Van tres. María Rodríguez, La Mala, presenta “Malamarismo” (Universal), un disco en el que cambia de rumbo y que puede marcar su irrupción definitiva como primera dama del hip hop latino. Colaboraciones de postín, una producción variada, rimas con pegada y dando espacio, una voz con nuevos matices y su presencia en las citas más importantes (Sónar, Monegros, Cultura Urbana, Viña Rock…) deben hacer el resto.

Patatas fritas, batido de chocolate y montado de atún. La dieta mediterránea según María Rodríguez Garrido. La Mala anda buscando una sombra junto a la antigua fábrica de piensos, situada frente a una estación de tren a casi cuarenta kilómetros de la capital, que sirve de escenario a esta entrevista. Son las cinco. Tenemos una hora por delante. “He empezado este disco tantas veces… Llevo desde 2005 intentando arrancar este proyecto, pero por muchas razones se truncaba, se me calaba. Pero luego ha ido así, la vida es tan perfecta en ese sentido que todo pasa porque tiene que pasar y en el momento en que tiene que ocurrir”. Habla, por supuesto, de “Malamarismo”, su tercer álbum, que acaba con un silencio de más de tres años, sólo roto hace unos meses con el single “Por la noche”.

“A lo mejor yo no soy hip hop; soy única y hago mi música, y utilizo elementos del r’n’b, de esto y de lo otro”

“Es como volver a nacer. Un punto y aparte. No digo que lo anterior sea una mierda, pero no hay color. Éste es el disco que yo tenía que haber hecho hace tiempo, pero no lo podía hacer porque antes tenía que caminar lo que he caminado para hoy ofrecer este trabajo; es algo muy serio”. La Mala defiende con entusiasmo y acento cada uno de los trece cortes (catorce con el bonus de “Por la noche”) de este largo que, es cierto, marca un antes y un después, un cambio de rumbo tras la crudeza de “Lujo ibérico” y la profundidad de “Alevosía”. Aquí hay mayor amplitud de miras, con pros y contras, y sobre todo con la vista puesta en un mercado latino que La Mala parece estar preparada para asaltar. “Yo siempre he estado abierta al mundo, y por eso no me extraña que ahora el mundo me pueda devolver eso”. Tego Calderón, Raimundo Amador (que ya aparecía en “Alevosía”), Julieta Venegas… El capítulo de las colaboraciones ya está provocando reacciones de todo tipo, aunque en determinados foros de hip hop domina la cruzada ultraortodoxa.

“La Mala ha hecho siempre lo que le ha dado la gana, siempre”

“La Mala ha hecho siempre lo que le ha dado la gana, siempre; porque cuando más me he comido la cabeza con el qué dirán, luego me he dicho: bueno, y qué más da, yo voy a hacer lo que sienta, lo que crea que es correcto y lo mejor; quiero ofrecer algo bueno de verdad. Creo que es muy coherente”. A todo eso se añade un punto casi lúdico, desterrando la mala leche de antaño, que aquí queda concentrada casi exclusivamente en “Miedo”. “Es que el hip hop también es divertido. Tiene carga social, pero no podemos dejar de divertirnos, porque cuando eso pasa entonces las cosas se amargan. Y es que además me da igual. Mira, han dicho tantas veces que La Mala no es hip hop que, vale, voy a tomar la palabra y voy a darle la vuelta a todo. A lo mejor yo no soy hip hop; soy única y hago mi música, y utilizo elementos del r’n’b, de esto y de lo otro. Lo que me da la gana, ¿entiendes? Lo que está claro es que yo he empezado rapeando en las calles de mi ciudad, ésa es la realidad y no la puedo falsear. Todo el mundo en Sevilla sabe quién es La Mala y cómo ha empezado en esto”. Y por si quedaba alguna duda, en “La loca”, una de las mejores canciones de “Malamarismo”, lo deja por escrito y lo dice alto y claro: “Yo soy mejor que La Mala”. “Hay veces que uno mismo se cree un personaje, y el personaje se lo acaba comiendo. Pues a mí no me come, voy un paso más allá. Soy mejor que eso, tengo más… La Mala no es sólo una chica que rapea y que se ha criado en Sevilla. No me bloquees, no me limites, yo quiero dar más. Limitaciones conmigo no, por favor”. En cuanto a los entresijos del disco, si por algo se distingue de sus predecesores es por la variedad en la producción, en buena parte cortesía de Griffi (Sólo los Solo), que sustituye a Supernafamacho y Jotamayúscula, aunque también con un tema de Giggi Mantequiggia (Miguel Zamora), dos de Sr. T Cee y cuatro del turntablista DJ Rectangle. Nueva York, Miami, Puerto Rico, Los Angeles, Las Vegas, Madrid y Terrassa forman parte de las etapas de este álbum, que se empezó a grabar justo en el momento en que La Mala dejó de dar el pecho a su hijo. Por el camino se ha quedado una colaboración con Calle 13 que saldrá en el disco de éstos. “Cuando hice ‘Lujo ibérico’ ya iba a trabajar con Griffi, pero no sé lo que pasó, fui allí y al final estuve con otra peña y acabé haciendo algo con Dive Dibosso, cosas locas. Pero el destino ha hecho que ahora nos hayamos encontrado. Ha sido un placer. Ha sido muy comprensivo conmigo, porque a mí me gusta que se me vaya la olla y es como en las relaciones, que tiene que haber alguien que ponga algo de sensatez. Y con DJ Rectangle empezamos en dos, tres canciones, y al final una más, lo que iba saliendo. Es un tío que sabe lo que hace y que además es que es muy perfeccionista, aunque tampoco tardamos mucho. No hicimos quinientas tomas, sino tres o cuatro, a veces cinco, porque yo también me he preparado; he tomado clases de canto para no hacerme daño. Ya que mi carrera es con la voz tengo que cuidarme, ¿no?”. Está claro que María Rodríguez es otra aunque también sea la misma: nunca ha sido una rapera de tópicos. Vaqueros, mocasines recién comprados, pintalabios rosa y un corpiño negro que se pone para las fotos. Tiene una imagen que combina seguridad y cierto pudor, dice que es “rarita”, que a pesar de todo cambia de opinión constantemente y que tiende a ser impuntual. “Estoy medio loca. Quiero algo. Quiero hacer mi música, mi arte, igual que cuando era pequeñilla escribía para sentirme mejor o cantaba o me ponía a bailarle a mi madre. No puedo ser de otra manera, pero ahora además me lo pongo difícil. Quiero ofrecer lo mejor de mí. Antes hay gente que ya me había dicho que tenía que tomar clases de canto, pero yo decía que no, que no necesitaba eso, que era rapera… son estupideces. Creo que debo cuidarme y seguir aprendiendo, porque todavía estoy empezando y me quedan muchas cosas por hacer”. Y unas cuantas que ya hecho, páginas en letras doradas del hip hop nacional. Una carrera que a otros les ha costado varios discos y que ella llevó a lo más alto desde su primera entrega. Casi setenta mil copias vendidas de cada uno de sus dos largos anteriores avalan su reinado. “A eso no le doy importancia. Antes de publicar nada yo ya me había puesto solita mi corona”. Para muestra un tatuaje sobre su hombro derecho que demuestra que su reino está en este mundo. “No estoy buscando que lleguen todos los críticos y digan que La Mala es la mejor rapera. Considero que tengo algo importante y único que ofrecer, con eso me vale”. Ahora cambia agresividad por matices, manteniendo sus rimas contundentes, sin capacidad de réplica: “Yo soy el mundo entero” (“Volveré”), “Me regalo, pero me vendo cara” (“Caída libre”), “Dos cosas flotan en el agua: la mierda y los barcos” (“La loca”), “El río de la muerte está lleno de pateras” (“Jura y gana”). “Más bien es que esa agresividad se transforma, por ejemplo en ‘Te convierto’; está ahí pero de otra manera. Lo que está claro es que nunca más voy a volver a hacer ‘A jierro’. Estoy contenta de cuando rapeé con Alta Escuela lo de comerme el coño, pero eso no lo quiero hacer ahora, todo tiene su momento. No me arrepiento de nada, y eso que he dicho burradas tremendas y me he hecho daño a mí misma y a otra gente, pero eso te hace ser como eres hoy en día. No sé, creo que no está mal el camino por el que estoy yendo”.