Un libro, un EP, un bebé y los primeros pasos hacia su segundo largo en solitario. De todo esto hablamos vía telefónica con Enric Montefusco, que hoy llevará al escenario del Festival Grec de Barcelona Coros de Medianoche, el EP en el que han participado Niño de Elche, Albert Pla, María Arnal, Los Hermanos Cubero y Nacho Vegas. Cinco voces que le acompañarán esta noche en una insólita alineación de agendas.


Has estado inmerso en dos proyectos paralelos, un EP y un libro, que han salido a la luz casi a la vez. Has estado liado…
Sí, y aparte preparando disco nuevo y con un bebé, con lo cual, son cuatro proyectos. Pero muy bien, todos muy ilusionantes.

¿Cómo has llevado estar a dos procesos creativos a la vez?
Bien, en el sentido de que son muy complementarios en todos los sentidos y los he ido secuenciando. Empecé con el EP, grabé la música, luego algunos colaboradores, después me puse a escribir, rematé el disco y luego rematé el libro. Me ha permitido que vayan madurando con calma, tampoco eran proyectos que tuvieran mucha prisa, y al final acabaron saliendo a casi a la vez.

Cinco canciones con cinco artistas muy particulares de la escena nacional, no son voces al uso. ¿Qué viste de especial en cada uno?
Hay gente que lo sabe, pero a mí nunca me ha gustado mucho esto de los cameos y las colaboraciones, siempre he tenido un poco de reticencia, ni a invitar ni que me invitaran, me parecía un poco delicado. Lo que pasa es que con este EP, el propio núcleo del proyecto pasaba porque fueran colaboraciones, y se trataba de encontrar unas que encajaran en este concepto. En ese sentido, buscaba gente que respetara bastante, que me gustara su trabajo, que trabajaran de alguna manera con la música popular, en el sentido amplio de la palabra, y reivindicaran un tipo de sonido que creo que es importante hacer ahora mismo. Por otro lado, quería que tuvieran un compromiso con su obra y también uno político, unos valores. Para mí era importante también porque me interesa ligar esa música popular con valores y cosas a reivindicar. Con estas tres cosas, me salieron ellos, y me siento muy contento de que valoraran el proyecto y participaran.

“Buscaba gente que respetara y que tuvieran un compromiso con su obra y también uno político, unos valores”

¿Cómo se ha fraguado todo? ¿Qué ha sido lo más emocionante de este proyecto?
Tenía una idea de hacer algo en relación con la música popular, redescubriéndola y buscando aportar algo también. Me interesaba hacer algo donde se pusiera en cuestión la idea misma de la autoría. Eso pasa mucho, que no se sabe quién la ha hecho, quién la canta, quería desdibujar esta figura. Empecé a componer unas canciones sin saber muy bien quién iba a interpretarlas, y a medida que iba trabajando en ellas, la misma canción me iba pidiendo quién podía encajar. Una vez lo tuve en la cabeza, se lo propuse a cada uno de ellos, y todos dijeron que adelante.

Niño de Elche, Albert Pla, María Arnal, Los Hermanos Cubero y Nacho Vegas. ¿Qué destacarías tú personalmente de cada uno para haberlos elegido?
Guau… Muchas cosas. Del Niño de Elche, que tiene una visión del arte y de la música privilegiada, tiene mucho que enseñar y aportar a la música de este país. Es fundamental que, de vez en cuando, salga una mente abierta y lúcida. De Albert Pla, soy fan incondicional, y es otra persona con la cabeza tan abierta y con tal capacidad para cuestionar cosas, comunicar y sintetizar que es un referente. A primera vista puede no parecer muy evidente nuestra relación artística, pero en el fondo sí, y mucho. De eso iba un poco el proyecto, de ver qué teníamos en común con cada uno de ellos, en ese sentido ha sido muy interesante el ejercicio, y enriquecedor. Los Hermanos Cubero son una de las sorpresas musicales de los últimos años y me encanta lo que han aportado y creo que también son una figura necesaria. María Arnal, bueno, a la vista está que tiene un talento y un futuro increíble y, en este caso, encajaba muy bien con el espíritu del disco y su manera de entender y aproximarse a la música popular. Y luego está Nacho Vegas, que de alguna manera fue una de las personas que me abrió a mi generación, por el hecho de cantar en castellano, siendo buen letrista y muy comprometido, es un honor que esté en este EP.

En Meridiana empezaste a investigar la canción popular, ¿sigue este EP esta línea?
Es un paso más, un ejercicio en esa línea. Meridiana era también muy autobiográfico, pero en la forma sí tenía ese espíritu popular. Aquí yo me he quedado un poco al margen y hemos intentado encontrar temáticas y problemáticas de otro orden, compartidas con ellos en este caso, y bajo una forma que intentaba ser original y a la vez coherente con la música popular.

Al final, has conseguido que no sea un disco de colaboraciones, pues ellos son los protagonistas y tú les haces los coros…
Sí, literalmente. De hecho, con unos más y con unos menos, pero con todos he compartido la autoría, la parte de creación. Está a otro nivel.

La fuerza, la fiesta, una casa museo, románticos, tonada… ¿De dónde beben las letras?
La mayoría eran ideas y esbozos que yo tenía, que encajaran con la música que ya estaba compuesta. A partir de ahí, consistió en tirar del hilo y ver qué les sugería a ellos y encontrar puntos en común, ha sido un proceso súper interesante.

La casa museo está muy centrada en Albert, por ejemplo.
De hecho, es de los que más se ha involucrado en el proceso creativo, es un buen ejemplo. Además, de toda la letra, la mitad de las estrofas las hizo él y la otra mitad yo, y con el talento y la visión privilegiada que él tiene, aportó ideas muy buenas que se pueden escuchar en la canción.

“Soy fan de Albert Pla, de su capacidad para cuestionar cosas, comunicar y sintetizar”

¿Qué ha sido lo más emocionante de este proyecto?
Para mí ha sido muy bonito que todos, siendo gente con muchísimos planes y proyectos, han dado lo mejor de sí y han participado con toda su energía y su talento, y ver cómo valoraban y participaban en un proyecto por su aportación artística o por lo especial del proyecto ha sido bonito. Más allá de que fuéramos amigos o no, son artistas y se ha notado mucho que lo son y que valoran, que intentan aportar algo. Ha sido bonito compartir esa inquietud. No es como otro tipo de colaboraciones, que un día vienen al estudio hacen lo que tienen que hacer y ya está, es lo contrario. Meses antes estábamos hablando, les mandaba grabaciones, ellos valoraban y se involucraban… No se pedía solo aparecer el día del estudio.

La romería de San Isidro, una pintura negra de Goya, sirve de portada para unos coros de medianoche. ¿Son canciones para la oscuridad o para intentar salir de ella?
Para intentar salir de ella, sin duda. Es una pintura negra y el tono es oscuro porque el mundo está jodido. Pero dentro de este mundo nos reunimos para cantar y compartir cosas y que el mundo sea mejor. Como dice la canción de Los Hermanos Cubero, para calentarnos con el calor de la guitarra e intentar cambiar las cosas.

Vas a llevar estas canciones al directo con todos los colaboradores dentro del Festival Grec. Espero que lo grabes para los que no podemos ir…
Claro, porque será un concierto irrepetible, porque por agendas y por la puesta en escena que vamos a tener, solo ocurrirá una vez. En mi cabeza tiene una pinta tremenda…

“No me considero un músico, sino alguien que juega con elementos y especula con ellos para comunicar. Esos elementos pueden ser de cualquier campo”

En esta transición entre Meridiana y el siguiente disco también te has lanzado con un libro, Carne de cañón, hablando de tu proceso de creación. ¿Cómo ha sido enfrentarse a un repaso a más de veinte años de carrera?
Ha sido un ejercicio que solo recuerdo haberme encontrado en tal tesitura cuando hice el documental 10 años y una zanahoria, hace ya una década. Yo suelo estar mirando y escapando hacia delante, y de vez en cuando hacer un parón y una revisión me sienta bien. En este caso, el repaso lo he hecho a través de relatos que tocan todas mis etapas, desde mi infancia hasta este momento, y gracias a estos relatos estructuro todos mis textos y letras anteriores en torno a una serie de ejes y problemáticas. El libro permite hacer una relectura bastante clarificadora de todas mis letras, coloca cada una en una problemática. Creo que en la medida en la que bastantes de mis letras son ambiguas, creo que coloca bastante a la gente tanto en el momento que las escribí como en los temas que toco en concreto. Ha sido muy sano y estoy muy contento con el resultado. Y me he sentido muy cómodo escribiendo relatos, que era algo que, en realidad, no había hecho nunca.

¿Has descubierto cosas nuevas sobre ti mismo al realizar este nuevo trabajo de archivo y recopilación de textos? ¿Ha cambiado tu forma de abordar la creación con el tiempo?
Sí, ha ido cambiando. He ido cambiando las herramientas con las que me he ido expresando, eso es evidente. El libro me ha permitido hacer un acopio de todo lo que había escrito y uno puede hacer lecturas y racionalizar cosas cuando lo tiene todo ahí delante. Hay cosas que tenía claras, otras que sí es verdad que, al juntarlo ahora, uno toma más conciencia, es el caminito de cada uno. Lo importante, en realidad, es el que pueda hacer cada lector, que entiendo que proyectará y encontrará cosas de su propia vida, sus propias problemáticas, porque son las de todos.

Tras hacer música, música para teatro, documentales, un libro… ¿en qué más campos te gustaría meterte?
Yo no me cierro a nada, y en la medida en la que se me pongan delante, significarán un reto, y me llevarán a seguir estando inquieto y vivo, con estímulos. Me molaría hacer la banda sonora de una película, es un ejemplo, hay mil cosas que se pueden hacer. En la medida en la que no me considero un músico, sino alguien que juega con elementos y especula con ellos para comunicar cosas que necesito comunicar, en realidad, esos elementos pueden ser de cualquier campo. Siempre que no sea uno requiera de una técnica muy específica y se me escape, con casi cualquier cosa yo podría intentar comunicar algo.

Para terminar, tomando la pregunta de Contra los románticos, ¿crees que somos demasiado fuertes o demasiado frágiles?
(Risas) Esa es la pregunta. Uno no decide lo que uno es. En mi caso, como otra gente, el camino ha sido el camino romántico, el de pelear por un ideal y una serie de cosas intangibles que nunca se llegan a alcanzar, y uno a veces duda si eso se debe a que es demasiado fuerte o demasiado frágil. Tampoco hay que darle un veredicto, es lo que intento hacer con la canción.