"La música suele estar ahí para amplificar la fuerza de una imagen, y viceversa"
Entrevistas / Enfant Sauvage

"La música suele estar ahí para amplificar la fuerza de una imagen, y viceversa"

Álvaro Tejada — 11-01-2022
Fotógrafo — Archivo

Guillaume Alric, artista, productor y cincuenta por ciento de The Blaze, ha publicado recientemente su primer trabajo en solitario. Bajo el nombre de Enfant Sauvage nos presenta “Petrichor” (Animal63/Believe, 21), un álbum electrónico e inmersivo con el que pretende reflexionar sobre la melancolía y la juventud.

Hablamos con él sobre el disco, sus inspiraciones y su proceso creativo.

Todos conocemos de sobra tu trabajo en The Blaze pero, ¿cómo definirías el universo sonoro de Enfant Sauvage?
Diría que el universo sonoro de Enfant Sauvage es más orgánico, en el sentido de que utilicé viejos teclados, sampleé viejos beats y lo mezclé con fuentes electrónicas puramente sintéticas. Dejé más espacio para el alma de las máquinas, dejando que algunos efectos saturaran, no intentando controlarlo todo, buscando que las cosas se descontrolaran un poco más.

¿Qué podemos encontrar en Enfant Sauvage que no esté en The Blaze?
Algo personal e íntimo, casi autobiográfico, inspirado en mis recuerdos. Un proyecto filmado en mi ciudad con mis amigos como extras.

"La música electrónica es un estilo lo suficientemente amplio como para que pueda infiltrarse en casi cualquier lugar"

Por lo que pudimos ver antes del lanzamiento de “Petrichor”, en este proyecto en solitario también has querido darle mucho valor al mundo visual que lo rodea. ¿Cómo te inspiran las imágenes a la hora de componer música?
Las imágenes que se me ocurren pueden crear un ambiente, una emoción, un gesto, que después intento traducir en música. La música suele estar ahí para amplificar la fuerza de una imagen, y viceversa.

A la hora de componer este nuevo álbum, ¿en qué te has inspirado para contar tu historia?
Utilicé fotos antiguas que hice de adolescente, lo que me permitió volver a mis recuerdos. Pensar en escenas concretas para escribir las letras y encontrar un color particular a cada pieza.

El término “petricor” hace referencia al olor del terreno húmedo después de haber llovido. Una imagen que nos teletransporta a muchos momentos de nuestra vida. ¿Actúa el título como metáfora de algo?
Sí, completamente. Me gusta esta metáfora de un olor que viene de un evento pasado. Sobre todo la lluvia, que es como el paso de un estado a otro, que riega y lava la tierra. Esta fue mi inspiración, ya que crecí en un pequeño pueblo rural.

Muchas de las canciones de este trabajo segregan una sensación de melancolía. ¿Hay algún mensaje social detrás de todo ello?
Yo diría que la nostalgia, pero dulce y ligera, como el simple placer de recordar momentos de libertad cuando estábamos juntos en el mundo real, sin redes sociales. Había un instinto en el vínculo social, algo más abstracto, menos controlado. Pero tampoco tengo una mala visión de nuestro tiempo actual. Simplemente estoy haciendo mi camino, mi vida, con una experiencia personal adquirida a través de las distintas revoluciones, tecnológicas o no.

La música electrónica a menudo es infravalorada por la crítica o al menos no se le suele dar el mismo valor que a otros géneros como el pop o la música urbana. En tu opinión, ¿qué papel juega la música electrónica en la industria musical actual?
Creo que la música electrónica es un estilo lo suficientemente amplio como para que pueda infiltrarse en casi cualquier lugar. En cualquier caso, muchos códigos electrónicos, y sobre todo muchas técnicas de producción musical derivadas de la música electrónica, se pueden encontrar en el pop, el hip hop, etcétera. Para mí es un epicentro de la música actual que se renueva bastante rápido porque las mezclas son infinitas.

Las canciones que componen este “Petrichor” tienen ese sello y componente hipnótico que también desprenden temas por parte de The Blaze. ¿Habéis trabajado juntos Jonathan Alric y tú en esta nueva era tuya?
Trabajé en él solo porque es un proyecto muy personal y en solitario. Pero también estamos trabajando en The Blaze, Jonathan y yo.

Después de todo lo que hemos vivido tras esta pandemia mundial, parece que con “Petrichor” dejas clara la importancia de las bases de las canciones y, por lo tanto, su vinculación con el baile en las pistas de las discotecas. ¿Piensas que este disco está hecho para ser disfrutado en comunidad?
Siempre imagino la música como un medio para compartir, ya sea con otros o con uno mismo. Hay que crear un puente, un viaje emocional. Algunas canciones están hechas para bailar en una pista de baile y otras quizá para vivir emociones más personales, para contemplar los paisajes del alma o los pensamientos. En las actuaciones en directo, tocaré mis temas más orientados al baile, intentando tener la máxima libertad en la interpretación de los temas para seguir el sentimiento del público.

Después de haber probado el publicar un disco en solitario, ¿habrá algo más después de este “Petrichor” o se trata de un proyecto único e irrepetible?
No me gusta predecir el futuro. Lo único que sé es que siempre seguiré mis deseos, y que este proyecto me ha abierto otra puerta en cuanto a ideas. Así que sólo el tiempo lo dirá.

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