El pasado día 4 de marzo Dorian lanzaron “La velocidad del vacío” (Pias, 13), un disco grabado en México y con vocación de llave maestra de nuevas fronteras. El cuarto larga duración de los catalanes vuelve a colocarlos en lo más alto del pop cantado en castellano.

El nuevo disco sigue la senda de “La ciudad subterránea”. Melodías pegadizas, cuidadas cortinas sonoras, ritmos intensos y letras descriptivas sobre sueños y pesadillas que acabarán de nuevo siendo himnos de festival. Siempre es de agradecer charlar con Marc Gili, guitarras y voz de la banda. Son conversaciones que se alargan y en las que se habla sobre todo de emociones. Esta vez la cosa no duró tanto, más de mil kilómetros nos separan y no es lo mismo. De todos modos, el entusiasmo y la vitalidad con la que Marc habla de su nuevo disco no entienden de teléfono y son capaces de llegar hasta aquí. Por lo visto, también llegan a otros lugares. “Estuvimos en Burdeos, muy bien todo. Estamos alucinados. En París tocaremos en la Sala Trianon y tenemos tres nuevos conciertos cerrados en Francia. Tendrán lugar en noviembre en París, Lyon y l’Ille”. Son tantas las ganas de convencer al público francés que no lo han dudado y se han lanzado a hacer la prueba con todas las armas. “Estamos cantando la mitad del repertorio en francés”. Y no sólo usan el francés sobre el escenario, es inminente la salida de un disco de Dorian en esa lengua. “Lo estamos preparando. Tendrá canciones del pasado y del presente. Estamos seleccionando las que mejor se adaptan”.

Mientras tanto, vuelven a México, cuartel general de Dorian en Latinoamérica, donde han vivido seis meses durante el año pasado. “Volveremos a tocar en el Vive Latino y haremos más fechas allí. Ya sabes cómo empezamos, a lo pequeñito, pero llevamos ya un tiempo picando mucha piedra. Y ahora la verdad es que tenemos una base importante allí. Llevamos seis o siete giras hechas por México, desde salas de cien personas y pequeñas ciudades a festivales y capitales” Tanto es el amor de la banda por ese país que se encerraron allí con Phil Vinall (Placebo, Pulp, Elastica…) durante largas semanas para dar forma a “La velocidad del vacío”. “En primer lugar es que a Phil le encanta México, y en segundo lugar porque nos ofrecían un estudio de primer orden mundial a precio muy barato para que habláramos de él (Fatman). Nos apetecía mucho grabar un disco fuera de nuestro entorno normal. Salir de Barcelona y estar totalmente concentrados durante dos o tres meses sin saber del mundo exterior. Días muy absorbentes, pero hemos aprendido mucho”. Los periplos de Dorian no acaban en México. “A Argentina volveremos seguro con este disco”. De hecho “Soda Stereo” es una de mis canciones favoritas del nuevo disco. “Queríamos reivindicar a Soda Stereo, que en España siguen siendo poco conocidos, pero ha sido el grupo más grande de nueva ola en Latinoamérica. Es una de nuestras favoritas también”. Pero no todo es vértigo en la vida de Dorian, él y Belly acaban de alcanzar una meta más que gratificante. “Ahora vivimos cerca de Vic, en el monte. Es un sueño hecho realidad. Estamos encantados”. Estoy convencido de que este cambio ha aportado paz y vitalidad no sólo a los creadores de “La velocidad del vacío”, sino a los personajes que pululan por sus canciones.

Si en el anterior trabajo encontrábamos aristas y heridas en el alma de los protagonistas, aquí parece que la vida se ve de otra manera. “’La ciudad subterránea.’ tenía un punto nihilista como disco y este tiene un punto más vital. ‘Ningún mar’ o ‘Arde sobre mojado’ como dices tú, tienen algo de exorcismo. Están en una onda de cierta melancolía que siempre habita en las canciones de Dorian, este disco lo veo mucho más positivo. La vida no es fácil para nadie, pero hay muchas formas de tomársela. La forma de tomarse la vida que propone este disco es diametralmente opuesta a ‘La ciudad subterránea’. Es más de sacar pecho. Hay que asumir que la vida y la sociedad son como son, pero tú no tienes por qué dejarte arrastrar por sus miserias”. Como muestra un botón. “Los amigos que perdí” deja clara esa filosofía. Es una auténtica patada al desafortunado refrán ese de “más vale malo conocido que bueno por conocer”. “Habla de un tipo que decide cortar con su pasado y mirar hacia delante con esperanza. Es bastante irónica en la letra. Transmite mucha energía positiva. Somos un país de raíz católica aunque no seamos católicos, yo no estoy ni bautizado, pero se nos ha enseñado que siempre hay que mirar atrás con nostalgia y melancolía y agarrarte a lo que tienes. Esta canción es una invitación a que si tu presente o tu pasado no te gustan pegues un portazo y tires hacia delante con una sonrisa en la cara. Resume bastante bien el sentimiento de todo el disco”. Sentimiento que abanderan los seres que habitan las canciones de un disco más que terapéutico en unos tiempos duros, injustos y a ratos nauseabundos. “La tele basura, la banalización de la cultura tienen mucho que ver con la propagación del vacío. Los personajes de este disco tratan de combatir ese vacío y ese pesimismo. Luchan por crear su propio mundo aunque a veces fracasen, pero eso siempre les ennoblece. El peor fracaso es no haberlo intentado”. Dorian no sólo fabrican literatura sonora para que sean otros quienes la consuman, dan ejemplo. Lo cómodo sería quedarse en sus particulares reinos ya conquistados, pero nada más lejos. Si hay que empezar de nuevo, no se les caen los anillos, vaya. “Dorian estamos en esa onda, haciendo camino nuevo en nuevos países y en lugar de quedarnos con lo cómodo, nos hemos tirado a la piscina y trabajando con pico y pala”.