraya. Y es que a los treinta ya se empieza a tener pasado como para echar la vista atrás, incluso a lo que nos ha quedado de la electrónica de los noventa.

Le situamos en el mapa con media docena de Epés repartidos en estos dos últimos años. Y fue, como tantos otros, sin ni tan siquiera descubrirnos su verdadero rostro, oculto bajo esa incógnita que tanto gusta a ciertos mentores de la electrónica. Localizamos su situación, cierto, pero el londinense de acogida Derwin Panda es quien, desde entonces, marca las coordenadas a seguir cuando te dejas llevar por su brújula: ese espacio-tiempo que marca su rítmica y su melodía y ese paisajismo de ensueño al que bien nos podrían guiar el crujir de las hojas secas pisoteadas en otoño, las gotas de agua que lo humedecen todo o el tintineo de campanillas en un frío valle boscoso perdido por el inmenso y ancestral paraíso asiático. “Japón siempre ha ejercido una gran influencia en mí, su cultura visual es impresionante. Siempre me ha inspirado lo que he visto ahí, la topografía general y el concepto de repetición en las ciudades. Espero poder ir a China el año que viene. Siempre tengo un sueño muy recurrente en el que estoy caminando por un muelle lleno de contenedores de transporte, que sirvió de inspiración para ‘Same Dream China’”, la más oriental de este debut junto a “India Lately” o la melancolía acústica de “Parents” que se inicia con la voz de su abuela. Y de ahí, de ese amor familiar, viene el título “Lucky Shiner”: su nombre. El homenaje de ese nieto que muchas desearían tener. “Mi abuela es de la India lo cual es una influencia bastante obvia”. Una inspiración, la oriental, que ya dejó huella en anteriores entregas como el maxi “Quitters Ragga”. IDM de la vieja escuela Warp como “Before We Talked” con una primera parte con rítmica a lo Autechre, como muy de teclear en la oficina, y una segunda más ambient y que tiene su reverso en “After We Talked”, mucho más contemplativa. Remite al sonido Border Community en “Vainilla Minus”, que bien podría haberla firmado Nathan Fake, aunque en el disco hay mucho más que momentos mecánicos y tecnológicos porque deja que se asome el bucolismo propio de un folktrónico no muy lejano al de Boards Of Canada o, sobre todo, al de Four Tet en piezas como “Marriage”. Pero también da espacio a las voces que, pulsadas y lanzadas desde su sampler francotirador se convierten en el ritmo base del inicio del álbum, una de las piezas pop más frescas construida a partir de un escueto “You”, con el que -y junto al final de “I’m With You But I’m Lonely”- contribuye a alargar la sombra de Animal Collective y que acaba reutilizando para cerrar el disco.

Un trabajo que también acoge una calidez muy de andar por casa de hogares tipo Morr Music, aunque el conjunto tenga más bien poco o nada de indietrónica y sí de ritmo casi reggaetón en “Snow And Taxis”. “Es un placer para mí ser comparado o visto en el mismo nivel que cualquiera de esos artistas. En realidad, crecí escuchando mucho hip hop y r&b, por lo que todo el material de Border Community me resulta todavía bastante novedoso en relación a lo que me inspiró a empezar a hacer música. Estoy contento de que se me relacione con esos artistas porque realmente me gusta lo que hacen. Acabo de trasladarme a Hamburgo, y cerca hay una tienda y sello discográfico que se llama Smallville. Compro mucho material en esa tienda, lo cual es muy estimulante. Me siento muy inspirado por el tiempo lluvioso, frío y deprimente, lo cual es perfecto estando aquí”. Un humilde Derwin y una humilde inspiración que se traduce en una electrónica de estructuras clásicas, más pop. “Un amigo me dijo que mi música es ‘como una versión accesible de toda lo que escuchas, Derwin’. Genial, está bien que esté considerado como pop. Quería hacer un álbum con estructura, como una historia con un principio, un desarrollo y un final”. Y lo ha conseguido. Ha aportado una banda sonora sugeridora de las imágenes que cada uno consiga proyectar. Y todo mediante el reciclaje y la reinterpretación de sonidos orgánicos y naturales. Mucha espesura verde oscura, mucha, pero también hay muchos tonos azulados. “Cojo uno sonido con el que hago un loop, quizá el sampler durará escasamente un segundo o puede que dos o tres, y entonces subo el tono arriba y abajo hasta conseguir una melodía. Luego, voy incorporando fragmentos de discos antiguos y a veces añado sonidos propios que hago con cosas que encuentro por casa. Nada del otro mundo. Estos días he empezado a realizar más grabaciones en el campo”. Así de humano. Fueron dos únicas sesiones en la campiña inglesa de su natal Essex con el beneplácito, después, de James Shaw de Simian Mobile Disco. “Cuando compongo algo, generalmente empieza de una forma desordenada porque no estoy pensando en la parte técnica o en la calidad del sonido. Luego, al acabar, me pregunto ‘¿por qué no he grabado esto como Dios manda?’, pero cuando vuelvo atrás e intento hacerlo de nuevo suena forzado y artificial. James y yo nos hicimos amigos ayudándole en un par de directos y él me ofreció también su colaboración. Sobre todo remezcló el disco e hizo que sonara más profesional y no tan maquetero”. “Lucky Shiner” es una suerte de viaje emocional. Una exploración por la imaginería sensitiva proporcionada por ese sentimiento de nostalgia, ilustrado con parajes recónditos. Inspiradores, incluso, como sintonías para la radio. Lo dice uno que las utiliza.

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