El grupo donostiarra Frank redobla su apuesta rockera en “Atlas”, un nuevo trabajo que vuelve a estar influido por los evocadores cuatro elementos: el fuego, al agua, la tierra y el aire. Grabado el verano pasado bajo la supervisión del también músico y productor Álvaro Turrión, para Frank la madre naturaleza es una fuente inagotable de inspiración: “Forma parte de mi imaginario visual y musical”, afirma su cantante, Sara Comerón, en esta entrevista.

¿Cómo es eso de que vuestro batería Andoni “no hacía más que toparse, en cualquier lugar y ocasión, referencias a Atlas”?
¡Pues tal cual! Aunque un poco literariamente explicado. El caso es que tras incluir al personaje de Atlas en una de las letras del disco, Andoni veía el nombre por todas partes o se topaba con alusiones a él. Y la gota que colmó el vaso fue que, en la época en la que teníamos que decidir definitivamente el título del disco, una noche que tocábamos en Corella, nos dimos de bruces con una mega estatua del mismísimo Atlas. Flipamos bastante, claro, e inevitablemente nos lo tomamos como una señal.

Las primeras canciones de Frank surgieron en la habitación de tu casa en 2013 y de ahí fueron a parar al primer EP. ¿Se puede decir que ya sois una banda democrática, hecha y derecha?
Intentamos ser democráticos, mal que nos pese (risas). ¡Es muy complicado esto de ser equitativo, con lo que debe molar la tiranía!

Tengo la sensación de que con los años os habéis ido rockerizando. Frank es ahora un grupo de rock vigoroso.
¿Tú crees? Es muy posible, sí, aunque la vena rockerita siempre la hemos tenido ahí, no en vano cada uno venimos de donde venimos. De todos modos, creo que todos teníamos la necesidad de que apareciese más a menudo y mostrara la patita sin miedo. Aunque seguimos siendo intensitos con lo delicado, ¿eh?

“Teníamos la necesidad de que la vena rockera apareciese más a menudo y mostrara la patita sin miedo”

¿La producción de Álvaro Turrión ha tenido algo que ver en la reconversión? ¿Es de los productores que se mantiene al margen o es más bien intervencionista?
No sé si ha habido reconversión, en realidad todo ha sido siempre fluido y cero buscado. Otra cosa es el sonido o la intención de las canciones y sus arreglos. Álvaro ha sido siempre muy cuidadoso y respetuoso a la hora de opinar, sobre todo en cuanto a composición. Ha dejado que las cosas sean, viendo y dirigiendo nuestra mirada hacia lo que podían ser. Una visión externa como la suya viene genial cuando cuatro personas llevan meses encerrados con sus cancioncitas.

Sigues salpicando tus letras con los cuatro elementos de Aristóteles: el agua, el fuego, la tierra y el aire. ¿La naturaleza ejerce de poder evocador en tu escritura?
Total y absolutamente, y creo que eso no cambiará nunca. Forma parte de mi imaginario visual y musical; palabras y sonidos que resultan ser lo mismo. Es todo un poco sinestésico.

¿De qué va el vídeo de “Total blackout”? Entiendo que no se puede disociar de la letra: “Fear is coming, I just can´t move / total blackout, born into the vortex”.
Pues tal cual lo mencionas. Efectivamente, no se pueden disociar ni la oscuridad ni el miedo del vórtice donde ambos nacen. Andrés Daniel Sainz, el creador y director del videoclip, ha parido una obra tremendamente personal y simbólica basada en la letra de la canción pero pasada por su propio tamiz surreal, poético e inquietante.

El otro día la banda gallega Agoraphobia decía en Público que del mundo de la música cambiaría el “machismo”. ¿La industria musical está tan llena de machos alfas como parece?
El mundo, en general, está poblado por machos alfa. Algunos ni siquiera saben que lo son, y la industria de la música no iba a ser menos. Como en todo, para que algo cambie a nivel global debe cambiar primero a nivel individual, y para eso hace falta mucha autoconsciencia y humildad. Si no partimos de ahí difícilmente ni el mundo de la música ni ningún otro cambiará el machismo imperante… ni nada.