“Me siento fuera de lugar en una militancia que no sea artística”
Entrevistas / Enric Montefusco

“Me siento fuera de lugar en una militancia que no sea artística”

Yeray S. Iborra — 14-10-2016

El disco está compuesto en Gràcia, ahora vives en el Empordà. ¿Afecta?
Una obra es siempre consecuencia de tu vida. Volví a Barcelona sólo porque las circunstancias me obligaron.

Barcelona es exigente.
Exige demasiados compromisos, sí.

¿A qué compromisos te refieres?
Primero vomité los bocetos de los temas y luego intenté entender el porqué de ellos; siempre lo hago así, de hecho. Y de golpe me di cuenta que todos tenían que ver con el bagaje cultural que ha recibido mi generación y que afecta a la clase media-baja, y a la trabajadora. A la que pertenezco. Nací en la Meridiana [una de las principales avenidas de Barcelona]. Y la Meridiana simboliza lo que rechazo y lo que amo.

Eres vecino de An

Barcelona es exigente.
Exige demasiados compromisos, sí.

¿A qué compromisos te refieres?
Primero vomité los bocetos de los temas y luego intenté entender el porqué de ellos; siempre lo hago así, de hecho. Y de golpe me di cuenta que todos tenían que ver con el bagaje cultural que ha recibido mi generación y que afecta a la clase media-baja, y a la trabajadora. A la que pertenezco. Nací en la Meridiana [una de las principales avenidas de Barcelona]. Y la Meridiana simboliza lo que rechazo y lo que amo.

Eres vecino de Antonio Baños, pues.
No lo sabía. [Ríe]

Sea como sea. ¿Qué odias o amas de la Meridiana? Como símbolo de classe.
Todo es una mentira, todo lo que se nos prometía. He intentado desarrollar una trayectoria personal y profesional comprometida, y la vida se acaba convirtiendo en continuos desengaños: lo que debería ser y no es nunca. Se nos educa en inputs totalmente falsos: yo he sufrido mucho por culpa de éstos. Por eso es muy importante tomar conciencia para intentar no perpetuar la deriva con cada decisión.

“Yo no he dejado de vivir en la precariedad: pocas seguridades, vivir al día… Mi vida es lo contrario de la comodidad”.

¿Es fácil desclasarse cuando a uno le hacen entrevistas a menudo, cuando sale en los medios y goza de cierta repercusión?
Yo no he dejado de vivir en la precariedad: pocas seguridades, vivir al día… Mi vida es lo contrario de la comodidad. Yo sólo he sentido una distancia muy grande respecto a la generación de mis padres en términos culturales. Simplemente con el tiempo he tomado una conciencia más clara, y con este disco me atrevo a hacerlo explícito.

¿Nunca vino de casa tu capital cultural?
Al contrario. Mi casa forma parte del barrio; el que me enfada, el del status quo.

¿Qué estudiaste?
Soy economista. Y eso también forma parte de mi fuga… Si en un cierto momento no hubiera tenido la energía para hacer una apuesta tan ciega como dejar un banco para hacerme punk a los 22 años… Quizás tendría el tipo de vida contra la que ahora me rebelo. No es fácil salir de un entorno y ver las cosas desde otra perspectiva. Hay que ser cabezón.

¿Eres el primer universitario de tu familia?
Mis hermanos y yo, sí. Mis padres no fueron a la universidad. Mi padre era contable y mi madre, ama de casa.

Ahora puedo decir que empiezo a entender el porqué del título del disco, “Meridiana”.
No me escondo, no. No me interesa que la gente sepa quién son mi familia, pero no quiero rehuir de mis raíces tampoco.

¿Qué querías transmitir con la portada? En ella sale hombre… Castigado, crudo.
La trabajé con Rafa Castaño, con la técnica del collage. Y jugando hemos encontrado muchas cosas. Me parece icónica.

Vivimos un momento de músicos que se comprometen. En Barcelona mismo ha nacido un sindicato de músicos. ¿Cuál es tu compromiso?
En el pasado he formado parte de asociaciones, como una de artistas multidisciplinares con vertiente política. Y aprendí muchísimo allí. Me dió perspectiva, pero también me dejó claro que mi camino no era ese: yo me pongo al servicio de aquello en lo que creo, y en lo que más es en mi música. Me siento fuera de lugar en una militancia que no sea artística; siento que mi talento se pone fuera de lugar, lejos de lo estético.

Cada vez estoy más lejos de una música pensada para élites culturales. Me interesa poder llegar a cualquier persona“.

¿Qué es ser un militante artístico?
Creo que acaba siendo más importante cómo llevas tus cosas, las pequeñas. Cómo has dejado de transigir con tu realidad impuesta.

[Empieza a tocar un músico callejero en la pequeña plaza de Sant Pere, en Barcelona. “Me distrae”, comenta Montefusco, que empieza a dejar grandes espacios entre respuestas]

¿Estás comprometido en el buen trato con tus músicos, por ejemplo? Las pequeñas cosas.
En la medida en la que puedo, sí. Pero hay que tener en cuenta que vivimos en un sector desregularizado: no existimos, los músicos. La reivindicación está pendiente y es evidente, y en la medida en que pueda, estaré allí. Pero, insisto, son otras las personas que tienen talento para ello.

Editarse a uno mismo, ¿tiene que ver con esto?
Sí, y viene de lejos en mi caso. Cuando con Standstill buscamos sello, nadie nos daba cabida porque teníamos un proyecto que no respondía a parámetros económicos. Por eso creamos Buena Suerte. Eso sí, una vez está hecho el producto artísticamente yo no puedo fabricar y distribuir, y aquí entra Sony. Este control sobre el proceso es la mejor herencia que he recibido del hardcore y el punk.

¿Hasta qué punto ha sido un motor el final de Standstill para la salida de tu disco en solitario?
¿Un motor creativo? No, para nada. Ha sido tan paulatino el desgaste con Standstill… que cuando se formalizó, interiormente, yo, nosotros, ya estábamos en otra fase. El dolor lo vivimos poco a poco. Todos estábamos espiritualmente en otro lugar.

¿Cómo hacer de este dolor un material comunicable y menos críptico? Como es el caso de “Meridiana”.
La parte creativa para mi es vómito y estructuración. Con el tiempo lo he aprendido; antes era todo mucho más instintivo, no tan consciente. Ahora tengo las fases más delimitadas. Sino no se podrían hacer espectáculos de 30 personas, ni discos. Nunca sé cómo acabarán mis proyectos pero tengo que confiar: mi talento es la sensibilidad para decir si algo está bien o no, mucho más que cantar, tocar… O escribir.

En el disco hay imágenes, análisis, escritura automática, costumbrismo… Pero hay, sobretodo, menos yo.
Si hablas en primera, segunda o tercera persona, eso quiere decir cosas. Y si hablas de un bar, como es el caso de una de las canciones, eso también dice cosas… En este disco no hay un universo íntimo tan fuerte; con el tiempo me he deshecho del yo, de mis intensidades. Estar mejor personalmente me ha permitido mirar más hacia fuera.

¿En algún momento dudaste de seguir publicando?
Antes de dejar Standstill ya sabía que sí. No puedo parar de sacar cosas. Las canciones van solas y si no hubieran estado aquí, en “Meridiana”, estarían en el próximo disco de Standstill, o en otro: nunca he pensado en renunciar a hacer música.

Siempre dices que odias los patrones.
La primera gira por casas ocupadas por Europa me excitó; los primeros festivales también. Pero para mí tienen que pasar cosas nuevas para seguir creciendo. Tenemos que seguir creciendo indefinidamente. Si me quedo en el mismo lugar, me ahogo.

¿Por eso te has tirado a otros espacios? Como el espectáculo estrenado en el pasado festival Grec: “Tata Mala”.
Tengo una inquietud creciente y acumulada de trabajar la parte escénica. El espectáculo ha sido oxigenante. Una de las novedades en estos meses es que he decido, eso sí, que la parte escénica la trabajaré en el circuito escénico y la musical en el musical. Es insostenible el intento de mezclarlo todo. Y al final quien lo acaba pagando soy yo.

La parte estética del disco, ¿cómo fue planteada, sin banda?
Siempre ha sido una parte solitaria.

¿Y han entrado músicos?
Sí. El funcionamiento ha sido: tenía unas intenciones, luego una vez cerrada mi parte, propongo a unos músicos las ideas. Su talento y mi dirección. Pere Jou, Ramón Rabinat, Aleix Tobías, Nico Roig, Pau Vallvè, Aleix Puig… Hasta 12 músicos. En directo seremos Pere Jou, Aleix Puig y Ramón Rabinat.

¿Te planteaste hacerlo en solitario, el espectáculo?
No, no me interesa hacer conciertos yo sólo.

Lo que es cierto es que el disco se ha vaciado suficiente de contenido como para ser defendido en cuarteto. Eso en Standstill era complicado.
Cada vez estoy más lejos de una música pensada para élites culturales. Me interesa poder llegar a cualquier persona.

No siempre ha sido así, ¿no?
En este momento de mi vida, como mínimo, sí. Tengo ganas de compartir con todos.

Cuando dices con todos, ¿hablas de música popular?
Sí. Es necesaria y la he redescubierto. Acordeón, violín… Ya no le veo el sentido a la estética rock o indie.

Esto es casi un hype hoy en día, redescubrir la canción… Y el compromiso. ¿Quién o qué ha resultado un catalizador para ti?
Siempre hay artistas que te ayudan a entender cosas. Pero es difícil acotarlo tanto. [Silencio] Me resulta inquietante Jacques Brel. Canciones universales, sin ser simple, y con carga de mala leche… Contra la burguesía, contra su propio público. [Largo silencio, sube el tono del músico que está tocando a nuestro lado] Me gusta que no sea nunca complaciente: la vocación de llegar a todo el mundo pero con la intención última… de cambiar… [Termina la música] Las cosas. Con la intención última de cambiar la realidad.

Qué curioso, tú que vienes del hardcore… ¿Cómo se ha transformado el grito, no? Se ha vuelto, como mínimo, más delicado.
El hardcore y el punk están acomodados en una identidad fuera de la sociedad. Y están bien allí diciendo lo que dicen. Personalmente, con el paso del tiempo no he encontrado una identidad con la que haya estado cómodo ni diez minutos. Por lo que al final me he dado cuenta que, simplemente, formo parte del mundo. De todo el mundo: no me siento de un grupo o escena, por lo que busco una estética para comunicarme con cualquier persona.

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