Con motivo de la actuación de Kraftwerk en el Sónar, recuperamos la entrevista que mantuvimos con Karl Bartos en un céntrico hotel madrileño, para hablar (entre otras muchas cosas) de su última obra, “Off the Record”, un disco en el que el ex-Kraftwerk ha desempolvado sus archivos sonoros, para construir doce singulares cortes, que si bien en cuanto a sonidos y orientación, ofrecen pocas sorpresas, sí abundan en variedad de registros y melodías.

Mondosonoro se reunió con Karl Bartos en un céntrico hotel madrileño, para hablar (entre otras muchas cosas) de su última obra, “Off the Record”, un disco en el que el ex-Kraftwerk ha desempolvado sus archivos sonoros, para construir doce singulares cortes, que si bien en cuanto a sonidos y orientación, ofrecen pocas sorpresas, sí abundan en variedad de registros y melodías.
El disco, no despeja dudas acerca de la controvertida figura del autor (¿Fue Bartos un agente determinante para que Kraftwerk se convirtiesen en leyendas, o se trata de un músico que vive de las rentas de haber pasado por dicho conjunto?), pero sí deja constancia del inmenso talento del compositor alemán. Cordiales, cercanos, de modales –previsiblemente-  exquisitos, y con unos cerebros ágiles y eruditos, Herr Karl y el Sr. Bartos nos ofrecieron sus reflexiones sobre diversos asuntos.

Según creo, te ha llevado dos años compendiar “Off the Record”, una selección de diferentes grabaciones de tu archivo, registradas a lo largo de cuarenta años de carrera. ¿Qué porcentaje de material completamente nuevo dirías que has tenido que componer para hacer de la recopilación una unidad coherente?

(Risas) Pues…no te sabría decir. Son ideas que he rescatado de cuando era joven, y he sacado a la luz. Y, no sé, son 100% viejas y 100% nuevas. No puedo decirte, porque la parte divertida de envejecer, es que conservas en la mente cómo te sentías con 18, o 28, o 38, o 48 años, permaneces en esa edad, pero de manera conceptual, porque aun habiendo envejecido, todavía conservas esos sentimientos, si te paras a pensarlo. Y la música encapsula cada una de esas etapas. Así que me llevó lo mío recorrer ese camino, esa, digamos, senda temporal. Pero ambas cosas están ahí al 100%, es difícil hacer una distinción.

Hay una canción en el disco, si quieres denominarlas canciones, no se me ocurre un término mejor…
Canciones está bien


me refiero a Without a Trace of Emotion, en la que pareces expresar tu aburrimiento respecto de un cliché en el que a menudo te ves atrapado: esa imagen procedente de la portada de “Die Mensch Machine”, contigo posando como un robot, con la camisa roja y la corbata negra…pero lo abordas con mucho humor, manteniendo una conversación con tu “yo” robot…

Sí, es una conversación. No es que esté aburrido, pero sí me siento ambivalente respecto a dicho cliché. De forma que en ocasiones es genial, pero otras veces es un poco…no molesto, ¿no?, pero digamos que a veces esa imagen es simplemente demasiado fuerte. No me voy a vestir con camisa roja y corbata negra el resto de mi vida, pero sí es algo que hice en su momento, así que creo que es hora de lidiar con ello, en lugar de rechazarlo. Quería trabajar, como artista, sobre este periodo tan especial de mi vida; y en vez de rechazarlo, decidí analizarlo. Y como has dicho tú antes…esta canción trata…hice una película sobre ello, y pronto estará colgada en internet. Pero la historia de la canción es que me encuentro a alguien en Hamburgo, que resulta ser mi doppelgänger; un tipo llamado Herr Karl. Así que me encuentro con Herr Karl, y él me empieza a hablar, y a veces me da la impresión de que me está protegiendo, en plan “Oh, Karl, vayas donde vayas, no te dejaré tirado, no te dejaré, no te dejaré” Así que procedo a responderle, y entonces me viene este flashback en el que le veo en cada uno de sus disfraces: le veo como un robot, le veo en una bicicleta corriendo el Tour de France, le veo al teléfono teniendo una conversación…así que la canción, y la filmación, tienen cierto aire cómico, sí. Pero es difícil traducir la ironía en sonido, en música, tiene que traslucir cierta trascendencia, y ello supone un esfuerzo para lograrlo. Por lo tanto, no es una comedia, no es un chiste, es algo más real. Pero de alguna manera sí resulta divertido. Incluso para mí. Así que es el corte más divertido, aún sin ser una comedia, del disco.


Bueno, es una manera muy sana de abordar el asunto, sí. Hay otras ideas musicales en las grabaciones rescatadas, que cuesta creer se hayan mantenido en un cajón tanto tiempo. Por poner un ejemplo, International Velvet no suena en absoluto como un descarte.

Pues sí, lo era. Tenía varias…encontré las maquetas originales, dos o tres grabaciones diferentes de esa melodía: ta-ra-rá, ta-ra-rá…tiene un toque español, para mí, un poco Ravel, o De Falla, ¿no? Siempre me gustó esa melodía, y he intentado muchas veces construir una composición decente con ella, sin haberlo logrado nunca. Y creo que por fin, he tenido éxito. Pero aún me hacía falta meter una parte vocal, para que de una vez el tema viera la luz. Y ahí encajaba lo de International Velvet, que no es que tenga un significado concreto, International Velvet, no es más que un nombre, nada, pero es realmente sugerente, es muy sugerente. Lo tomé de esta chica de la Factory de Andy Warhol, a la que apodaban así, incluso ella se refería a sí misma con dicho nombre: “Soy International Velvet”, sí, desde luego (risas). Y esas dos palabras, International Velvet, son pura música. Y para completar la composición, me zambullí en esa herencia europea, Ravel, De Falla, o música operística italiana, Verdi…Eso es parte de mi herencia, de donde procedo. Esa es la cadencia que domina el tema. Traté de centrarme en la melodía y añadir arreglos típicos de una orquesta.

Hablas del poder evocador de un par de palabras, International Velvet. Lo que me recuerda que tú te consideras a ti mismo un Video-Músico, y en tu obra se establece una constante simbiosis entre sonido e imágenes. Es algo que me resulta curioso, porque tu música resulta por sí misma, increíblemente gráfica y sugerente. ¿No has pensado que, en ocasiones, la adición de imagines al sonido, puede mermar las capacidades narrativas, el poder evocador, de la pura música?

Sí, desde luego. Y el album, “Off the Record” no lleva imágenes, es pura música. Y creo que…estoy completamente de acuerdo con que la música no necesita imágenes. Pero yo persigo el concepto del “film acústico”. Yo escucho mucha música, y a veces se me antoja que le hace falta un storyboard. Si partes de una melodía muy poderosa, no te hace falta más que un ligero acompañamiento para la misma, y en el proceso, aparece una voz o cualquier otro elemento…y mi visión global es la de estar construyendo un storyboard. Y basándonos en esto, diría que mi música es un pictograma. Es sonido pictográfico. Aquello que resulta relevante en la narración, lo puedes escuchar, y aquello que no debes escuchar, lo mantengo ausente, en lugar de desarrollarlo. Y quizá esa dinámica sea la que te transmita la sensación de estar escuchando un “film acústico”. Pero por otro lado, actuar en directo te proporciona la oportunidad de jugar a un tiempo con imágenes y con sonidos, ambas cosas son arte mediático, y no existe inconveniente en mezclarlos. Pero sí soy plenamente consciente de que la música y las imágenes obedecen a ritmos completamente diferentes, y has de llevar a cabo un esfuerzo extra de adaptación entre un medio y otro, hasta obtener el tempo correcto en el que confluyan.

¿Qué tipo de imágenes acompañarían a un corte como Box Humana? Tiene un cierto aire de danza tribal, de ritmo como para entrar en trance…

Pues no tengo una película para acompañar a ese tema (risas). Es simplemente una obra, una obra para ser interpretada en la radio. Tendría distintos personajes, que aparecerían y contarían la historia, y se escuchan ruidos y sonidos; es una obra radiofónica, no está pensada para que la acompañe una filmación.

Hablando de todo esto, de la música como acompañamiento de unas imágenes, y viceversa, debo confesarte que mi obra favorita de Karl Bartos, es la banda sonora que compusiste para el documental sobre el dibujante de comics Jean Giraud “Moebius”.

No… ¿en serio?

Completamente. Yo soy un gran fan de Moebius, y la música que acompaña a la película es sencillamente perfecta. ¿Puedo preguntar por qué esa composición permanece inédita, en forma de disco?

Pues porque carecía de tiempo para editarla. Funciona como parte de la película, pero para hacer de ello una banda sonora independiente, tendría que cambiar varias cosas. Si quitas las imágenes, tienes que cambiar la música, ya que esta fue compuesta para acompañar a las imágenes. Y no he tenido tiempo para llevar a cabo esa labor. Algún día lo haré, espero.


¿Llegaste a conocer a Jean Giraud?

No. Y falleció hace poco, así que nunca le conoceré.

Es extraño, dado tu enfoque “pictográfico” de la música, que no hayas compuesto más bandas sonoras. ¿No has recibido más ofertas?

Pues, no. Con un afán puramente alimenticio, hubiese deseado componer más bandas sonoras en los 90s. Para ganarme la vida, así de claro. Pero por una cosa o por otra, no fue posible. Nunca he contado con un buen agente que me haya buscado oportunidades interesantes, nunca se han dado las circunstancias propicias. Porque además, tampoco es fácil. Tienes que entregar tu obra en muy poco tiempo, no te dan nada de tiempo. Terminas trabajando durante dos o tres semanas, día y noche, encerrado en el estudio, superponiendo tus sonidos a las imágenes que te dan, y tienes que trabajar a toda prisa. Al final, puede que saques dinero de ello, pero tienes que dejarte los huevos (“you work your ass off”, en el original. N. del E.). Cuando haces una banda sonora, siempre esperan de ti que la produzcas automáticamente,


Cambiando de tema, y trascendiendo ámbitos puramente musicales…hay una cita tuya en la cual expresas, que tras “Radioactivity”, tú y tu grupo de entonces (Kraftwerk), dejasteis de centraros en transmitir una identidad puramente germana, para abrazar un concepto europeísta. ¿Son posibles ambas fachadas hoy, en un mundo globalizado y post-internet? ¿Tiene sentido, aporta algún tipo de diferencial, significarse como europeo en el contexto mundial actual?

Mira, mi pasaporte es alemán, y es algo que no puedo cambiar. Nadie me preguntó si quería ser español o inglés, así que no hay nada que pueda hacer al respecto: soy alemán. Y además, realmente me gusta esto, Europa. He estado en la India, en Sudamérica, en Norteamérica; de veras que no viviría en ningún otro sitio, más que aquí. Ya sé que ahora hay problemas, y no los típicos problemas que tiene un músico o un artista; problemas que trascienden a nuestra condición cotidiana. Y el problema se gesta tras la II Guerra Mundial, cuando los políticos tuvieron un sueño, pero un sueño sobre el que no reflexionaron lo suficiente. Y para llevarlo a cabo, tuvieron que colaborar con demasiados agentes externos. Y al final, dieron forma al concepto soñado, pero se les tenía que haber ocurrido una manera mejor de hacer el sueño realidad, que tratar de agrupar al mayor número posible de países, en torno a una única moneda. Yo aún creo que la idea de partida es buena, y transmite un sentimiento gratificante: una Europa unida. Pero tal empresa, no puede alcanzarse únicamente aplicando un enfoque puramente económico. Y ahora nos enfrentamos a problemas derivados de dicho error. De repente nos vemos en la demente coyuntura de tener que rescatar bancos!! (risas) Se llevan mi dinero, a través de los impuestos que me veo obligado a pagar, y lo emplean en rescatar a bancos españoles. Y ese dinero jamás estará disponible para los ciudadanos españoles. La gente sufre, el estado del bienestar se viene abajo, el desempleo aumenta, y me temo que seguiremos sufriendo esta lacra durante varios años. Porque el sueño original, no diría que se ha convertido en una pesadilla, pero se ha demostrado que esta supuesta unidad de Europa se ha abordado prematuramente. Y ello no quita para que yo siga apoyando fervientemente dicha idea, la de una Europa unida. La Europa que vivieron mis padres y mis abuelos, sí que era una pesadilla. Así que la reconstrucción del continente, y su unidad, son grandes conceptos. Esperemos que algún día podamos ponernos en manos de gente capaz de llevarlos a cabo.


A pesar del descrédito y la decepción reinantes, no creo que debamos perder nunca el respeto hacia la idea de una Europa unida, en términos democráticos.

Pero el euro no es el camino, desde luego que no. No soy banquero ni experto en economía, pero cada país debería poder aportar al conjunto en función de sus opciones de desarrollo, y en función del valor de su propia moneda, no en función del valor del euro o del marco alemán. De ahí se derivan todos los problemas.


Todos los problemas de índole económica. Pero Europa afronta varios otros: de identidad, de mal resuelta culpa post-colonialista, de populismos en alza (con la extrema derecha griega a la cabeza), y de inmigración mal gestionada. ¿Qué opinas del auge el islamismo en Europa, por ejemplo?

Oh, sí, sí. Es algo que me aterra. Pero, al final es que no se trata del Islam per sé. Se trata de Religión. Todos estos países africanos y asiáticos, se ven lastrados por el hecho de que no se han enriquecido de un periodo similar a la Ilustración Europea. Y con la Ilustración, en Europa, separamos claramente lo que es la Constitución de lo que son las creencias religiosas. Y eso es algo que ya habíamos conseguido en toda Europa: la Constitución es una cosa, y la Religión es otra, y no tienen nada que ver la una con la otra. Y en los países islámicos, no es el caso. Y no es posible simplemente tratar de convencer a los países islámicos de que lleven a cabo su propia Ilustración. Y con la llegada de internet, lejos de solucionarse, el problema ha ido a más. Y, lo siento mucho, pero yo no puedo ofrecer una solución. Pero me viene a la mente este tipo (el compositor argentino, y con nacionalidad española, israelí y palestina, Daniel) Barenboim, y lo que hace. Tiene una orquesta formada por músicos palestinos e israelíes, y eso es lo que creo: necesitamos más gente así. Me encanta esa idea, y él es músico, así que es un ejemplo de lo que podemos hacer los músicos.

En cierta ocasión declaraste que la fuente del sonido no te importa en absoluto, que escuchas todo tipo de música. ¿Estás interesado actualmente en algún tipo de música moderna, ajena a la escena electrónica?

He dejado de buscar música por internet. Llegó un momento en mi vida, en el que decidí que sólo iba a escuchar música nueva cuando conociese al autor de la misma. Así que si me viene un chico, un estudiante, llamémosle Roberto, y Roberto se me acerca y me dice “Hola, Karl, he compuesto esta pieza de música”, lo escucharé. Porque conozco a Roberto, y puedo hablar con él acerca de su música, y puedo seguir la evolución de sus canciones. Así que por lo que respecta a nueva música, mi enfoque es: “¿conozco al autor, o se trata de otro “clic” en internet?” Lo que no soporto de internet es…estás en un portal, una página, lo que sea, en busca de música, y estás rodeado de mercantilismo. La música es gratis, pero tienes que tragarte todos estos anuncios publicitarios sin parar, y hay alguien que se está lucrando a costa de mi música, y de la música de Roberto, y no quiero seguir siendo parte de este concepto.

Situémonos en un tiempo en el que no existía internet, y la música tenía otro valor. Existe una historia acerca de tu juventud que encuentro arrebatadoramente romántica; se trata de cuando abandonaste el hogar paterno, y te mantenías de lo que sacabas actuando en directo con tu banda de Rock’n’Roll. ¿Algo que recordar de dicho periodo?
Oh, sí, claro. Mi padre no quería que estudiase música, así que le dije “de acuerdo, padre, me voy de casa”. Fue bastante duro. Así que me fui a casa de mis abuelos, que no vivían en una casa propiamente dicha, sino en un bloque de pisos. Y en el último piso, bajo el tejado, existía una habitación, a la que me mudé. Tenía un teléfono y nada más. Yo debía de tener 16-17 años, y cuando cumplí 18 empecé a estudiar música. Y sí, yo formaba parte de una banda que tocaba los fines de semana, y tocábamos básicamente Rock’n’Roll, para que la gente bailase, y de ahí obtenía el dinero que me permitía subsistir y pagarme mis estudios de música. Mis padres fliparon un poco cuando se enteraron de que vivía en la buhardilla del edificio de mi abuelo, y lo cierto es que estuve desconectado de ellos desde entonces. Luego, cuando obtuve éxito, a mi padre le empezó a parecer bien todo. Pero inicialmente no le hacía ninguna gracia la idea de que me hiciese músico. Tuve que pelear por ello; lo que quizá me vino bien.

Fue entonces cuando entraste en el conservatorio Robert Schumann, y recibiste una formación clásica. Suele ser una constante entre los intérpretes de música popular no-clásica (Rock, Jazz, etc.), que han pasado por el conservatorio, denigrar todo lo aprendido en el mismo. Sostienen haber tenido que partir de cero, olvidando lo aprendido, para desarrollar su creatividad. Desconozco si es cierto, o si se trata de una pose snob.

Yo no creo que eso sea verdad. No hay nada malo en la educación. ¿Dónde estaríamos si no nos hubiesen enseñado a escribir, o a leer? Y lo mismo se puede aplicar a las artes. Podemos reinventar el arte con cada generación, pero al mismo tiempo podemos aprender de nuestros predecesores. Y yo quería aprender, quería ser parte de este legado musical germano-europeo. Y quería aprender a tocar Bach al piano, quería formar parte de una orquesta, quería tomar parte en el desarrollo de la Historia de la Música, aunque solo fuese durante un milisegundo, sería suficiente, pensaba, y aún lo pienso, ahí es exactamente donde me quiero ver. Y si estudias música, creo que el estudio de cualquier materia es una parte fundamental del desarrollo de cualquier hombre o mujer; te enseña a asumir el concepto del orden, y el orden es muy importante.

La innovación tecnológica ha modificado la manera de producir música. Y, con el tiempo, también de componerla y de concebirla. Parece claro, que incluso está modificando al propio receptor, determinando su capacidad de atención, y el criterio de apreciación de la música y del resto de las artes. ¿Cómo ves esta evolución paralela de tecnología, y del público?

Creo que el cambio fundamental se produjo con los medios modernos (“the modern media” en el original, N. del E.). Cuando las filmaciones se incorporaron a la cotidianeidad de la sociedad, y lo mismo la fotografía y las grabaciones musicales. De repente, cualquier pieza artística podía ser reproducida, y esta reproducción del arte ha cambiado nuestra capacidad de evaluarlo. En lugar de ir a venerar este hito artístico al Louvre, la Mona Lisa, ya no tenemos que ir allí, podemos ver una reproducción. Este hecho ha modificado nuestra capacidad de recepción drásticamente. Y no sé si es algo bueno o malo, simplemente las cosas son así.


Hombre, yo creo que es maravilloso poder tener acceso telemático a una reproducción de cualquier obra de arte. Ahora, si quieres ver y apreciar la Mona Lisa, tendrás que seguir desplazándote al Louvre. De otra forma, jamás la verás: asistirás a una reproducción, te harás una idea, pero no verás sus colores, ni el trazo, ni nada.

Eso es indiscutible. Y en cierto modo, eso forma parte de esa modificación en nuestra capacidad de recepción de la que hablo. Se ha desdibujado la frontera entre el original y la reproducción, ambos se perciben como una misma cosa.

Cuando compones música, ¿te has guiado en alguna ocasión por un deseo consciente de innovar o de crear algo completamente original?

Creo que tratar de innovar carece por completo de importancia. No te diré que sea un sinsentido, cualquier innovación favorece la evolución, pero no creo que tenga la más mínima relevancia en términos musicales, porque la música existe, y esto es en lo que creo, para reconfortarnos, y reconfortarnos no incluye necesariamente que haya que innovar o crear algo original. Para mí, la música es muy importante, porque me transmite una idea de la Belleza o de lo Divino, o como lo quieras llamar, así que ser original es lo de menos.


Me encanta escucharte esa definición de la música, como algo que te acerca al concepto de la Divinidad. Pues hay de hecho, una frase en uno de los temas del último disco que me llamó la atención: “Me gustaría poder creer en Dios”…

Sí. Exacto. Y respecto a esa canción, bueno, ya explico en el libreto del disco que me encontraba viendo a Laurie Anderson en concierto, y en este concierto, ella se refirió a la muerte de su madre, y dijo esta frase…conoces a Laurie Anderson, ¿verdad?

Bueno, personalmente no. Pero también he asistido a algún concierto suyo.

Ajá, bueno, pues ya sabes cómo es: es una persona menudita, que se sienta en un sofá, y es tan cool…y empieza a leer un libro, y en un momento dado, cuando su madre muere, ella se pone a llorar, “mi madre dijo: no quiero morir, no quiero morir. Y entonces, murió”. Así que me dije, “esta puede ser mi única oportunidad para escribir acerca de este tipo de cosas”. Así que puse todo esto sobre la mesa. Esta es mi única oportunidad de hablar de la Muerte, de hablar de lo Divino, de hablar de Religión, así que lo junté todo, en esta canción, y creo…creo que no es la peor letra he compuesto, y habla de todo esto. Habla de que me siento próximo a lo Divino cuando escucho música, no cualquier tipo de música, pero me siento conmovido y muy cercano a esa idea de la Divinidad. Otra gente quizá sea capaz de conseguir esto, cuando rezan, o cuando se sientan en una iglesia y mantienen una conversación con Dios, porque creen, creen que este concepto (Dios) existe realmente. Yo no puedo creerlo, y en cierto modo les envidio. Yo siento que hablo con la música, y en ocasiones, tengo la sensación de que la música me habla a mí, obviamente no es el tipo de conversación que pueda transcribir, pero…trato con todas mis fuerzas de diseñar la música tal y como la quiero escuchar, procurando no dañarla demasiado (risas), y a veces uno es capaz de crear verdadera música. Es un proceso continuo. Y creo que resultar innovador u original, es simplemente un sub-producto del proceso, si trabajas lo suficientemente duro, pero la verdadera razón por la que necesitamos la música desesperadamente, es porque nos reconforta, y nos ofrece un atisbo de -una palabra que nos viene un poco grande- de la Eternidad. Es una palabra muy profunda, y no quiero pronunciarla en toda su profundidad, porque ni siquiera somos capaces de imaginar qué significa la Eternidad, porque todo lo que conocemos es perecedero, incluso el sonido, la música, lo son. Pero la Eternidad, es algo que asociamos con el concepto de Dios también, así que valga la palabra: la música nos acerca a la Eternidad.