El proyecto del taciturno Alonso Díaz se estrena con un debut que es más que un debut. Una colección de pop-rock y psicodelia chispeante macerada durante más de un lustro. “Napoleón Solo en la ópera” sorprende y estimula por su crisol de ideas y recursos. Aire fresco en el panorama indie nacional

Matizamos: esta ópera no tiene nada que ver con la de su colega J, que casi podría ser su padre. Tampoco con la de aquel disco bizarro de Queen, uno de los favoritos de Alonso. La teatral estampa del álbum está inspirada en una obra de Verdi. El líder de Napoleón Solo pasó gran parte de su adolescencia encerrado en su dormitorio, en un huero pueblecito de Jaén. Escuchaba música –sí, también clásica–, tocaba y componía. Sin parar. Por rutina y por vicio. Hoy se defiende a la perfección con la guitarra, el bajo, los teclados, la batería, el clarinete, la tuba y el saxofón. Resumiendo: es un músico total. Cuando decidió armar el embrión de esta historia, El Mito de Sísifo, contaba con decenas de composiciones. Y ganó premios. Galardones que le colocaron en el mapa. Colaboró con Álvaro Tarik, su ídolo. Cambió el nombre del grupo por el de un tema de At The Drive-In. Éric Jiménez le echó el guante, hasta el punto de ser el batería titular de la formación. Sus maquetas fliparon a Javier Liñán, que no dudó en ficharlos para El Volcán después de ver cómo se las gastaron Napoléon Solo en un concierto-examen en la sala Planta Baja de Granada. Alonso acaba de cumplir veinticuatro años. Apenas ha dormido tras una tarde en el tren y la rueda de entrevistas en Madrid. Se le observa tranquilo, con su proverbial gesto perdido en una terraza del centro de la capital de la Alhambra, a pesar de la responsabilidad y la expectación que despierta el estreno. “Nos sentimos afortunados de recibir el apoyo de músicos como J o Antonio Arias. Éric se ha convertido en nuestro batería por decisión propia. Le gustaba lo que hacíamos desde las primeras demos. Es una suerte para nosotros porque lleva muchísimos años en esto”. ¡Y tanto! Alonso no había nacido cuando el percusionista de Lagartija Nick y Los Planetas machacaba las baquetas en KGB. “Nos ha enseñado mucho, tanto a nivel musical como en la manera de trabajar y relacionarnos con la discográfica”. Poco, más bien nada, deja de enganchar en “Napoleón Sólo en la ópera”. Giros inesperados, brotes de imaginación y genialidades revestidas de ingenuidad. Suponemos que Alonso sufrió con la criba, porque ha escogido entre medio centenar de canciones. Y damos fe de que se quedan fuera auténticas joyas. “Si algún día padecemos de sequía creativa, las rescataremos”, bromea el trasunto andaluz de Andrew Stockdale (Wolfmother). “Decidimos el repertorio entre todos. A mí, personalmente, casi que me daba igual. Había cuatro títulos seguros: ‘Hola, qué tal’, ‘Al final’, ‘Todo está cerca’ y ‘Siempre me lo recordarás’. ‘Tiene que acabar’ era un buen single. Nos han dado plena libertad en ese aspecto”. ¿Y qué tal la producción con otro histórico como Fino Oyonarte? “Tiene muchos conocimientos. Vino a vernos actuar en Granada para saber lo que debía sacar de nosotros. Ha logrado registrar la chispa y la frescura de la banda. No se asustaba por nada, a pesar del bombardeo de pistas de nuestras maquetas. Es una persona muy activa y siempre daba pie a meter cosas”.
“Napoleón Solo en la ópera” chocará a los que pretendan rastrear influencias evidentes. “Trabajamos a la manera inversa. Si alguien hace algo que recuerda a una canción, eso se elimina. No queremos imitar la música que escuchamos. Por eso nos censuramos a nosotros mismos. Intentamos encontrar nuestro lenguaje. En el estudio descubrimos cómo sentir la música por todos los poros y adentrarnos en lo más profundo de lo que hablamos”. No obstante, el disco apasionará, seguro, a los amantes de burbujeos eléctricos y las melodías polícromas. “Cuando Jaime y yo probábamos sonidos con las guitarras, nos beneficiamos de abundantes recursos de la psicodelia. El estudio estaba lleno de chismes. Reinventábamos las ideas iniciales. La psicodelia es necesaria para crear la atmósfera de la canción”. Por otro lado, Alonso se desboca sin pudor en falsetes, agudos, rapeos y otros paroxismos vocales. ¿Un ejemplo? “Lolaila Carmona”, comparada, muy a su pesar, con el mismísimo Mika. “El mío no es un falsete como el de Mika o Freddie Mercury. Es un falsete mal hecho. Canto así porque lo que digo es absurdo. Hay mucha ironía”. ¿Y las letras? “Si tiro por un rumbo, prefiero llegar hasta el fondo. Cuento que quiero morirme o que quiero vivir más feliz que nadie”. El pequeño emperador empieza su cruzada en el pop.