El camino del exceso
Entrevistas / Andrew W.k.

El camino del exceso

David Saavedra — 21-08-2002
Fotógrafo — Archivo

Andrew W. K. Es la perfecta demostración de hasta dónde puede llegar el rock para autoinsuflarse una nueva vida. Entre la tomadura de pelo y la revelación más liberadora, “I Get Wet” es un infierno hecho himnos de circo-metal hooligan, algo así como la alianza perfecta entre Metal Loaf, Cheap Trick, Ramones, Viva la Gente, el calimocho y Spinal Tap.

“El futuro es tan brillante que, a veces, siento la necesidad de cubrirme los ojos por miedo a quedarme ciego”. Así de entusiasta se muestra Andrew W. K. en su página web y lo cierto es que el personaje no defrauda al mito. Durante su estancia en Festimad se hartó de apretar manos, firmar autógrafos y hacerse fotos con todo el mundo. Con sus sempiternos tejanos y su camiseta blanca, el tipo parecía estar disfrutando del día más feliz de su vida. “Fiestea duro”, le escribe a un fan en traducción libre de su single “Party Hard”, mientras al periodista le pide que tenga cuidado con una abeja que le ronda. Habla con mucha energía y suma amabilidad: “Estoy muy feliz y emocionado de tener esta oportunidad de mostrar las cosas buenas que tenemos, pero nunca descansamos pensando en lo que ya ha sucedido o en lo que va a suceder. No podía imaginarme a mil personas diferentes comprando mi disco, pero ahora pienso en el mundo entero. Es un sueño fantástico”.

“No lucho contra nada excepto contra mí mismo. Con lo que soy más apasionado es con que la gente se sienta lo mejor posible”

Grandilocuente y expansiva, la música de Andrew W. K. parece adquirir un sentimiento religioso y ciclópeo para-la-peña. “No me la voy a quedar para mí porque es algo muy precioso y por eso se la quiero dar a todo el mundo. Siempre canto en plural, sobre nosotros, que sea algo de lo que todo el mundo se quiera sentir parte. No voy a excluir a nadie, todo el mundo está invitado. No importa quién seas o lo que te haga feliz. No hay reglas. Esto es nuestro y yo soy vuestro amigo, quiero ser vuestro amigo”. La filosofía W. K. parece debatirse entre el mesianismo más pardillo y la gran parodia posmoderna. Otros verán una retorcida creación de marketing, pero lo cierto es que el hombre, en serio, es así. “Seguro que hay parte de gente que piensa que lo que hago es una broma, y me parece bien. Yo no quiero decirles lo que tienen que pensar. Si les hace felices yo no voy a hacer nada por evitarlo. Si les hago sonreír es un honor. Igual éste es el último día de su vida y, si yo contribuyo a que se lo pasen bien, será una cosa maravillosa”. ¡Glups! Pero, ¿no hay nada que te mosquee? “No realmente. La mía es una política de brazos abiertos. No lucho contra nada excepto contra mí mismo. Con lo que soy más apasionado es con que la gente se sienta lo mejor posible”. Eso parece contrastar con la agresividad manifiesta de la portada de “I Get Wet”, en la que Andrew aparece con el rostro ensangrentado. “Fue censurada en Estados Unidos por varias razones. Una de ellas es que decían que podría tener relación con el consumo de drogas y que eso podría molestar a alguna gente, pero a mí eso no me fastidia tanto porque yo lo veo así: si a alguien no le gusta lo que tú escribes lo puede tachar, pero no va a conseguir cambiarlo. Hay muchas cosas ilegales que al final la gente las acaba consiguiendo si quiere, y a mí me parece estupendo”. En la contraportada, el tipo aparece mojado, en una pose bastante guarra que parece corresponderse con el concepto de “I Get Wet”, una oda a la libre circulación de los fluidos corporales, ya sea sudor, sangre, semen u orina. “Sí, sí, claro, pero es algo mucho más amplio que eso. Es una excitación total por el placer de la gente y también por sus penas: la emoción completa”. Inmediatamente pillado por su bizarro carisma, Dave Grohl llegó a decir de él que su rostro ensangrentado era lo más sexy que había visto nunca y que era un verdadero héroe americano. “Fue muy amable por su parte. Estas cosas tan bonitas me hacen sentir bien, es como cuando alguien te dice que le gustan los helados y tú le dices ´¡eh, a mí también, vamos a tomarnos un helado!´”. Con una biografía bastante particular (pasó su infancia sin amigos y en constante compañía de psicólogos), Andrew lleva ahora una vida bastante bohemia. “Nuestro bajista, Gregg, tiene una casa en Florida con una habitación libre y yo estoy allí. Pero no tengo cosas, ni coche, ni posesiones, ni nada. Me siento a gusto donde quiera que esté, así que veo al mundo entero como mi hogar. Yo soy muy simple, un currante muy satisfecho y contento” y con un segundo álbum ya en perspectiva. “Trabajo todo el día, pienso en las canciones y mi cabeza está llena de ideas”. ¿Cómo será? “Si éste era pjjjjjjjjjjj, el próximo va a ser pagguuuuuummmm. Va a ser grande, con las melodías más bonitas y tocadas lo más fuerte posible”.

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