Desarrollo sostenible
Entrevistas / Piratas

Desarrollo sostenible

Redacción — 16-05-2003
Fotógrafo — Archivo

Más de una década después, el quinteto vigués Piratas se muestra capaz no sólo de mantener el alerta creativa desde su condición de banda con los pies bien asentados en el mainstream, sino también de sobrevivir a los pequeños naufragios de una disciplina interna que se intuye difícil. “Relax” (Warner, 03) nos habla a las claras, y a la cara, de todo ello.

Madrid

Si aceptamos que “Ultrasónica” (01) fue su “The Bends” particular, no costará concluir que “Relax” sería un “OK Computer” con vistas al Puente de Rande. El impacto que su anterior trabajo supuso se reduce y acalla ante la voluntad de cambio que este nuevo vástago trasluce, lo cual no quiere decir que, como en aquel, el porcentaje de aciertos se traduzca en triples figuras. Después de decenas de escuchas, sigo rehuyendo “Respuestas”, “Comernos” y “Dos partes”, mientras que “Bunker” me sigue pareciendo una fallida e innecesaria declaración de intenciones post que rompe un tracklist ante el que también cabe, no se alarmen, el elogio abierto y sin paliativos. Porque lo que antes invitaba al sonrojo -“Suso Martínez Romero”- ahora encuentra su punto justo en “Blues”. Porque el atolondramiento pubescente y la pseudoliteratura de “Quiero hacerte Gritar” (93) contrasta con la capacidad evocadora de “Tiovivo”, “Inerte”, “Reiniciar” o “Mirna”.

“A los grupos nos obligan a ser siempre iguales… En realidad, la gente espera que hagas la misma canción que el año pasado”

Porque el oropel que lastraba “Manual para los fieles” (97) –“el primer disco en el que maduramos y empezamos a trabajar de una forma integral”– ha sido sustituido, paulatinamente, por una economía sónica que encuentra su máxima expresión en este disco, un trabajo sin concesiones ni gestos para la galería en el que renuncian a la perfección de una vez por todas, apostando ahora por la confrontación a pecho descubierto, a cara de perro, con su propia realidad. Iván Ferreiro, anfetamínico speaker y voz cantante del grupo, sabe de qué hablo mejor que nadie. Ahora, sentado frente a mí en un minúsculo cubil del cuartel general de Warner en Madrid, da la espalda a las medias tintas mientras enciende el mechero sobre la palma de su mano. “A los grupos nos obligan a ser siempre iguales. No se valora el hecho de que uno cambie porque, en realidad, la gente espera que hagas la misma canción que el año pasado. Para nosotros lo razonable es que un artista busque el cambio, pero esa no es la tónica, y menos la de los que venden. Jarabe de Palo no se ha movido ni un milímetro de donde estaba, Manolo García tampoco; y que conste que no les critico, de hecho uno de ellos sí me gusta. Parte de su grandeza reside ahí, en que están en su sitio. Realmente, si somos objetivos, da igual, porque todos hacemos lo mismo, así que lo único que vale es que el que lo haga, lo haga porque realmente lo necesite”. Junto a él, Alfonso Román, Fon, guitarrista del grupo, asiente de cuando en cuando y puntualiza cuando cree necesario acotar el expansivo discurso de su compañero. Las pequeñas escaramuzas dialécticas que mantienen invitan a pensar que la salud de la banda gallega -que completan los ausentes Paco Serén (guitarra), Hall 9000 (batería) y Pablo Álvarez (bajo)- es, ahora, más robusta que nunca. “A veces traigo una canción super simple que me parece la hostia -explica Iván- y a lo mejor a Fon no le mola y me dice que no se la pone dura, que se la pondría si hiciéramos tal o cual cosa. El trabajo colectivo tiene eso, tiene que ver con las individualidades, con la elección de las mejores cosas que se han ido proponiendo desde el interior. Antes nos teníamos más en cuenta entre nosotros. No era tanto porque todos quisiéramos meter mano, sino por la buena educación que teníamos entre nosotros. Se perdía la realidad de lo que era cada uno, por respeto éramos un grupo, pero no estaba el cien por cien puesto ahí, porque todos queríamos agradar al resto. Creíamos que ser un grupo significaba sacrificarte y dejar que entraran cosas en las canciones aunque no nos gustaran, cuando la realidad es otra y consiste en anularte y dejar sólo las cosas que realmente gustan a todos”. Con esta premisa, el quinteto se encerró en los estudios IZ, en el País Vasco, con la intención de dotar a sus composiciones de una nueva dimensión sónica marcada por la austeridad y el verismo. El trabajo previo a la grabación –“maquetas llenas de cosas con mucha producción”, según admiten- no distaba mucho de “Ultrasónica”, pero durante las sesiones, dice Fon, las canciones fueron despojándose de elementos poco a poco. “Queríamos algo más austero a la hora de terminar las canciones y por eso todos esos elementos se han ido quedando fuera. Creo que el hecho de haber grabado todo en directo ha propiciado que las cosas que se han quedado al final lo han hecho porque tenían que estar ahí. Incluso hay errores, errores que en ´Ultrasónica´ no existían, pero de esta forma se han mantenido las esencias de cada tema, porque si fallábamos repetíamos todo, todos. Creo que también hace que sea más creíble en el caso de las voces, porque no importaba tanto que las palabras estuvieran perfectamente dichas, sino que estuvieran llenas de significado. Era más importante la figura del narrador que la del afinador” Un hallazgo en el que algo tuvo que ver el gaditano Suso Sáiz, veterano músico y productor que tras su trabajo con artistas tan dispares como Los Planetas, Madredeus, Aute o Esclarecidos, parece haber dejado una impronta indeleble en los de Vigo. “Hubo momentos -asegura Iván con emoción mientras mesa sus zapatos, los mismos, juraría, que calzaba durante las sesiones fotográficas de su anterior disco- en los que tocábamos y tocábamos y no sonaba ni para atrás. Y decíamos ´¡Menuda mierda de canción tenemos, tocamos como el culo… esto es tan simple que hay que meterle más cosas!´… pero llegaba Suso y nos decía: ´No… tócala… tócala bien. Cuando la toquéis todos bien, sonará´. Y así era. De repente eso que no sonaba bien, con esa batería tan cruda, con sólo un par de micros o las guitarras a pelo, empezaba a sonar. No buscábamos que sonara bien la batería, simplemente nos poníamos a grabar otra vez, pero no hubo que pinchar mucho las canciones, salvo la voz. De hecho las voces se han grabado varias veces, pero también del tirón.

“En España los que venden son los de siempre, los que se llevan los premios, el dinero, las giras, todo, siempre son los mismos… es la hostia”

Esa era la magia, eso era lo que empezaba a pasar. En realidad lo que nos ha pasado es que ahora estamos en primero y ha venido a darnos clase uno de quinto y nos hemos dado cuenta de que la carrera mola un montón. Es como si fuera nuestro primer disco”. Pero es el sexto, no nos engañemos, y resulta difícil imaginar cómo pueden encajar en su repertorio piezas tan afortunadamente alejadas de su presente como “El mundo de Wayne”, “Si ella dice” o “Te echaré de menos”; aunque Iván parece tenerlo claro, una vez más. “Para las canciones antiguas tenemos el mismo planteamiento. Yo ya no voy a preocuparme como antes en si voy justo de voz o si estoy medio afónico y creo que Fon tampoco se va a obsesionar con que su guitarra no suene bien en la prueba de sonido. Antes si salía mal un concierto era porque lo externo andaba mal, pero era mentira. Las canciones son siempre distintas, dependen del momento que atravieses. Si ahora veo que no llego o que estoy afónico ya me buscaré otra nota. En el momento en que pierda el miedo a hacerlo mal siempre podré interpretar. Habrá interpretaciones buenas, mediocres y malas, pero al menos se intentó y fue de verdad. Recuerdo estar tocando sin ningún tipo de gana; lo digo honestamente, ha habido conciertos en los que no estábamos bien, pero no queremos que eso suceda más”. A mí tampoco me gustaba que sucediera lo que sucedía en ese momento: que el tráfago promocional se llevara por delante una fluida conversación en la que, por fortuna, no había tenido que recurrir ni una sola vez a mi cuestionario. Y menos lleg

Un comentario
  1. That’s an apt answer to an intnsertieg question

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