CULPABLES, EN PARTE, DE LA RECONVERSIÓN MUSICAL DE RADIOHEAD, BOARDS OF CANADA SIGUEN ATACANDO EL VACÍO DESDE LA MODERNIDAD, DOS CONCEPTOS QUE A DÍA DE HOY ACOSTUMBRAN A IR DE LA MANO, PERO QUE EN LA PROPUESTA DEL DÚO BRITÁNICO HALLA SU DEFINITIVA CONTRAPOSICIÓN. “GEOGADDI” (WARP/SATÉLITE K, 02), SU NUEVO DISCO, ARAÑA LÁGRIMAS A LA CONTEMPORANEIDAD.

Quien abajo firma es consciente que la inmensa mayoría de lectores de Mondo Sonoro habrán fruncido el ceño al ver a Boards Of Canada en la portada de este número de marzo. Unos, por simple desconocimiento de su música. Otros, por conocerla demasiado bien. Y algunos más, estupefactos, por sentir que la revista ha vuelto a traicionar su espíritu rockero con un hijo directo de esa modernidad que tan poco entienden y, en consecuencia, estiman. Pero lo cierto es que en su ya dilatada carrera, Mondo Sonoro nunca ha ejercido de plataforma exclusiva del rock o cualquier otro estilo musical, más bien al contrario. Y lo mismo se le podría decir a ese otro público que, atónito, contempla como la revista que les produce urticaria (ya sabemos que nunca se es suficientemente cool) respalda a uno de sus referentes favoritos. Digamos que la presencia de Boards Of Canada en la portada de marzo responde al mismo criterio que ha empujado a la publicación a situar en sus páginas centrales a Sigur Rós, Mogwai, Nine Inch Nails o Doble V: la búsqueda de emoción infatigable, talento por domesticar y perspectiva de futuro en todos los terrenos franqueables del panorama musical.

“Los ordenadores siempre te acaban entorpeciendo las posibilidades que ofrece la producción técnica, que tiene el desagradable efecto de secarte paulatinamente toda tu inspiración”

Y punto. Boards Of Canada conservan la extraña virtud de conmover a sus seguidores con una ecuación expresiva con pocas probabilidades de traspasar la epidermis. Electrónica invernal, ritmos hip hop, melodías nostálgicas, atmósferas perturbadoras y tradición Warp componen su herencia. A partir de ahí, el dúo inglés se inventa el sonido del desasosiego: esa música herida que las grandes urbes de nuestro día a día evitan sentir como propia. Banda sonora del desconcierto, la distancia y el aliento gris que invaden nuestras ciudades, nuestras vidas, la música de Boards Of Canada contiene la verdad que muchos se niegan a ver o escuchar, y en su función de espejo involuntario recae la tristeza, emoción y ensoñación de las obras que, ahora y mañana, están destinadas a sobrevivirnos. En su aparente abstracción sonora reside otro milagro de la sensibilidad post-moderna. No es contraproducente, pues, comprobar como Radiohead y otros referentes sumidos en crisis creativas han optimizado su reorientación estilística a través de “Music Has The Right To Children”, debut en formato largo (antes llegó un Ep homónimo publicado por Skam) de esta inquietante formación. Su impacto ha respondido a las coordenadas que todos le exigimos al arte: inquietud, aventura, esencia y emoción. “Geogaddi”, segundo disco del dúo británico (dos Ep´s y una peel session se añaden al cómputo global de su legado; todos ellos, salvo “Boards Of Canada”, publicados por Warp), supone, en ese sentido, una de las obras mayúsculas de 2002. No sólo porque en su propuesta cohabiten los aspectos anteriormente citados, sino también porque se trata de un ejercicio sublime que se eleva por encima de su contexto y aspira a la perdurabilidad total. Marcus Eoin y Michael Sandison han invertido cuatro años en la confección de este esperado y ansiado álbum. Un silencio alterado únicamente por “In A Beatiful Place Out In The Country”, un Ep sólido e importante que hizo las veces de aperitivo antes de la definitiva salida al mercado de su deseado regreso discográfico. Y ahora, enmarcados en la vorágine promocional de todo producto, los dos creadores mantienen su fidelidad al hermetismo casi autista. Su renuncia a la concesión de entrevistas telefónicas, nos obliga, así, a la comunicación vía e-mail. Ningún problema: ellos parece más cómodos con el teclado que con el teléfono. (Sandison) “Somos culpables de ello. Grabamos mucha música a lo largo de los últimos años, pero nos tomamos un respiro hasta sentirnos satisfechos con la combinación definitiva de las canciones. Es importante conseguir un equilibrio entre los distintos tipos de canciones, especialmente porque nosotros esperamos que la gente se escuche el álbum de un tirón. Nosotros realmente no vemos las canciones de nuestros discos como piezas individuales, sino que todo compone una gran historia. Así que los temas en ´Geogaddi´ son en sí mismos un grupo, un sabor, y hemos grabado suficiente música como para editar otro disco”. (Eoin) “Pero no, no ha sido muy difícil. De hecho, nuestro mayor problema como banda es que tendemos a grabar demasiada música, aunque posteriormente sólo nos centremos en una pequeña proporción de lo que hemos hecho. La única dificultad reside en combinar canciones que se adapten entre sí. Por cada canción incluida en ´Geogaddi´ existen doce que hemos obviado por alguna razón determinada”.

“Tenemos una privada y amorfa idea en nuestras mentes de cómo se supone que debe sonar el último disco de Boards Of Canada. Es como un objetivo que tenemos claro y al que siempre nos estamos aproximando, pero al que nunca acabamos de llegar”

Dividido en dos frentes (por un lado, canciones con introducción, nudo y desenlace, a la vieja usanza; por el otro, breves insertos ambientales que no sólo refuerzan el conjunto, sino que, en ocasiones, funcionan con autonomía propia), este disco no aporta cambios a primera vista dentro del discurso de Boards. Pero es que aquí no se persigue la metamorfosis que, cual impuesto revolucionario, exige la coyuntura y el devenir de la actualidad (¿qué querían: nu school breakz?). Precisamente, el máximo punto de apoyo de este trabajo cabe hallarlo en su funcionamiento interno. Su búsqueda no intenta trascender las leyes del momento, sino las leyes de su propio sonido. Es decir: “Geogaddi” es un valioso paso adelante en la edificación del discurso de Boards Of Canada. Lo mejora, solidifica, envalentona y complementa. Y a partir de ahí, éste se beneficia sobremanera de esa exploración cercana y modesta. Los principales afectados, los ritmos. Cabe detenerse en este elemento, porque un análisis voraz del mismo nos invita al regocijo mayúsculo: los beats de este disco contemplan uno de los trabajos más abrumadores de los últimos meses. (Eoin) “Esta vez decidimos revolucionarnos un poco y hacer los ritmos menos convencionales. Nosotros siempre tenemos el sentimiento hip hop merodeando, pero en ´Geogaddi´ intentamos dejar que las cosas crecieran estilísticamente, y esto también afectaba a los ritmos. En el disco hay un beat realmente satisfactorio para nosotros, es el de ´You Could Feel The Sky´ (uno de los mejores momentos de todo el minutaje), que suena como si una cuerda fuese estirada sobre la cubierta de un barco de madera”. Todo ello, secundado por un cambio de registro en el método de trabajo. Es en la rara percepción que se tiene al escuchar su discurso que uno se tropieza con elementos y miradas añejas. En su proceso de autoconstrucción, la banda enfrenta el toque artesanal y la pulsación orgánica a los patrones esquivos del ordenador y las máquinas. (Sandison) “Bueno, sí, nosotros últimamente hemos empezado a volver al antiguo, y también más simple, método de trabajo. Tras ´Music Has The Right To Children´ nos empeñamos en usar más tecnología de ordenador con la equivocada intención de acelerar nuestro proceso de composición. Pero con los ordenadores siempre te acaban entorpeciendo las posibilidades que ofrece la producción técnica, que tiene el desagradable efecto de secarte paulatinamente toda tu inspiración. Así que reaccionamos contra ello y ahora hemos vuelto a la forma más simple de hacer las cosas, tal y como trabajamos en nuestros inicios: simplemente usando un sampler, un secuenciador y yendo al grano con las melodías. Esto lo hace más instantáneo y divertido para